Cuando ya están definidas siete de las ocho selecciones que lucharán por el título en la Serie Nacional de Béisbol, los aficionados de Granma se centran en analizar las causas de la debacle de su equipo, que terminó el torneo con el peor paso posible, nada menos que con 11 derrotas seguidas, récord negativo para la franquicia.
Muchos se ilusionaron después de que el 10 de diciembre los Alazanes noquearan a Matanzas en el primer duelo de la subserie, que los colocó con balance de 30-30, cerca de la zona de clasificación, pero luego sobrevino una catástrofe impensada: cuatro fracasos seguidos frente a los Cocodrilos, dos ante las Avispas de Santiago, dos frente a los Huracanes de Mayabeque, igual cantidad ante Industriales y uno más ante el conjunto indómito, una seguidilla que finalmente los envió al lugar 12.
Los pupilos de Marcos Fonseca López no lograron esta campaña un buen rendimiento en ninguno de los tres indicadores fundamentales del juego: su bateo, que se suponía el renglón más fuerte, nunca estuvo entre los primeros del campeonato y concluyó con promedio de 284, noveno del certamen.
Al hacer un análisis serio y desprejuiciado no se puede pasar por alto que Alfredo Despaigne, líder en jonrones de la pasada justa (20), que además bateó 378 de average e impulsó 59 carreras, apenas jugó en esta temporada (solo 82 comparecencias) y ese factor incidió mucho en la merma ofensiva del conjunto.
Tampoco deberíamos obviar que los Caballos sufrieron otras ausencias respecto a 2024, en el que terminaron con la medalla de bronce. No contaron con Raico Santos (394, 7 HR, 40 CI), ni con Guillermo García (302, 6 HR, 25 CI) y apenas tuvieron en sus filas al lesionado Darián Palma (335, 6 HR, 47 CI). De modo que no fue “el mismo equipo”, como suelen repetir algunos.
De todos modos, aun sin esos jugadores de nivel, el elenco parecía tener para mucho más desde el punto de vista ofensivo. ¿Era el noveno lugar en el bateo el que le correspondía a los Alazanes? No lo creo, como muchos.
El pitcheo tampoco consiguió buenos números. Concluyó con promedio de carreras limpias de 5,42 y su whip fue de 1,71; es decir, se situó en el onceno puesto en ambos departamentos.
Solo César García Rondón tuvo un desempeño meritorio, con seis victorias, dos derrotas y un promedio de 2,06 por cada nueve entradas, aunque vale aclarar que Juan Danilo Pérez (4-3 y 3,26 de PCL) y Yurisén Blanco (4-0 y 3,74) no lo hicieron mal como relevistas.
Sin dudas, el cuerpo de serpentineros se resintió los vacíos que dejaron Lismay Ferrales, máximo ganador de los granmenses en la pasada campaña (8), y de Leandro Martínez (6).
Aun sin esos brazos, los Caballos no lucían con un staff para lograr solo 30 éxitos, como sucedió ahora. Nadie hubiera imaginado, por ejemplo, que Yunier Castillo (3-9) y Sammy Benítez (2-8) apenas aportaran en conjunto cinco victorias.
En cuanto a la defensa, que estuvo bien durante una parte de la competencia, cayó mucho en el último tramo, al punto de descender al onceno lugar, con un pobre 966 de promedio y 87 errores.
Cuando los granmenses mejoraron ese aspecto en la campaña 2016-2017 pudieron alzarse con su primera corona. Por eso siguieron trabajando fuerte en los años siguientes y llegaron otros títulos ¿Se habrán descuidado este año sabiendo que hipotéticamente tenían artillería potente?
Sobre ese tema y otros expuestos en estas líneas, sobre los aspectos vinculados con los debates de las peñas deportivas… vendrán los análisis, seguramente. Ya opinaremos al respecto. Pero en cualquier caso sería oportuno trazar una estrategia profunda y coherente, multifactorial, para que los Alazanes vuelvan a luchar por otro campeonato.
