Camilo Cienfuegos: Impronta de su pensamiento revolucionario

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 6 febrero, 2026 |
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Las acciones heroicas protagonizada por Camilo Cienfuegos son siempre un recuento necesario para conocer la carga de abnegaciones y sacrificios que empeñó en función de la libertad y felicidad de su pueblo.

Patria, pueblo y Revolución no fueron conceptos abstractos en su quehacer revolucionario. Los enlazaba dialécticamente, consciente de su unidad intrínseca, percibiendo que uno no podría vivir sin el otro.

De ahí la importancia de ahondar en los pensamientos que le impulsaban a seguir adelante, a pesar de los mortales peligros y las riesgosas misiones que cumplió como parte de la estrategia trazada el Comandante en Jefe Fidel Castro para alcanzar la victoria.

Es necesario mirar su vida como un todo, no solo lo anecdotario, captar su sonrisa y gozar con sus bromas, sino aprisionar también sus ideas y conceptos sobre las trasformaciones económicas, políticas y sociales del país, capturar el por qué de sus luchas, es decir, las causas que movieron sus acciones, su mentalidad creativa y hondamente popular y socialista.

LA PRÉDICA DE MARTÍ

Desde el comienzo de su historia, el 6 de febrero de 1932, hace 94 años, sobresalió por su inteligencia y dedicación al estudio.

Desde la enseñanza primara le gustaba leer los libros de Historia de Cuba y conocer de las biografías de Céspedes, Maceo, Gómez, Agramonte y Martí, entre otros dirigentes independentistas. Los viernes, en los espacios denominados Besos de la Patria, leía composiciones sobre los próceres y recitaba versos de Martí, sobre todo los Versos Sencillos.

Leía a otros poetas como Bonifacio Byrne, cuyo poema Mi Bandera se lo aprendió de memoria; a Nicolás Guillén y Manuel Navarro Luna.

El joven que se fajaba a los puños contra los esbirros de la tiranía batistiana, el que recibió heridas de balas en las huelgas obreras y estudiantes, tenía la convicción de que destruir la tiranía de Batista era el deber de aquella generación.

Por eso, en una entrevista para la revista Bohemia, subrayaba: “Fui a la Revolución porque sabía, estaba muy consciente de que Cuba necesitaba de esa Revolución, que Cuba necesitaba no solamente de la caída del dictador, sino que Cuba necesitaba de esta Revolución que hoy tenemos, para que en Cuba algún día hubiera justicia social…”

Estuvo entre los que recogieron el mejor legado de luchas patrióticas del siglo XIX para hacer la revolución social. En tal sentido, apuntaba: “El proceso revolucionario actual, donde el alma, el corazón y el coraje de nuestra generación se ha entregado a la causa de la libertad, no es más que la continuación de la gesta libertaria, iniciada en el 68, continuada en el 95 y frustrada durante la República”.

En la primera trinchera de ideas colocaba la prédica luminosa de Martí: “…A todos nos guía un solo pensamiento, el pensamiento martiano. Ese pensamiento y esas ideas martianas que son las que marcaron las pautas para lanzarnos en armas”.

Y, como para que no hubiera dudas de esa continuidad histórica, aseveró: “Los ideales de liberación, de justicia social, política y económica por las cuales murió nuestro Apóstol, son las razones de nuestra lucha”.

LA GESTA GUERRILLERA

Integró la expedición del yate Granma, la cual arribó por Los Cayuelos, en la costa del municipio de Niquero, el 2 de diciembre de 1956. Tres días después, peleó en el combate de Alegría de Pío, donde el destacamento tuvo un doloroso revés. Estuvo entre los pocos expedicionarios que escalaron la Sierra Maestra y se reencontraron con Fidel Castro en Cinco Palma.

Por su valor y méritos ganó el honroso puesto de la extrema vanguardia, tejiendo la colosal historia del Señor de la Vanguardia. Era el primero en descubrir el peligro y salvar a la tropa. Era el primero en lanzarse contra el enemigo, con la pujanza de los bravos.

Fue un excelente organizador de unidades guerrilleras en la Sierra Maestra y los llanos del Cauto. Llevó la invasión al norte de Las Villas, como émulo de Gómez y Maceo en 1895. Para consolidar el triunfo revolucionario fue designado por Fidel para entrar en La Habana y tomar el campamento militar de Columbia, la principal guarida armada de la dictadura.

Sin perder los objetivos de la lucha, el 18 de octubre de 1958, desde Las Villa decía en carta a su hermano Osmany Cienfuegos: “Más tarde voy a necesitarte, habrá mucho trabajo, tendremos la oportunidad de hacer grandes cosas, no la de tirar tiros; eso lo hace cualquiera, aunque es indispensable. Tenemos que hacer las mismas cosas que se han hecho en la Sierra y otras más…”

Y le agregaba a continuación las posibilidades que brindaba el programa revolucionario: “… podrás ver realizados en una pequeñísima porción de tierra cubana tus viejos sueños de libertad aparejados con las otras libertades que nunca hemos tenido… La vida nada importa, si yo caigo otro tomará el mando de la tropa y ésta seguirá adelante”.

De su papel significativo en la guerra de liberación, donde dio lo mejor de sí al ideal de la libertad, escribió Ernesto Che Guevara: “Camilo fue el compañero de cien batallas, el hombre de confianza de Fidel en los momentos difíciles de la guerra y el luchador abnegado que hizo siempre del sacrificio un instrumento para templar su carácter y forjar el de la tropa…”.

REVOLUCIÓN: ¡VENCER O MORIR!

En discursos e intervenciones reafirmaba que luchaba con todas sus fuerzas para que el pueblo de Cuba viviera con plenos derechos, con todas las garantías de una gozosa vida ciudadana. Por supuesto, felicidad alcanzable en una tierra libre y soberana.

Esa fidelidad a los principios revolucionarios los esgrimía una y otra vez: “No es necesario decir aquí hasta donde va a llevar Fidel Castro la Revolución cubana, esa Revolución irá hasta sus límites finales, esa Revolución irá hasta la meta trazada, esta Revolución ‒como en los días de la guerra‒ solo tiene dos caminos: Vencer o Morir…”.

Ante las amenazas y agresiones de los Estados Unidos, exhortaba a mantener la firmeza de los sagrados ideales revolucionarios. En su labor de concientización de las masas planteaba: “… no piensen los enemigos de la Revolución que este pueblo se va a detener; que no piensen los que envían los aviones, que no piensen aquellos que tripulan los aviones que vamos a postrarnos de rodillas y que vamos a inclinar nuestras frentes”.

Y seguidamente sentenció: “De rodilla nos pondremos una vez y una vez inclinaremos nuestras frentes y será el día que lleguemos a la tierra cubana que guarda 20 mil cubanos, para decirles: ¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no salió en balde!”.

Le preocupaba profundamente la unidad del pueblo en torno a la Revolución y sus dirigentes. Hizo suya la premisa de que sin unidad no podía alcanzarse el triunfo. Así, llamaba a la fusión de todos los trabajadores, a unirse cada día más todas las distintas partes del pueblo. Optimista expresaba: “En la unidad está la verdadera consolidación de la Revolución y de la libertad que hoy disfrutamos…”.

Confiaba en la obra indestructible de la Revolución, al calor del entusiasmo del pueblo. Además, anunciaba que no podía haber divorció entre las ideas martianas y la práctica revolucionaria, entre las leyes y los anhelos del pueblo.

La impronta de Camilo Cienfuegos resalta como un bravo soldado de la patria, lealtad sin límite a Fidel Castro y la consagración a la Revolución socialista.

Sin dudas, Camilo Cienfuegos brilla como un revolucionario íntegro, honesto a carta cabal, consciente de que luchaba por una causa justa, con madera de un legítimo socialista.

FUENTES: Ernesto Che Guevara: Pasajes de la guerra revolucionaria (1963); William Gálvez Rodríguez: Camilo: Señor de la vanguardia (1979); Guillermo Cabrera Álvarez: Camilo Cienfuegos. El hombre de mil anécdotas (1984); Rolando Castillo Montoya: Hombres y proezas de Camilo (1999); y Fernando Díaz Martínez: Camilo: un huracán de fuego y amor (2012)

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