Fátima Patterson: «El cariño de mi pueblo no se compara con nada»

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Por Granma | 12 febrero, 2026 |
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FOTO/ Granma

Fátima de la Caridad Patterson Patterson es «una santiaguera reyoya, nacida en la barriada de Los Hoyos y en el seno de una familia pobre, descendiente de esclavos, pero no miserable».

A Granma lo recibió en su casa, «la víspera de mis 75 años, que celebro con una alegría inmensa, porque es una fecha para agradecer esta vida de matices, de etapas y de recuerdos que no puedo dejar de llevar a la escena».

Los que la conocen saben que no pocos personajes y obras nacieron de su propia historia, «especialmente Ropa de Plancha, inspirada en mi madre, una lavandera que se levantaba bien temprano para lavar y se acostaba bien entrada la noche, luego de planchar; al igual que muchas cubanas de aquella época, en la que eran muy pocas las posibilidades de superación.

«Mi madre me concibió ya pasados los 40, tras una visita de la Virgen de Fátima a Santiago, a la que prometió que si tenía una hija le pondría ese nombre, y que de ser varón lo nombraría Fátimo, eso fue en 1950 y al año siguiente nacía yo».

A su padre, Mario Patterson, «un trompetista bien bohemio que tuvo 17 hijos y muy amigo de Pacho Alonso y Benny Moré debo el amor al arte; él fundó la Orquesta Oriental e incluso me compuso el danzón Si Fátima, que fue incluido en el primer fonograma grabado en los entonces recién estrenados estudios de la Egrem».

En su primera juventud, la Patterson quería ser vedette, «y un amigo mío me dice que lo he sido en las tablas: donde se canta, se baila, se cuenta y se mueven los sentidos».

En no pocas representaciones navideñas y de Semana Santa había mostrado su histrionismo, que se consumó luego del alumbramiento de su hija, «a la que llamé Consuelo, y que también es actriz. Mi madre me preguntó qué yo iba a hacer, y a los pocos días, en el periódico Sierra Maestra, vi una convocatoria para un curso de formación de actores para Tele Rebelde; me presenté, y lo aprobé».

Luego de su incursión en la Televisión se sumó al entonces Conjunto Dramático de Oriente, «que devino en el Cabildo Teatral Santiago, por la propia naturaleza de lo que hacía: un teatro muy popular, volcado hacia las calles, inspirado en los estudios del prestigioso investigador José Antonio Portuondo del llamado teatro de relaciones.

«Ahí gestamos lo que sería el Festival del Caribe o Fiesta del Fuego, que era inicialmente el Festival de las Artes Escénicas de Origen Caribeño, con el teatro y la danza como protagonistas».

Durante 55 años de trabajo ininterrumpido, la Premio Nacional de Teatro 2017 ha encarnado a personajes como la Negra de Barco, y la Elena de Réquiem por Yarini; «como directora y dramaturga he versionado mucho esa obra e interpretado a La Jabá en la posvida, el enfrentamiento a todos los personajes de Yarini después de la muerte».

En 1992 funda el Estudio Teatral Macubá, «Madre Cuba –como le llamaban a Santiago hasta finales del siglo XIX–, porque el Cabildo no se dividía, sino que se multiplicaba en otros proyectos que, como el Macubá, trascendieron a las más remotas comunidades», buscando las esencias culturales de la nación cubana.

En su prolífera obra ha compartido escena con Dagoberto Gaínza, Nancy Campos y actores de otras latitudes, «pero mi arraigo a Santiago siempre ha dominado mi existencia, las motivaciones que tengo me deslumbran, y aseguro haber tenido el reconocimiento aquí que tal vez no hubiera tenido en otro lugar. He sido acreedora de muchos premios y distinciones, incluso en otros países, pero el cariño de mi pueblo es el mayor reconocimiento».

Ser Maestra de Juventudes le impone acompañar a nuestros artistas noveles en el conocimiento «de quiénes somos y hacia dónde vamos, con la premisa de qué les toca hacer; tenemos que compartir los saberes entre todas las generaciones».

A estas alturas de la vida, «solo quiero seguir robusteciendo a Macubá y su unidad artístico-docente, a la que cariñosamente llamo nuestra escuelita, y los entrañables vínculos con la Universidad de Oriente; tampoco cesa mi anhelo por la superación, incluso estoy cursando una maestría en Cultura Comunitaria, porque nunca se deja de aprender. Y que la vida me dé tiempo para dar más».

Para Fátima, llegada a los 75 años, solo hay una inconformidad, «no haber interpretado a la protagonista de Santa Camila de La Habana Vieja; aunque pudiera ser, en alguna versión, porque mientras hay vida hay esperanza». Al tiempo, nos anuncia su más entrañable petición: «la unidad del pueblo cubano, dentro de su diversidad, por encima de todo. La Patria es una y todos nos debemos a ella».

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