Matanzas.- (ACN) De Gilberto Subiaurt López recuerdo aquella mirada brillante, como si los ojos lloraran de emoción al referirse al teatro y a esa otra pasión atrapada entre cámaras y guiones, una frase suya inspiró e inspira el andar:
“Los sueños van delante y los pies los siguen, los sueños no se pueden abandonar”. Guardo aún esa foto junto a Subiaurt y el recorte de periódico donde intenté abrigar en unas líneas la entrega y el compromiso que lo acompañaban siempre, regresa a la memoria entonces aquel agradecimiento cariñoso del guajirito capaz de soñar alto y grande.
Hablaba con orgullo de su procedencia humilde, de las historias habaneras, de su hermano médico, y las ansias de llegar algún día a depositar alegrías, tristezas, dolor, amor y pasión en las tablas, como tanto imaginó el niñito crecido en una finca del municipio de Unión de Reyes.
El teatro, confesó en aquella ocasión, es la especialidad, la excelencia de principio a fin, pues en él existe esa libertad gestual y expresiva que acentúa cada movimiento y emoción, mientras en el set todo es más neutro y el resultado solo se logra apreciar al aire.
Su sensibilidad y humildad lo hicieron merecedor del cariño del público que lo disfrutó en puestas como Condenados, Polvo y Promesas, así como también en la pantalla chica desde la telenovela Viceversa donde interpretó al entrañable Leonardo.
Los personajes siempre parten de uno, al contar con la memoria emotiva propia y los sentimientos de quien lo asume, contó el actor de Teatro Icarón durante aquel encuentro sostenido hace unos años en Ediciones Vigía con la adolescente emocionada al conocer a una estrella.
Ahora que la muerte se impone la nostalgia invade, porque la cultura en la Atenas de Cuba despide no solo al actor querido, sino al señor que con su sola presencia llenaba de luz, mientras en las calles de esta urbe lo detenían con la certeza de contar con el abrazo y la foto guardada por muchos.
