El proyecto sociocultural comunitario itinerante la Guerrilla de Teatreros reafirma su compromiso de llevar arte y alegría a las zonas rurales de Granma. Ante la compleja situación del país, el grupo emprendía una gira, de nueve días, en bicicleta.
En el Parque de la Luz, ubicado en la calle Céspedes, inicia, hoy, el recorrido por Pompita, trayecto que incluye escalas en El Dátil, La Pupa, Tamayito, Santa María, El Almirante, El Contri, hasta terminar en Los Cayos.
La gira está dedicada al centenario del Comandante Fidel Castro Ruz, y a los aniversarios 34 del proyecto y 65 de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
Las actividades cuentan con un repertorio amplio para todo tipo de público. Magos, payasos, obras de títeres y canciones infantiles para los niños. Los adultos, por su parte, disfrutarán de pantomimas, solistas y el sexteto del grupo musical Sabor a Cuba.
El Maestro de Juventudes René Reyes Blázquez, director y fundador del proyecto, destaca la adaptación de las obras a espacios abiertos y la selección de propuestas con gran relevancia social: “El espectáculo contará con diversas manifestaciones y este año llevaremos un trabajo muy actualizado de las dificultades que vivimos, del autor holguinero Onelio Escalón”, adelantó.
Reyes Blázquez también recordó que en sus espectáculos de cada año el verdadero protagonista es el público, y que buscan crear un ambiente para que los espectadores se sientan parte de la experiencia artística y cultural que la Guerrilla de Teatreros se esfuerza por ofrecer.
LEGADO DE COMPROMISO CULTURAL
La idea de este grupo surgió para contrarrestar la situación que Cuba enfrentaba en 1992, por la carencia de recursos para hacer una buena reproducción artística.
Entonces, René convocó a los artistas en Granma a conformar la Guerrilla, y así salieron a las montañas con objetivos muy concretos y firmes: ofrecer actividades culturales a los lugares más apartados y de difícil acceso, en la Sierra Maestra.
Desde su fundación, el proyecto lleva a cabo sus programas de acción y de convivencia en condiciones de campaña, que de cierta manera recuerdan las que protagonizaron los guerrilleros del Ejército Rebelde.
A partir del 2002, se consolidó como grupo artístico que aúna a miembros de diferentes manifestaciones. Cuenta con 28 integrantes, entre músicos, actores, trovadores, magos, solistas y personal de apoyo, quienes actúan varias veces al año en escenarios improvisados.
Una larga lista de reconocimientos avala su arte natural y genuino. Ostentan, entre otros premios, el internacional Somos Patrimonio (2003), del centro cultural Convenio Andrés Bello; el nacional Abril (2000); el de los Comités de Defensa de la Revolución y Cultura Comunitaria (2005); y la Condecoración Juan Marinello, que otorga el Sindicato de Trabajadores de la Cultura.
“Pero el premio más lindo es el reconocimiento que hace la familia campesina a nuestro trabajo. Esa es la razón de nuestro trabajo, tratar de hacer la vida de nuestros espectadores un poco más placentera y amena”, expresó Reyes Blázquez.
HISTORIAS DE RESILIENCIA
La Guerrilla de Teatreros también está en constante evolución, adaptándose a nuevas realidades. A medida que crecieron como artistas, de igual manera lo hicieron sus métodos y enfoques. Mantienen el compromiso con la comunidad de buscar soluciones ante las adversidades.
Según su fundador, antes de cada gira realizan investigaciones para comprender las problemáticas locales en esas comunidades a visitar: “Recopilamos la mayor cantidad de hechos, sucesos y situaciones muy actualizadas, y llevamos esos problemas, pero representado de manera ilustrada al teatro con obras adaptadas, principalmente a la comedia”, señaló.
Lo que comenzó como una iniciativa para descentralizar el arte, se convirtió en un pilar de la vida cultural para muchas familias campesinas. Hoy, su misión sigue intacta, pero las circunstancias actuales exigen de una mayor adaptabilidad.
Raúl Fajardo Pacheco, administrador del proyecto, explicó que a pesar de la falta de recursos mantienen la misión: “Ahora los desafíos que teníamos se han recrudecido. Nos afecta la carencia de combustible. Los retos son grandes, pero hay voluntad de luchar contra esos obstáculos y dificultades. Buscamos la manera de no rendirnos”.
El grupo está dispuesto a utilizar cualquier medio disponible para llegar a su público: “A caballo, a pie, en bicicleta, en lo que se pueda vamos, para cumplir con las comunidades, sobre todo, con los niños. A pesar de todas las limitaciones, vamos a seguir trabajando”, afirmó Fajardo Pacheco.
EL APOYO DEL PUEBLO CAMPESINO
En tiempos complejos, el grupo se caracteriza por llevar alegría al corazón de las familias cubanas, a las del campo, alejadas de las ciudades y sin acceso a espacios culturales, ellas dependen de iniciativas como las suyas para experimentar la magia del teatro.
Vladimir Guerra Rodríguez, actor, conocido por su papel del payaso Turrón, planteó que para llegar al público la técnica es partir de que vean al payaso como un mediador en las actividades y que los niños realmente son los que llevan la voz principal a la hora de la función.
“Hago la conducción de una manera muy diáfana, hacemos un cuento, una jarana, un poema, una décima, con el fin de que el público se relaje y disfrute”, subrayó.
El teatro convencional ofrece un entorno controlado, con luces, sonido y un público dispuesto a disfrutar; sin embargo, en las comunidades rurales puede ser imprescindible con distracciones o interrupciones, “es complicado, porque en el teatro se tienen las condiciones y en las comunidades no es así, a veces, varias causas imposibilitan que el desarrollo de la actividad sea lo más concreta posible.
“Pero con los años se va adquiriendo la experiencia, tratamos, sobre todo, de llegarle al público, siempre pensando en una propuesta interesante. Generalmente, la gente de las comunidades va donde está la Guerrilla, a reírse y a olvidarse de los problemas, entonces se le lleva algo de humor y comedia”, comentó.
Las personas esperan con ansias la llegada de la Guerrilla. El proyecto actúa como un grupo artístico, portador de alegría y esperanza. El compromiso se mantiene cada año. Se convierte en un acto de resistencia cultural y una celebración de la vida misma, en medio de los desafíos cotidianos.
