Henry Reeve uno de los jefes mambises más talentoso, valiente y honorable

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 4 abril, 2026 |
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El joven norteamericano Henry Reeve con apenas diecinueve años dejó atrás la ciudad de Brooklyn, en los Estados Unidos, lugar donde había nacido el 4 de abril de 1852, para unirse a la causa independentista cubana.

Era empleado de un banco en su ciudad natal, cuando conoció de la lucha que libraban los cubanos por liberarse del coloniaje español.

Movido por los sentimientos antieslavistas y liberales que albergaba decide ayudar a independizar Cuba.

Llego a Cuba por la costa norte de la región oriental a bordo del vapor “Perrit” con la expedición del General Thomas Jordan muy identificado con los anhelos de emancipación de los cubanos y desde ese momento su vida estuvo dedicada a la independencia de un país al que dedicó todo su empeño, donde se convirtió en general de brigada del Ejército Libertador.

Ese día sostuvo el primer encuentro con el enemigo y cinco días más tarde fue su bautismo de sangre en la propia región de desembarco.

El 20 de mayo los expedicionarios tuvieron un encuentro con el enemigo en “El Canalito” y poco después el combate de “La Cuaba”, cerca de Holguín, donde se vieron obligados a retirarse hacia “Las Calabazas”.

Reeve cayó prisionero el 27 de mayo de 1869, junto a otros combatientes, y sometido a la pena de fusilamiento en masa. Los cuatro impactos de bala que recibió durante la ejecución no fueron mortales, por lo que logró escapar.

Participó en los combates de Tana, Imías y La Jagua. En marzo de 1871 pasó a subordinarse directamente al mayor general Ignacio Agramonte, en la caballería camagüeyana. El 28 de mayo de 1871, después de haber sido herido en Hato Potrero y de combatir en La Entrada y El Mulato, participó en el rescate del entonces general de brigada Julio Sanguily.

Los combates de “El Plátano”, La Redonda, “San Ramón de Pacheco”, “San Tadeo”, “La Matilde”, “Sitio Potrero”, “Las Yeguas”, “La luz, Atadero” y “Santa Cruz del Sur” supieron de su ímpetu arrollador.

Apoyó con fuego la trocha de Júcaro a Morón para facilitar el paso del contingente invasor con Máximo Gómez al frente hacia Las Villas.

Reeve quedó al mando de las fuerzas en Camagüey, pero poco tiempo después solicitó al gobierno que le permitiera participar en la invasión. Después de autorizado, pasó a Las Villas para incorporarse a las fuerzas de Máximo Gómez, quien lo nombró jefe de la segunda división que abarcaba a la jurisdicción de Cienfuegos y el Occidente.

Sobre Henry Reeve, Máximo Gómez escribiría:

“Reeve es de un carácter puramente militar, une a un valor probado, una rectitud y seriedad poco comunes en su modo de mando. De ahí que sus soldados a la vez de un respeto profundo le quieren como un padre. Sus mejores hombres son negros (…)”.

Era 4 de agosto de 1876 y en desigual combate, ordenó la retirada, y mientras cubría a su tropa recibió primero una herida en el pecho y después otra en la ingle.

Derrumbado de su caballo, recibió otra en el hombro y cuando el enemigo mató su caballo sin el cual no podía valerse, su ayudante le ofreció otra bestia pero la rechazó ordenándole que se retirara porque lo iban a matar.

Solo siguió defendiéndose con un machete en la mano y en la otra un revólver hasta que, acabadas las fuerzas y las municiones, se dio un tiro en la sien derecha para no caer vivo en manos del enemigo.

Al morir contaba con 26 años de edad de los que dedicó siete de su juventud a la causa de la libertad de Cuba. Participó en unas 400 acciones combativas, de las que en 10 resultó herido.

Tras su caída en combate, un grupo de patriotas cubanos escribirían a la madre de El Inglesito:

Movido de sus generosos impulsos, pisó estas playas, joven y fogoso legionario de la libertad, sin más títulos que su ardoroso entusiasmo y su firmísima resolución de luchar por la independencia de Cuba, a la que desde entonces adoptó y amó como su patria.

Hoy Cuba recuerda al Inglesito como un héroe cubano y como un soldado en la patria que lo adopto como un hijo.

 

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