
Este miércoles es el día del Clásico Mundial para Cuba. Es el último juego del grupo A, con Canadá de rival, en un partido inédito en estos torneos, y en el cual los dos equipos están obligados a ganar, a fin de pasar a la segunda ronda.
La Mayor de las Antillas vuelve a tener su esquema de pitcheo del pasado 6 de marzo, con Liván Moinelo de abridor, y un cuerpo de relevistas encabezados por Yariel Rodríguez; a nuestro juicio Yosimar Cousín, si la molestia en su mano de lanzar no persiste; Yohan López; y el supersónico Raidel Martínez para cerrar.
Moinelo, como ya sabemos, fue el jugador más valioso en la Liga profesional japonesa. Ganó 12 y perdió tres, con promedio de carreras limpias por juego (PCL) de lujo: 1,46; 172 ponches en 167 entradas y galáctico Whip de 0,92.
Canadá le confiará la apertura del decisivo duelo a otro también zurdo, Cal Paul Quantril, actualmente pitcher de los Rangers de Texas en la MLB, pero con amplia trayectoria en ese beisbol.
Ha lanzado en 187 encuentros, con 47 victorias y 46 derrotas, con un promedio de carreras limpias por juego de 4,35; en 836 innings y dos tercios acumula 262 ponches y un aceptable Whip de 1,33.
Viene de una última temporada muy discreta: en 26 desafíos venció en cuatro y cayó en 12; tuvo pobre efectividad (6,04) y en 117 capítulos retiró por la vía de los strikes a 85. Su reciente paso, hace solo unos días, por los juegos de entrenamiento de primavera, fue más pálido: salió airoso en una salida y perdió la otra, con un despreciable 15,75 de efectividad y un ponche en cuatro episodios.
A Quan, como lo llaman, Cuba tiene que salir a batearle en aras de anotar las carreras que permitan multiplicar el dominio de su mejor propuesta de pitcheo.
El conjunto adversario es el mejor Canadá que van a enfrentar los caribeños en su larga historia de duelos con el país de la hoja de Maple.
Taylwr Oneil, Josh y Bo Naylor, Denzee Clarke y el prospecto Owen Caissie son sus hombres claves en pos de alcanzar una victoria que le daría su primera incursión en una segunda fase en clásicos mundiales.
Para Cuba es vital superar su anemia ofensiva, en un torneo que es eminentemente de pitcheo y defensa, y que su montículo se presente tan alto como el Turquino.
