Iris Betancourt, la investigadora granmense que asumió un reto científico de Fidel

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Por Redacción La Demajagua | 20 febrero, 2026 |
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FOTO/ CNC TV Granma

La memoria científica de Granma tiene  entre sus nombres indelebles el de Iris Betancourt Téllez. Su trayectoria, que abarca más de dos décadas en la docencia y otras tantas en la dirección de proyectos clave en el territorio, está marcada por un momento fundacional: su encuentro con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en 1992, un hito que definió el rumbo de su vida profesional.

En el contexto de la creación de los Polos Científicos en Cuba en la década de 1990—estrategia concebida para integrar el conocimiento académico con el sector productivo—, la provincia aún no había definido su estructura. Fue el propio Fidel quien, durante un intercambio con la entonces Ministra del Citma, Rosa Elena Simeón Negrín, trazó en un papel los programas que asumiría el territorio. Para sorpresa de Iris, su nombre aparecía en esa ecuación.

“Me designaron como coordinadora. Fue algo inesperado”, recuerda Betancourt Téllez. Meses después, en un taller de experiencias, Fidel preguntó por el estado del Polo en Granma y, sobre todo, por ella. “Me puse de pie para que me viera. Fue un momento breve, pero inolvidable y significativo”, relata a la corresponsal del periódico Granma en el territorio, Anaisis Hidalgo.

Ese acontecimiento marcó un antes y un después. Años más tarde, al asumir la dirección del Centro de Investigaciones Dimítrov y sentir el peso de la responsabilidad acumulada, planteó a la ministra la posibilidad de delegar la coordinación del Polo. La respuesta de Simeón fue clara: por respeto a Fidel, debía consultarlo directamente con él. “Me dije: ¡qué va, por nada del mundo! Lo haré hasta que me jubile. Era un compromiso personal con el Comandante”, afirma al medio de prensa nacional.

Quienes han trabajado con ella la definen como “mujer de Estado y de pueblo”. Su liderazgo, forjado en el terreno y la cercanía con técnicos y agricultores, se nutrió de un profundo sentido de pertenencia. Betancourt no solo dirigió instituciones, sino que dedicó 22 años a la docencia, una labor que valora tanto como sus cargos directivos.

“He guiado a mentes más brillantes que la mía y he formado a generaciones de cuadros más preparados que yo. Eso me enorgullece”, confiesa con una modestia que no oculta la firmeza de su convicción.

Hoy, aunque la jubilación ha llegado, su vínculo con la ciencia en Granma no se ha roto. Como especialista del Citma, asesora a los nuevos directivos que crecieron bajo su tutela. Su mirada sigue puesta en el futuro.

“Lo que se ha hecho es poco en comparación con lo que falta”, sentencia.

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