Jacinto, un alto en la colina

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Por Eugenio Pérez Almarales | 10 abril, 2026 |
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FOTO/ Eugenio Pérez Almarales

De lejos, cualquier juicio sobre una persona puede ser erróneo e injusto; sin embargo, si se acerca a conversar con Jacinto Gutiérrez Medina en uno de esos  vertederos que proliferan ante el déficit de combustible, se sorprenderá por sus respuestas.

“Yo nací en la calle 26 de Julio, entre Lora y Figueredo, en el año 1950”,  cuenta, orgulloso de su origen, y añade que vive en el reparto Roberto Reyes, de Bayamo.

-Veo que usted está regularmente recogiendo materia prima en los vertederos, le comento.

– Sí…, porque estoy recuperando, porque -en sí- lo que me pagan de chequera… no satisface mis necesidades en la vida, explica. “Es la verdad”, dice, y la última frase llega en voz baja.

-¿Y con lo que recoge, puede vivir mejor?

Jacinto, como respuesta, prefiere la historia:

-Yo reciclé cuando el Gobierno de Batista, y vivíamos de eso. Vendimos hasta hueso, en la huesera que estaba ahí por la antigua panadería de Arturo Albi, que todavía existe; La caridad, antes era; ahora le dicen La Calidad.

-¿Y usted, qué recoge hoy?

– Bueno…, latas, aluminio, cobre, bronce…, botellas de ron, de Cubay, de Habana Club, de 500 y de 700 (mililitros); de Mulata, de 500 y 700, y me las paga el Estado a cinco pesos, pero bueno, me topo gente por ahí que me contratan y se las vendo a 10 “varos”, con tapa y todo, y bien limpias, para envasar puré…

-Oiga, hay personas que se refieren a ustedes como “los buzos” y lo hacen de manera despectiva.

-Ah, sí.  Pero no, no, yo estoy ahí… Y por sus gestos, leves, adivino que no le agrada tal calificativo.

-En mi familia hay quien dice, “¡Ay, no sigas en eso que pueden pensar que tú lo que estás es recogiendo algo para comer!” ¡Pero yo nunca he pensado recoger nada para ingerir, ni nada de eso! ¡Qué va! No, no. Yo me lo busco (el dinero) ahí, trabajando, luchado y guapeado.

-Las laticas de cerveza y de refresco que veo que las recoge mucho, ¿dan resultado, dan negocio?

– Sí, sí, ¡cómo que no!; si el kilogramo es a 40 (pesos) y el promedio es de 74 o 75 latas por kilo…

-¿Cuánto, más o menos, usted ha ganado en un mes, recogiendo esas latas?

-Bueno, yo he ido a la tienda a llevarlas tres o cuatro veces al mes, y me he empatado con siete mil, ocho mil, nueve mil pesos. También he vendido aluminio, ollas, jarros, que yo los he reciclado.

-¿Alguna recomendación?

-Bueno, yo sugeriría como recuperador de materia prima que, a la verdad, sinceramente: muchos pomos los están importando de China y de otros países, y se están perdiendo en los vertederos.

“Se están perdiendo, simple y llanamente, en los vertederos. Yo no entiendo esto. Los pomitos de 15 mililitros y de 30, los veo en las cajas que dicen Made in China, contrato tal…  Yo me he fijado en todo eso, yo soy curioso.

“Y, sinceramente, a mí me duele que se pierdan esos pomos -y los de 85 mililitros, porque tampoco los están recuperando-. Están recuperando los de 60, 120 y 240, los demás… están olvidados.

-Y sobre las botellas plásticas…

-Bueno, esas también, pero hay que llevarla a Siboney, a Camilo Cienfuegos y a Roberto Viejo (se refiere a repartos de Bayamo).

-¿Qué tipo de botellas?

-Las de malta Guajira y cerveza Parranda.

-¿A qué precio?

-La de litro y medio a 12 pesos y las demás a seis. La de 500 (ml) a seis. No sé las de estas que son de menos,  de 330, no sé a cómo las están pagando.

Con más de 70 años sobre sus hombros, aunque se mantiene fuerte y útil, Gutiérrez Medina quisiera que le fuera más fácil entregar las materias primas que guarda en su vivienda y que el país necesita.

Expone que a tal propósito podría contribuir a la recogida en las cuadras, previa coordinación y concentración de los recursos en sitios de fácil acceso.

-Nuestro interlocutor baja la voz, como si fuera a confiarnos un secreto:

-Estoy loco por vender esas botellas… para sacarles  utilidad… y para comer.

Y lo dice, seguramente, pensando en los precios de los alimentos, que no paran de subir, sin que quienes los fijan piensen en las personas como él, a las que sus ingresos no les dan para vivir.

Mientras regresa a la colina de basura, Jacinto nos asegura que recoger materias primas no denigra a nadie, que es cosa de personas inteligentes. Y creo que tiene razón.

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