
José Agustín Caballero y Rodríguez de la Barrera es conocido como uno de los más importantes representantes de la Ilustración Reformista criolla desde los finales del siglo XVIII y principios del XIX. Falleció en el año 1835 un 6 de abril. Hoy se cumplen 191 años.
En el Seminario de San Carlos cursó estudios de Filosofía, así como se graduó de Bachiller en Artes y años después en Teología.
A partir de ese momento se inició como profesor de Filosofía en el Seminario. Laboró en la introducción de métodos más modernos en la enseñanza. Años después, en 1878, culminó sus estudios de Doctor en Teología y formó parte de una nueva generación de reformistas criollos.
Colaborador del Papel Periódico y de la Real Sociedad Patriótica de Amigos del País y miembro destacado de la Sociedad Económica, fue uno de los primeros en criticar el régimen esclavista.
En sus escritos reflejó la preocupación por el atraso de Cuba en materia de educación, ciencia e ilustración. Abogó por la reforma y la libertad de la enseñanza en la Isla, así como por la impartición de la lengua materna.
Ha sido calificado como “el primer revolucionario que hubo en Cuba”, avalado por su continua lucha por la reforma de la enseñanza superior.
Además, de su labor en la Filosofía, trabajó en numerosas facetas que formaron su vida de hombre culto, que abarcaron desde la educación, la historia y la economía, hasta su preocupación por la profundización de los estudios científicos, pasando por la teología, el periodismo, la crítica literaria y la doctrina de carácter moral.
Se distinguió como crítico literario y de costumbres, notable latinista y orador.
Miembro destacado de la Sociedad Económica Amigos del País, auspició numerosos proyectos de instrucción pública gratuita y fue uno de los primeros en criticar el régimen esclavista, al considerar a “la esclavitud la mayor maldad civil que han cometido los hombres.
Al decir de Félix Varela, discípulo suyo, a José Agustín Caballero lo distinguían la dignidad, ″su alma grande y generosa″, y su pensamiento original, voluntad y carácter optimista y emprendedor.
Al asumir la herencia histórica y cultural que le legaron sus antecesores, José Martí expresó del padre Agustín: «El sublime Caballero, padre de los pobres y de nuestra filosofía, había declarado, más por consejo de su mente que por el ejemplo de los enciclopedistas, campo propio y cimiento de la ciencia del mundo el estudio de las ciencias naturales.»
