
Líder del movimiento comunista en el antiguo municipio Bayamo y ardiente defensor de los derechos de los trabajadores cubanos frente a los abusos de la patronal capitalista, José Nemesio Figueredo Barrero ganó el aprecio y la admiración del pueblo.
Nacido el 5 de agosto de 1911, en la Colina Yamagüeyes, en áreas del central Francisco (hoy Amancio Rodríguez), en Las Tunas, desde niño se trasladó con la familia a Manzanillo y, luego, a la finca Jardín de Miradero, propiedad de Francisco Vidal, en el barrio de Cayamas, en el otrora municipio Bayamo.
Cursó estudios primarios hasta el cuarto grado y, desde la adolescencia, trabajaba en el campo. En 1931, encontró empleo como obrero industrial en el central azucarero de Río Cauto, sobresaliendo entre la masa trabajadora por su sentido crítico y capacidad organizativa.
Las luchas obreras y campesinas fueron sus coordenadas políticas, ingresando en el Partido Socialista Popular (PSP); y, en 1942, asumió como secretario general del Sindicato de obreros del ingenio. Más tarde resultó electo concejal del Ayuntamiento Municipal de Bayamo.
Enfrentó, además, las agresiones de la administración, el divisionismo en las filas obreras, los traidores del movimiento sindical y los atropellos de la guardia rural.
LUCHAS POPULARES Y REIVINDICACIONES
Desde comienzos de octubre de 1944, las luchas obreras, en Río Cauto, subieron de temperatura, ante reclamos de los trabajadores: aumento de salarios, descanso retribuido, la firma del convenio colectivo con la patronal, y la ayuda a la Unión Soviética y a otros pueblos que luchaban contra el fascismo.
Llevar adelante esas demandas implicaba desafiar al sindicalismo amarillo, a los rompehuelgas de la patronal, a las amenazas de la guardia rural y a los cetekarios -quienes, como Eusebio Mujal se vendieron a los intereses de las patronales- saqueaban los sueldos de los trabajadores.
El 13 de enero de 1948 movilizó a los obreros para el pago del diferencial azucarero, que les proporcionaría altos ingresos, bajo la consigna El ocho por ciento de diferencia en la punta de la mocha.
A causa de los paros, la zafra azucarera no pudo comenzar en la fecha programada, obligando a la administración del central a negociar con los dirigentes sindicales. Pero, primeramente, ensayaron la presión y la violencia mediante la guardia rural, compinche de la burguesía y los terratenientes.
Por eso persiguieron y detuvieron a José Nemesio, a Pausídes Estrada, dirigente del PSP de Bayamo, y a los combativos Juan Luis Montero, Eduardo Nueva, Ángel y José Sacramento Espinosa, y a Manuel Suárez, entre otros.
Además, la reacción burguesa clausuró los sindicatos obreros, impidiéndoles la celebración de sus reuniones. Así regresaba la persecución contra dirigentes obreros y comunistas.
En esta escalada de violencia, la patronal del central agredió brutalmente a Ismael González, provocándole graves lesiones, antes de ser encerrado en el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, donde falleció horas después.
José Nemesio era la muestra más evidente de firmeza de los trabajadores, porque discutía las demandas con la administración. Por ello fue nuevamente apresado y enviado al Vivac de Santiago de Cuba (antigua cárcel, cuyo edificio trascendió por su forma y carácter arquitectónicos de la época).
Finalmente, la administración logró que la zafra comenzara el 19 de enero de 1948. Dos semanas después, el 6 de febrero, en ausencia de José Nemesio y otros dirigentes sindicales, funcionarios del Ministerio de Trabajo, acompañados de la guardia rural, ocuparon las oficinas del sindicato en el central y sus colonias. Pero, a pesar de atropellos y violaciones, la lucha no se detuvo.
GOLPIZA SINIESTRA
La división en las filas obreras también provocaba constantes enfrentamientos entre los unitarios, encabezados por José Nemesio Figueredo, y los cetekarios o amarillos, plegados a Mujal y a la burguesía.
El 10 de abril de 1950, los dirigentes sindicales amarillos realizaron una asamblea para informar sobre la distribución de la superproducción. En esta, afloró la necesidad de un comité para reclamar el pago por la producción intensiva, eligiendo a Figueredo como presidente.
En la mañana del día siguiente fue ventilado el asunto con la patronal, la que dispuso el pago oportuno de la justa demanda. Pero José Nemesio no pudo reunir a los trabajadores para informarles la nueva medida, porque el inmueble estaba cerrado y en los contornos permanecían apostados algunos miembros de la guardia rural.
Cuando lo dirigentes unitarios entraron y los cetekarios abrieron las puertas de la oficina, salieron, como una jauría, unos siete guardias rurales dando plan de machete a diestra y siniestra. José Nemesio fue uno de los más golpeados, al punto de caer al suelo.
Contra él se ensañaron dos guardias, recibiendo más de 30 planazos por todo el cuerpo. La espalda le quedó en carne viva y la columna vertebral dislocada.
Una vez perpetrado el acto criminal, los uniformados se marcharon y a José Nemesio lo llevaron al puesto médico. De urgencia hubo que trasladarlo a Santiago de Cuba, pero debido a la afectación en la columna vertebral, quedó prácticamente inválido.
La justicia de turno justificó el atropello como un asalto al sindicato obrero por parte de Figueredo y sus seguidores. Por tanto, recibió la condena de pagar 50 pesos por daños y prejuicios, al igual que otros compañeros de lucha.
LOS AÑOS FINALES
Sin apenas poder moverse por las lesiones, siguió asesorando en la lucha contra el capital. Derrotado pero no vencido, sacaba fuerzas para derribar a los dirigentes traidores y amarillos.
De igual manera, su casa se convirtió en una escuela de estudios políticos para la preparación ideológica y cultural de los trabajadores. Muchos llegaban hasta él en busca de orientaciones; mientras, los niños del barrio encontraban en el carismático dirigente a un maestro cariñoso y sabio.
La invalidez seguía avanzando y, en enero de 1954, la alta dirigencia del PSP logró su ingresó en el Hospital quirúrgico Calixto García, de La Habana. Los especialistas diagnosticaron destrucción parcial de la columna vertebral y que ya no podía ser operado.
El tratamiento médico siguió en el Hospital civil Saturnino Lora, de Santiago de Cuba. Allí organizó dos actos de carácter social, nucleando a los enfermeros y a otros empleados para el reclamo de mejores salarios, por lo que fue expulsado de la institución.
Los síntomas de la invalidez se hicieron más agudos, provocando su muerte el 19 de febrero de 1958, en Río Cauto. Ese desenlace fatal consternó a cientos de obreros y campesinos, los que enviaron mensajes de condolencias a sus familiares.
Pero su nombre fue levadura para las continuas batallas contra la opresión y la explotación capitalista. Además de ser destruida la tiranía de Batista, la Revolución puso en marcha numerosas medidas de beneficios para el sector obrero, raíz y razón de las luchas de José Nemesio Figueredo.
Como reconocimiento a su intensa labor por el bienestar del pueblo trabajador, en agosto de 1960, y con la nacionalización del central azucarero de Río Cauto, la asamblea de trabajadores -de manera unánime- acordó que la industria llevara su nombre.
