
Un consejo de guerra español condena a muerte por fusilamiento al patriota cubano Ramón Leocadio Bonachea, general de división del Ejército Libertador y a cuatro de sus compañeros.
La sentencia es ejecutada el 7 de marzo de 1885, en los fosos del castillo del Morro de Santiago de Cuba, hace 141 años.
Bonachea se destacó por su oposición a la esclavitud y al régimen colonial imperante en la isla, ganando fama de rebelde.
Participa en el levantamiento armado de los camagüeyanos el 4 de noviembre de 1868, y recibe el grado de Teniente en reconocimiento a su trabajo en la etapa de preparación del alzamiento y por la actitud mostrada en el ataque a Guáimaro, bajo el mando de Augusto Arango, con quien combate también en Ceja de Bonilla.
Tiene una participación activa en varios combates significativos durante toda la contienda independentista.
Se sumó a las tropas de Ignacio Agramonte y fue uno de los 35 jinetes que participa en el rescate del brigadier Julio Sanguily.
Herido en la Batalla de las Guásimas, alcanzó altos grados en el Ejército Libertador, y sobresalió por su aguda agudeza y bravura en el combate.
El 10 de febrero de 1878 rechaza la firma Pacto del Zanjón y su respuesta es el establecimiento de un centro de operaciones a ambos lados de la Trocha de Júcaro a Morón, que abarca las regiones de Remedios, Sancti Spíritus, Trinidad, Morón y Ciego de Ávila.
Se afirma que llega a cruzar en 13 ocasiones, la Trocha de Júcaro a Morón considerada entonces por los españoles como infranqueable.
En esa etapa alcanza el grado de Teniente Coronel y posteriormente de Coronel.
Realiza varias acciones en la región, entre ellas: Morón, hacienda El Rubio, Ciego Potrero, Vereda del Caballo y potrero La Ceiba, en las que con menos de 100 hombres mantuvo en jaque continuo a una gran cantidad de tropas españolas.
El 10 de noviembre de 1878, el mayor general Calixto García, quien se encontraba en Nueva York al frente del Comité Revolucionario Cubano, le confiere el grado de General de Brigada.
La Protesta de Jarao, escenificada el 15 de abril de 1879 en Hornos de Cal, Sancti Spíritus, por el coronel Bonachea, se inscribe en la historia como un gesto de hidalguía y honor sin límites, donde se reiteraba el espíritu de libertad de los cubanos; similar a la protagonizada por Antonio Maceo, en Mangos de Baraguá.
Bonachea constituía un estorbo para los intereses de pacificación en la Isla por parte de España, sin embargo la metropoli aceptó ciertas condiciones que dejaban en duda su condición de vencedora.
La primera de estas condiciones fue hacer una cita en la comarca espirituana de Hornos de Cal, Jarao, en la cual públicamente el rebelde mambí suscribió un acta de gran valor histórico, en la que hizo constar…
«…De ninguna manera he capitulado con el Gobierno español ni con sus autoridades ni agentes, ni me he acogido al convenio celebrado en el Zanjón, ni con esto me hallo conforme bajo ningún concepto (…)”.
Ante la victoria moral de Bonachea: España tuvo que ponerle un rufián y alfombra de honor al héroe y facilitarle un barco de guerra, el Don Juan de Austria, para que saliera desde Tunas de Zaza hacia Jamaica, con su esposa, hijas y algunos de sus compañeros de epopeya.
Los hacendados trataron de entregarle unos 20 000 pesos, más 10 000 pesos puestos por los españoles. No tocó ni un centavo, pidiendo que fuera repartido entre sus hombres. Incluso, no partió hasta que el Gobernador General le entregó un comprobante de que no había recibido cantidad alguna.
De su constancia permanente en aras de libertad José Martí expresó de Bonachea:
“El hombre de Hornos de Cal no tiene igual entre los que protestaron de la paz —del Zanjón—. Con menos recursos que Maceo, menos prestigio, menos ascendiente, persistió por más tiempo en un gesto supremo y no arrojó nunca un ápice de sombra sobre aquella figura que no cede ni ante la hazaña estupenda de Baraguá”.
