Juan Antonio Veloso: compromiso con la energía y el pueblo

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Por Denia Fleitas Rosales | 19 enero, 2026 |
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FOTO/ Denia Fleitas

Escalar a las alturas es un placer no solo para alpinistas, también para hombres que desafían la electricidad en “caliente” y realizan hazañas admiradas por quienes sienten la ausencia del servicio eléctrico.

Juan Antonio Veloso Serrano es uno de esos escaladores. Él sabe equiparar entre la adrenalina y el riesgo del ascenso, y la responsabilidad con el deber. Los 32 años en estas faenas de subir a la cúspide de los postes y asir las líneas de alta tensión para resarcir daños y devolver la vitalidad a los servicios eléctricos le convierten en uno de los más experimentados dentro del colectivo de la Unidad Empresarial de Base Manzanillo, perteneciente a la Empresa Eléctrica Granma.

“Recuerdo cuando hice el curso. Me fui enamorando del trabajo, del riesgo, de la dinámica en la calle, en los lugares a los que llegamos, de ver la satisfacción de las personas cuando se le pone el fluido eléctrico.

“Desde el momento en que montamos en un carro para salir a trabajar, ya estamos bajo riesgo; cuando colocamos la escalera en un poste, nos ponemos las espuelas, los patines, con lo que se vaya a escalar. Desde que pasas de dos metros se corre un peligro de caída de altura; también el de golpeado por elementos que se desprendan del poste, de aplastamiento, de quemaduras por contacto eléctrico, o muerte. Todos esos van implícitos en el trabajo.

“Además, es una labor que se realiza bajo presión, porque cuando desarmamos una línea o vamos a reparar, tenemos la conciencia que debemos terminar para darle servicio al cliente. La sensación que ambas provocan no son limitantes, más bien un impulso al saber que de ello depende que los manzanilleros aprovechen las horas de servicio al máximo”.

Nunca imaginó el giro de su vida cuando en el natal Santiago de Cuba eligió estudiar y se graduó como Técnico medio en Termoenergética en el año 1991. Las primeras faenas en la Central de generación Antonio Maceo, Renté, avivaron el impulso para la ascensión.

“Mis padres lloraron al conocer mi decisión; ellos sabían la amenaza. Pero yo elegí, y he crecido con cada categorización hasta llegar a ser jefe de brigada energizada, que asumo hoy a mis casi 54 años.

“Es apasionante cada ejecución, aunque todas son arriesgadas: desde los permisos de trabajo para atender las quejas en la guardia eléctrica, las vías libres con líneas frías protegidos con equipos de tierra, el permiso especial en caliente para acciones menores como abrir grampas en las líneas vivas, y puentes con el uso de los guantes de cuatro mil, los cambios de aislamiento, hasta la atención directa a las líneas de 33 mil y 110 mil voltios que conectan con los restantes municipios”.

Herramientas certificadas, procedimientos avalados, son sus aliados. “Nosotros somos capaces de cambiar un poste de 33 mil sin quitar la corriente, pero siendo metódicos y con precisión, fieles a las normas escritas. Donde va un tornillo de 5/8, hay que poner un tornillo de 5/8, porque si lo haces mal representa peligro para la vida de la población, para la instalación como tal y para el sistema electroenergético”.

Las suyas y las de sus colegas son hazañas anónimas, que se alcanzan en el marco de carencias y limitaciones materiales por el férreo bloqueo económico impuesto a Cuba. “No obstante, las acometemos. Y sólo nos confiamos de la capacitación de los operarios, del nivel de compenetración, comunicación y sincronización entre cada compañero del equipo”.

En las destrezas de los ocho integrantes de su brigada también está la mano de Veloso. “En todo tiempo estamos aportándole lo útil, para que adquieran pericia, y enseñándoles puntualidad, respeto, obediencia, valiosas para la acción en el terreno”.

Electrificaciones de comunidades, restablecimientos de redes y servicios dañados por los vientos y lluvias de huracanes, se incluyen en su trayectoria, que suma 18 años desde Manzanillo. “Nosotros somos internacionalistas en la propia tierra.

“Recuerdo el paso del Sandy por Santiago, que destruyó mi casa, donde vive mi hermana. Pero cada uno de ellos te toca la fibra sensible. Tal vez miramos las líneas, los postes, los transformadores destruidos y decimos: no nos vamos de aquí. Sin embargo, la conmoción también nos da ánimo para ayudar, trabajar sin descanso, y recibir luego como premio el agradecimiento de las personas que brindan incluso lo que no tienen, que aún habiendo perdido todo te regalan la sonrisa, un traguito de café y la ayuda de sus manos”.

“Este es un trabajo sacrificado, porque se hace bajo la lluvia, bajo el sol, en el fango, desafiando adversidades. Pero espiritualmente complace por servir a las personas, al hermano, al país. Por ello, siempre predomina en nosotros el orgullo de decir que somos linieros cubanos, porque el nuestro es un compromiso con la energía que nos une y el pueblo”.

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