
La lucha contra bandidos tuvo para nuestro país una trascendencia político-militar, social y simbólica, además de lo que significó en el fortalecimiento de la naciente Revolución.
Para Juan Díaz Santana, haber sido uno de sus protagonistas es un orgullo. A sus 94 años revela cómo se sumó a esa causa, allá por 1961: “Al llamado de Raúl Castro, asistí; yo tenía 30 y tantos años y estaba en la escuela de la milicia en Santiago de Cuba”.
Con la memoria que conserva, a pesar del inevitable paso del tiempo, comenta sobre su estadía en las montañas del Escambray: “Llegamos al lomerío, donde rápidamente sufrimos una baja, pero conseguimos acabar con el bando enemigo”.
El residente en la comunidad de El Ciruelo, en Pilón, expresa con vehemencia sus posteriores pasos en la limpia del Escambray: “En La Herradura logramos eliminar a los bandidos mediante una emboscada, incluida una mujer”.
También, recuerda, con tristeza, los horrores de los alzados: “Quemaban casas de campesinos que se negaban a colaborar con ellos, violaban mujeres y niñas, asesinaban, torturaban. Eran criminales, pero hicimos justicia”.
Las condiciones en las que vivían los milicianos no eran las mejores. Además, debían estar siempre al pie de combate, pero Díaz Santana dice haberse sentido bien: “Nunca dejamos de comer, pero nos tocó estar un mes sin bañarnos por falta de tiempo; dormíamos en hamacas o en el suelo”, rememora.
De traiciones y hazañas estuvieron colmadas esas montañas: “Allí había un campesino que mantenía un grupo de alzados, les daba comida y los informaba, y un compañero nuestro nos traicionaba, así que pedí autorización para capturar a los bandidos sin tirar una bala; hablé con las hijas del campesino y les hice creer que estaba en contra de la Revolución, y así pude emboscar y apresar al grupo de bandidos”.
El también militante del Partido recuerda que Boquerones era un lugar muy pobre, pero con el programa de la Revolución Fidel Castro propició algunas condiciones para sus habitantes, al garantizar educación, salud y cultura, además de una mejor calidad de vida.
También de solidaridad se llenó el Escambray. Por aquella zona, donde permaneció alrededor de seis meses, Díaz Santana celebró su cumpleaños, recibió innumerables muestras de fidelidad y aprecio de los campesinos, que les brindaban apoyo y provisiones.
Por estos lares, igualmente, luchó contra pequeñas manifestaciones de bandidaje. Y luego de atraparlos, Raúl Castro Ruz los entrevistó: “Les preguntaba uno a uno por qué se habían alzado, muchos respondieron que oyeron decir que el Gobierno iba a quitarles sus hijos, la finca y los animales, a lo que Raúl contestó dándoles dinero para invertir en sus siembras”.
El productor de ganado mayor revela que nunca dudó en participar en cada convocatoria, porque dejaba todo en manos de familiares y asistía sin vacilar.
Juan aportó todo lo que pudo a la Revolución, por lo que mereció varios reconocimientos, entre los que sobresale la Medalla conmemorativa 60 Aniversario de las FAR. Ninguna misión de las innumerables que asumió resalta tanto como haberse integrado a la Lucha Contra Bandidos. Por eso, confiesa sentirse realizado.
