Juan Manuel Márquez: la dignidad y la acción

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Por Aldo Daniel Naranjo (Historiador) | 15 diciembre, 2025 |
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El nombre de Juan Manuel Márquez está asociado indisolublemente al pensamiento y la acción  del Partido Ortodoxo, fundado por el adalid santiaguero Eduardo Chibas, y con el Movimiento 26 de Julio, creado por el abogado y héroe del Moncada, para la luchar esforzadamente contra la dictadura de Batista.

Admirador de su ejemplar conducta revolucionaria, Fidel declaraba: “Juan Manuel Márquez era un muchacho muy bueno, era del Partido Ortodoxo, de las figuras jóvenes, un orador brillante, y como cuando nosotros salimos de las prisiones teníamos la idea de ampliar el Movimiento con nuevas figuras, reunimos a los que habíamos estado en el 26 de Julio con algunas otras organizaciones…”

Dada la comunidad de ideas y proyectos, integró la jefatura de la Revolución y acompañó a Fidel en su recorrido de unidad y recogida de fondos por los Estados Unidos y en los preparativos de la expedición armada en México.

Destacando los méritos de su compañero, asesinado tras el desembarco de la expedición del yate Granma, el Líder de la Revolución subrayaba: “Juan Manuel Márquez que tenía ya una larga trayectoria política, revolucionaria, sana; un compañero muy bueno, muy competente, era el segundo jefe del Movimiento. Juan Manuel es un compañero que debe recordarse”.

EL ÉPICO DESEMBARCO DEL GRANMA

Para la lucha antibatistiana y la unidad de las fuerzas revolucionarias, Fidel otorgó a Juan Manuel Márquez la condición de segundo jefe del Movimiento 26 de Julio. Una vez organizada la expedición del yate Granma, asumió  como jefe de Estado Mayor, con el grado de capitán.

El destacamento expedicionario tuvo que arribar por Los Cayuelos, en Niquero, a las 6: 00 de la mañana, del domingo 2 de diciembre de 1956. Aunque exhaustos por la larga travesea, tuvieron que avanzar entre un tupido manglar y áreas pantanosas hasta alcanzar tierra firme.

Sin haber sostenido combates con fuerzas de la tiranía, desde ese domingo, los partes del Ejército divulgaban ficticias acciones combativas, donde daban por muertos a Fidel y Raúl Castro, Juan Manuel Márquez y Faustino Pérez.

EL REVÉS DE ALEGRÍA DE PÍO

En la mañana del miércoles 5 de diciembre, los expedicionarios llegaron a un monte cercano a los cañaverales de la colonia de Alegría de Pío, a 17 kilómetros al sur-sureste del poblado de Niquero.

No se podía seguir avanzado por temor a ser detectados por la aviación. Los revolucionarios se acomodaron y otros entraron al cañaveral a cortar la dulce gramínea.

A las 4: 30 de la tarde los atacó una compañía batistiana, formada por unos 140 efectivos. Los combatientes se defendieron durante media hora. Los intentos de Fidel y Juan Manuel de establecer una defensa organizada no se pudo lograr. En contra tenían las adversas condiciones del terreno para una defensa y la candela dada por los militares del régimen al cañaveral para obligarlos a salir. Entonces se creó un estado de confusión, el cual produjo la dispersión de hueste patriótica.

El revolucionario Universo Sánchez Álvarez, del pelotón de Raúl Castro, contaba: “Juan Manuel convenció a Fidel de que debíamos retirarnos al igual que nuestra gente y comenzamos a marcharnos paralelamente a los soldados hacia un montecito que había cerca”.

El avance lo realizaban unas veces a pasos rápidos y otras a rastras. Delante marchaba Fidel, luego Márquez y detrás Sánchez. Sin embargo, cuando trataban de alcanzar un segundo montecito, Juan Manuel quedó rezagado.

Fidel pidió a Universo que saliera a buscarlo. A gatas lo hizo por entre las malezas, pero no dio con él. Lo llamó varias veces pero no tuvo respuestas. Regresó junto a Fidel y le dio la lamentable noticia de que Márquez había quedado solo detrás.

Después de haber disparado sus balas contra los batistianos, Juan Manuel se alejó de Alegría de Pío. A ciencia cierta no se sabe todavía los parajes por dónde anduvo. Lo que si demostró fue sagacidad para burlar durante varios días las postas de los militares del régimen, los que cubrían todos los caminos.

CAPTURADO Y TORTURADO

El sábado 15 de diciembre, a las 3: 00 de la tarde, al deambular  por la zona de Las Palomas  se cruzó con el campesino Ignacio Fonseca  Rodríguez. Andaba con las ropas echas jirones y el cuerpo con cicatrices provocadas por las espinas. A pesar de su débil estado físico le preguntó por el camino para llegar a la Sierra Maestra.

El guajiro le indicó un trillo, pero enseguida corrió a Mameycito, donde vivía el guardia rural Francisco Moreno, a informarle de la presencia en la zona de uno de los hombres llegados con Fidel en la expedición armada. Sabiendo que andaba desarmado y en pésimo estado corporal, salieron a buscarlo.

Lo encontraron  entre un matorral en Estacadero, a 13 kilómetros del poblado de Niquero. Allí lo hicieron prisionero y le despojaron de su reloj y una cartera.

Luego lo llevaron hasta la cercana casa de Manuel Matamoros, donde se identificó: “Yo soy Juan Manuel Márquez  y soy abogado”. La esposa de Matamoros, María Josefa Pérez, le dio a ofreció agua para beber y lavarse un poco. Después le sirvió boniatos  y carne de res.

En todo momento Juan Manuel mantuvo su entereza y dignidad. El guardia Moreno le preguntó a qué había venido y respondió: “Nosotros vinimos a defender una causa”.

Más tarde fue conducido a Juba del Agua, donde estaba una fuerza mandada por el teniente Mario de la Cal Herranz, quien lo reconoció por haber sido condiscípulos el Instituto de Mariano. Pero el militar nada hizo para preservarle la vida.

Por teléfono La Cal informó al capitán Caridad Fernández, jefe del Escuadrón  no. 12 de la guardia rural de Manzanillo, de la captura de Juan Manuel Márquez, ya dado por muerto en los partes de la tiranía desde el mismo día del desembarco del yate Granma.

El sanguinario Caridad, apodado por el femenil Cachita, no tardó en llegar, acompañado de tres soldados. Entonces lo montó en su jeep y salió rumbo a Niquero. Pero no llegaron a ese cuartel, sino que el chofer, por orden de Cachita, dejó la carretera y avanzó unos 45 metros dentro de la finca La Norma, a 12 kilómetros del citado poblado.

Tan pronto lo bajaron del carro le vejaron y golpearon hasta hacerlo sangrar. Los garrotazos lo derribaron y cobardemente le anunciaron su pronta muerte. Fue tanta la golpiza que lo dejaron por muerto a orillas de un cañaveral.

El capitán Fernández se dirigió al puesto militar de San Ramón, donde ordenó al sargento Valdés ir a enterrar un muerto en La Norma.

El jefe del puesto de San Ramón montó en una camioneta, acompañado del soldado Celso Modesto Torres González y los guardias Arnaldo Jiménez Jiménez y Pitágoras Ferros Cámbara. Además, subió al joven Blas Antonio López Vega, un ayudante de la cocina del puesto, a quien ordenó llevar un pico y una pala.

EL CRIMEN ESPANTOSO

Todavía Juan Manuel Márquez estaba con vida, pero sin poder moverse. A Blas A. López le dieron la orden de cavar una fosa junto al cañaveral, a la derecha. El revolucionario se quejaba de las heridas y golpes recibidos.

Una vez que el muchacho informó que el hueco estaba concluido, le ordenaron: “Sal de aquí, después te alcanzamos”. Desde la cama del  vehículo, cuyas luces estaban encendidas, el joven vio arrastrar el cuerpo hasta el borde del hoyo. Fue entonces que Celso Torres le realizó un disparo con el revólver en el cuerpo y dos en la cabeza.

Así, de manera sádica los sicarios del régimen acabaron con la vida del ilustre abogado y dirigente revolucionario. Había cumplido el 3 de julio anterior 41 años de edad.

El relato del asesinato de Juan Manuel Márquez merece algunas rectificaciones históricas: que el capitán Fernández dejó al revolucionario casi muerto en la finca La Norma; y que los disparos que acabaron con su vida los hizo el soldado Celso Modesto Torres.

EL MÁS DEVOTO HOMENAJE

El 24 de abril de 1959, durante su estancia en Nueva York, Fidel Castro pronuncio un discurso en el Parque Central, donde recordó la vida revolucionaria de Juan Manuel Márquez: “…al hablar aquí hoy, mi pensamiento se eleva hacia aquel que fue mi compañero de organización del Movimiento 26 de Julio en el exilio; mi pensamiento se eleva a quien fue compañero de esta jornada; mi pensamiento se eleva a aquel orador formidable; a aquel compañero que hacia poner de pie a la multitud, con su palabra vibrante: Juan Manuel Márquez”.

Manifestó que no estaba presente físicamente, pero la obra que había iniciado la vivían todos; vivía en el recuerdo y en los frutos de su sacrificio.

En bellas palabras agregó: “Juan Manuel Márquez, a ti debeos dedicarte hoy el mejor recuerdo, el más devoto recuerdo y el más sentido homenaje, porque aquí está tu compañero que siguió la lucha, aquí está tu compañero que te recuerda y te echa de menos”.

LA ACLARACIÓN DEL CRIMEN

Durante muchos años se desconoció el real destino de Juan Manuel Márquez. Pero la verdad se fue abriendo paso poco a poco. El testigo ocular, Blas Antonio López, vecino de San Ramón, en 1987 decidió hablar a pesar de la mortal amenaza que pendía sobre él: “Si dices algo de esto, te la arrancamos”.

El investigador histórico y cartógrafo Otto Hernández Garcini, de la Oficia de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, contaba: “El joven, que lo presenció todo escondido detrás del yipi, fue testigo excepcional de aquel crimen y mediante su testimonio pudo reconstruirse”.

El investigador encontró una causa ventilada en Manzanillo, donde estaban involucrados tres de los asesinos de los expedicionarios. Uno había sido condenado a muerte, pero los otros dos, por diversas irregularidades cometidas en el proceso, quedaron en libertad al ser sobreseída la causa.

Para juzgar a los culpables el crimen de La Norma se abrió la Causa no. 14 de 1987. Con el deber cumplido Otto Hernández subrayaba: “Profundicé en el hecho y logré que estos individuos que pensaban haber burlado la justicia, pagaran por sus crímenes”.

FUENTES: Fernando Inclán Lavastida: Apuntes biográficos de Juan Manuel Márquez (1982); Pedro Álvarez Tabío: Diario de la guerra. Diciembre de 1956-febrero de 1957 (1986); Heberto Norman Acosta: El retorno anunciado (2011); Pilar Quesada González: Mártires del Granma. Por siempre inmortales (2011); Juan Soto Valdespino: Mártires del Granma (2012); Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado: La epopeya del Granma (2016).

 

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