Cuando atravesamos la frontera de las dos décadas, rumbo a la grave ocupación de convertirnos en adultos, a veces nos frecuenta una pregunta ¿Disfrutamos o consagramos nuestra juventud, esa irrecuperable etapa dorada?
Me encantaría adivinar qué pensó acerca de tal angustia existencial, ineludible definición de nuestra única vida, Julio Antonio Mella, asesinado antes de conocer la estación de los 26 años.
Quizás ni le dedicara un segundo a esa reflexión, un tanto metafísica, pues debía atender inmensas urgencias; además, supo arder como pocos y aprovechar cada instante. Pudo amar, en todas las vertientes de esa palabra, y también enfrentó los monstruos de su tiempo.
Con solo 22 primaveras sembró una flor que reverdecería la inhóspita pradera, cuando lideró, junto al incansable luchador Carlos Baliño, la fundación del primer Partido Comunista de Cuba. Dos hombres que entendieron la edad como una mera ilusión, ante el deber de entregarse a los supremos propósitos.
Lo sacrificó todo, incluso la posibilidad de culminar su carrera, cuando lo expulsaron de la casa de altos estudios de La Habana en el curso 1925-1926, tras sostener una discusión con el profesor de Legislación Industrial Rodolfo Méndez Peñate.
Mella lo encaró en defensa de su esposa Olivia Zamora, pero en realidad su actitud iba más allá, pues luego denunció, en misiva al Consejo de la institución educativa, «la férrea red que envuelve a los estudiantes y al pensamiento renovador en la Universidad». Y añadió: «He aquí lo único que busco. Más que un título de Doctor, que nada va a quitar ni añadir a mis conocimientos, tengo orgullo en recibir la carta notificándome mi separación».
Poco le importaban la toga de lujo en una República de miseria y los saberes egoístas, por eso los convirtió en una fuerza de cambio, a partir de la revista Alma Mater, la Federación Estudiantil Universitaria, el Movimiento por la Reforma y la incorporación del proletariado a la Universidad Popular José Martí, en cumplimiento de aquella máxima del Apóstol: «Ser culto es el único modo de ser libre».
Sufrió la crueldad de los contrarios e incomprensiones de los suyos, pero las circunstancias nunca lo alejaron de la lucha y la llevó adelante en México, incluso integró el Buró Político de su Partido Comunista e intentó una expedición armada para liberar la Isla.
La mayoría de las fotos lo muestran muy serio, con la intransigencia propia de quien decidió pelear con los gigantes de su época, pero también sonreía cuando lo ameritaba la vida ¿Disfrutar o consagrarse? Él trascendió ese dilema y nos enseñó el verdadero significado de la juventud.
