La Avellaneda, Tula, La Peregrina o sencillamente Gertrudis

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 23 marzo, 2026 |
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Gertrudis Gómez de Avellaneda nació el 23 de marzo de 1814 en Puerto Príncipe, Cuba fue una dramaturga y poeta cubana-española considerada una de las escritoras románticas más importantes del siglo XIX y una de las más grandes poetisas.

Tula o La Peregrina, como igualmente se le conocía, fue fundadora, directora y redactora principal de la revista quincenal habanera Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello ideada en defensa de las ideas de la mujer insular, a la que incentivó para que ejerciera la labor periodística.

La Avellaneda siempre profesó un extraordinario amor por su patria natal. Esa devoción trasciende en uno de sus poemas más conocidos y conmovedores: Al partir, en el que además se evidencian sus magníficas dotes como poetisa a través de la utilización de los recursos líricos:

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!/ ¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo/ la noche cubre con su opaco velo, / como cubre el dolor mi triste frente. / ¡Voy a partir!… La chusma diligente, / para arrancarme del nativo suelo/ las velas iza, y pronta a su desvelo/ la brisa acude de tu zona ardiente. / ¡Adiós, patria feliz, edén querido!/ ¡Doquier que el hado en su furor me impela, / tu dulce nombre halagará mi oído!/ ¡Adiós!… Ya cruje la turgente vela/ el ancla se alza… el buque, estremecido, / las olas corta y silencioso vuela.

En 1836 la familia decide establecerse en España, y acompañada por su hermano Manuel, se radica en Sevilla.

A partir de 1840 la escritora se instala en Madrid y comienza un periodo de fecunda actividad literaria. Entre 1840 y 1846  da a conocer parte de su producción poética  publica novelas -Sab (1841),  una de las mejores obras en la abolición de la esclavitud. Dos mujeres (1842-1843), Espatolino (1844), Guatimozín (1845)-, artículos de costumbres -La dama de gran tono (1843) y leyendas La baronesa de Joux (1844)-; estrena en 1844 los dramas titulados Munio Alfonso y El príncipe de Viana y en 1846, Egilona. Son los años donde se consolida su prestigio literario.

Participa en las veladas literarias del reconocido Liceo madrileño, donde se relaciona con los grandes escritores e intelectuales de la época: Alberto Lista, Juan Nicasio Gallego, Manuel Quintana, Bernardino Fernández de Velasco, duque de Frías, Nicomedes Pastor Díaz, José Zorrilla, Francisco de Paula y Mellado, entre otros, se convertirán en sus protectores y amigos.

Entre 1849 y 1853 estrena siete obras dramáticas: Saúl (1849) tragedia bíblica bien acogida por el público, Flavio Recaredo (1851), La verdad vence apariencias (1852), Errores del corazón (1852), El donativo del diablo (1852), La hija de las flores (1852) y La Aventurera (1853).

Reedita sus Poesías en 1851 y publica un relato de tema histórico Dolores. Páginas de una crónica de familia. Asimismo en el Semanario Pintoresco Español aparecen dos nuevas leyendas: La velada del helecho (1849) y La montaña maldita (1851).

El Héroe Nacional José Martí, admirador de su vida y de su obra, amén de sus altos valores espirituales e intelectuales, la calificó como “esta rosa erguida”, quien desde la infancia tuvo vocación por las letras, tanto a través de la lectura, como en la redacción de pequeños cuentos y la representación de obras de teatro.

Pocos años antes de morir, en 1867, publicó un libro de oraciones, o pensamientos religiosos, llamado Devocionario.

Durante sus últimos años se dedicó, únicamente, a la tarea de corregir sus obras y preparar la edición completa de las mismas, Obras literarias, dramáticas y poéticas (1869-1871).

Gertrudis Gómez de Avellaneda fue una de las más notables representantes del romanticismo hispanoamericano.

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