
Cada vez que me hablan del premio a un músico en el extranjero por la cantidad de discos vendidos, lo siento como una valoración que pudiera ser ajena a su verdadera relevancia artística, toda vez que los discos se pueden vender por infinidad de razones que no tienen que ver necesariamente con los rangos profesionales de su trascendencia como creador.
Por eso, cuando en la tarde del pasado sábado, en la sala teatro del Museo de Bellas Artes, se hizo oficial la adjudicación del Premio Nacional de Música 2025 a Amaury Pérez Vidal, tuvimos la certeza de asistir a una modalidad de premiación diferente, motivada por aquellos parámetros que exaltan el profundo reconocimiento del pueblo a una personalidad de la cultura que, durante décadas, nos ha entregado lo más caro de su proyección como artista consagrado: el amor por Cuba.
Con la presencia de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, además de Alpidio Alonso, ministro de Cultura, en la ceremonia participaron relevantes músicos como Silvio Rodríguez, Niurka González, Frank Fernández, José María Vitier, Carlos Alfonso y Digna Guerra, esta última presidenta del Jurado que distinguió al querido musico.
Las palabras de elogio, a cargo del presidente de la Casa de las Américas, Abel Prieto, estuvieron matizadas por la franqueza de una añeja amistad, con un lenguaje sencillo y afable, y que Amaury agradeció emocionado, tanto como el otorgamiento del premio.
El homenaje a este cantor de más de 500 composiciones propias e involucrado en más de 40 programas, propició una inolvidable velada a la que se sumaron los trovadores Ariel Díaz y Pedro Beritán, y los artistas de la plástica Nelson Domínguez y Lesvia Vent Dumois. Al cierre, el propio Amaury interpretó antológicos temas de la trova tradicional.
Fue tan esplendorosa la atmósfera del emotivo encuentro con la plenitud humana de Amaury Pérez, que nos remitimos a un pensamiento del Apóstol para intentar explicar tanta emoción: «Las noblezas dan luz, dentro y fuera. Cuando mucha gente se reúne a sentir bien, la intensidad de nobleza en las almas parece traducirse fuera de ellas en intensidad de hermosura y de luz».
