Lo difícil y lo mucho por hacer todavía siguen siendo pautas de la Revolución

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Por Granma | 8 enero, 2026 |
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FOTO/ Granma

El 8 de enero de 1959, tras navegar en un mar de pueblo por más de mil kilómetros, la Caravana de la Libertad llegaba a La Habana, con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz al frente, para iniciar el complejo proceso de la Revolución en el poder.

Millones de cubanos siguieron el paso de la comitiva que traía a los barbudos de la Sierra Maestra, una nueva generación de mambises que esta vez sí alcanzaron la plena independencia de la Isla.

Era el comienzo de una Cuba nueva. Sesenta y siete años después del suceso que estremeció a todo un país, enero vuelve con su carga de sueños y metas por cumplir, en una nación que sigue siendo guerrera en su presente, comprometida con su porvenir.

Y lo hace, en medio de grandes desafíos, confirmación de lo que expresó el Líder de la Revolución aquel día: «La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil. Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario».

Cuántas verdades, cuánta certeza en aquellas palabras. En un país plagado de miseria, tan pronto comenzaron las transformaciones revolucionarias en cumplimento del Programa del Moncada, el enemigo histórico de nuestro pueblo, Estados Unidos, dio inicio a una política encaminada a poner fin a la triunfante epopeya transformadora.

Solo un pueblo como el nuestro, curtido en el fragor de la batalla y guiado por las enseñanzas de Fidel, ha podido resistir tantas presiones y tantas adversidades.

Hoy, los retos son distintos. El imperio, envalentonado, ha desempolvado nuevamente la Doctrina Monroe para hacerse con el control de lo que José Martí llamó Nuestra América. Para ello, se vale de todo el vasto arsenal a su disposición y de la violación descarada de las leyes y los principios que rigen las relaciones internacionales.

Los hechos recientes ocurridos en Venezuela, que incluyeron la agresión militar y el secuestro de su Presidente legítimo, Nicolás Maduro, así lo demuestran. El cinismo imperial no esconde su pretensión de, llegada la hora, dar el tiro de gracia a la Revolución Cubana.

En esta hora de los hornos, en que no se ha de ver más que la luz, como dijera nuestro Héroe Nacional, y cuando la Patria está en peligro, Fidel, en el centenario de su natalicio, advierte y convoca, como en 1959, a un pueblo que no se rinde ni se rendirá jamás.

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