Los pretextos de Armando Ferrer

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Por Granma | 17 febrero, 2026 |
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FOTO/ Ricardo López Hevia

Lleva la pelota por dentro, metida en su cuerpo ya septuagenario. Duro y afectivo, exigente y esperanzador. Así lo ven los atletas, los bisoños y hasta los más experimentados.

Un mánager que siempre está a la viva, al que no se le escapa el menor detalle durante el desarrollo del juego.

No pretende ser Dios, decide, sugiere y escucha, no solo a los demás integrantes del cuerpo de dirección, sino también a los peloteros. Cuando se equivoca, no oculta su error y lo hace saber de mil formas posibles.

Este 14 de febrero obtuvo, en calidad de director, su segundo título nacional para los Cocodrilos de Matanzas. Lo curioso es que, hace un año, se debatía entre la vida y la muerte, y no pocos pensaron en el final de su carrera.

Un rato después de concluido el partido ante Las Tunas, con el cual se concretó el gran alegrón para la afición matancera, el avezado director accedió a responder a Granma algunas preguntas.

–El riesgo es alto. ¿Por qué decidió seguir, entonces, en el beisbol?

–Todos saben que la pelota me gusta, de lo que más disfruto. Es mi vida, no tiene otra explicación.

–¿Ahora mismo cómo está su salud? ¿Qué dice la presión arterial?

–Me siento bien, salvo una gripe que me ha causado fiebre y otros síntomas molestos, pero nada preocupante.

–¿Qué satisfacción le deja este segundo campeonato?

–Cada triunfo en el deporte, como pasa con la vida, está asociado a muchos detalles y hechos que inciden en el resultado final, positivo o no. Estar al mando otra vez del equipo exigió mucho de mí, pues esta edición 64 de nuestra Serie Nacional coincidió con mi periodo de recuperación. De modo que conseguir este título me sabe a gloria, aunque el primero, en la Serie 59, tuvo un impacto increíble.

–Un plantel no se corona de la noche a la mañana. ¿Cuándo empezó a gestarse, en realidad, el triunfo?

–Como nos quedamos fuera de la anterior Liga Élite, esta vez apretamos desde bien temprano. Tuvimos una excelente preparación, que incluyó modelos de trabajo en la arena, aspecto determinante para alcanzar la forma física. También nos ayudó mucho el desarrollo de una cuadrangular en el municipio de Cárdenas, de allí salieron algunos peloteros destacados aquí.

–A propósito, llama la atención el aporte de jóvenes figuras, tanto en el pitcheo como entre los jugadores de posición…

–En realidad, a ellos, los más jóvenes, se debió, en buena medida, que camináramos toda la ruta y discutiéramos la corona. Muchachos como Brayan Peña, Hanyelo Videt, el propio Esteban Terry, Silvio Iturralde, Yosney García, Shaiel Cruz…

«Ya conocía a algunos, pero quedé sorprendido ante su desempeño. Con ellos, y otros más, se vislumbra un buen futuro para Matanzas.

«Hicieron una muy buena combinación con los más experimentados, se pegaron como esponja. Más tarde, con la llegada de Yurisbel Gracial, Ariel Martínez, Yoennis Yera y Armando Dueñas, se blindó aún más el conjunto.

«Al final, pienso que fue determinante la manera en cómo algunas de estas figuras de mayor notoriedad se entregaron en el terreno. Devinieron ejemplos, verdaderas bujías».

–Si tuviera que resumir esta campaña, ¿qué resaltaría?

–En sentido general, y pese a las limitaciones, se hizo una buena serie, con apoyo, pero todavía falta mucho por aportar en favor del beisbol nuestro, inclusive en medio de condiciones tan adversas.

–¿Qué opinión le merecen Industriales y Las Tunas?  

–El equipo de la capital mostró una gran forma y nos dio pelea. La victoria en ese memorable sexto pleito nos inspiró, y luego ya todo fue diferente. De Las Tunas, ¿qué decir? Un conjunto con tres títulos nacionales. Para sus cuerpos de dirección y sus peloteros, nuestro máximo respeto.

–¿Le gustaría estar al frente de Cuba a un Clásico o a un Premier 12?

–Por supuesto, ¿a quién no? Pero bueno, esta vez no me tuvieron en cuenta ni para integrar el colectivo de dirección, tampoco me explicaron la razón por la que me excluyeron.

–¿No hay presión familiar para que deje de dirigir?

–Claro que sí, pero están conscientes de que no imagino la vida sin el beisbol. No soy eterno y sé que algún día llegará el retiro. Ahora bien, mientras tenga salud y me acepten como director, aquí estaré.

–¿Qué dice de Amanda, su hija más pequeña y fan número uno?

–Tiene apenas cinco años de edad y no se pierde un partido. Hace poco le regalaron un cocodrilito pequeño, de juguete, y anda con él para arriba y para abajo, no hay quién se lo quite.

«Imagínese, que a ella también le guste la pelota me brinda un pretexto adicional para seguir en estos trajines».

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