Motivación para escribir una carta postal

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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 7 febrero, 2026 |
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Hoy quiero detenerme un momento en el valor de las palabras escritas a mano, aquellas que se deslizan sobre el papel con la suavidad de un susurro. Es curioso cómo, en un mundo donde la digitalización ha tomado casi cada rincón de nuestras vidas, escribir una carta de puño y letra se ha convertido en un acto casi rebelde, pero a la vez encantador.

Este 7 de febrero, celebramos el Día de mandar una carta a un amigo (a) por correspondencia postal, una ocasión perfecta para recordar viejos tiempos y revivir la magia de conectar de una manera más personal.

A menudo reflexiono sobre esos momentos pasados cuando un simple papel y un bolígrafo eran los únicos medios necesarios para expresar todo tipo de emociones. Recuerdo las cartas apasionadas llenas de declaraciones de amor que nos hacían soñar, aquellas que valientemente rompían relaciones dolorosas, permitiendo cerrar capítulos de nuestras vidas. También pienso en las inconfesables que se atesoraban entre las páginas, creando una conexión íntima entre el escritor y el receptor. Y no puedo evitar sonreír al recordar las noticias inesperadas, esas que llegaban sorpresivamente en un sobre, poniendo una chispa de alegría en nuestro día.

Sorprendentemente, la escritura manual va más allá de ser simplemente un medio de comunicación; estudios han demostrado que este acto estimula el cerebro de maneras únicas y poderosas.

Al trazar letras y curvar palabras, activamos áreas de nuestra mente que fomentan la memoria y ayudan a consolidar nuestros pensamientos. Esto nos conecta más profundamente con nuestras emociones y permite recordar los momentos que  que parecen lejanos ahora.

Es verdad que los tiempos han cambiado y que muchas personas ya no recuerdan el sonido de los pasos de un cartero o la anticipación de recibir una carta en la puerta de casa. Sin embargo, creo firmemente que no está mal, ni es anticuado, enviar una carta postal en esta era digital.

Más bien, es un gesto que destaca, un acto que dice: “Te importas”. En un mundo donde las fotografías en blanco y negro son casi una rareza, una carta escrita a mano emerge como un tesoro en sí misma, un recuerdo tangible de que alguien se tomó el tiempo para pensar en ti.

Así que este 7 de febrero, te invito a unirte a esta encantadora celebración. Tómate un momento, busca una hoja de papel y un bolígrafo, y escribe a esa persona que ha dejado huella en tu vida. Podría ser un simple “Hola” o una nota más elaborada que comparta tus pensamientos más profundos. Recuerda que, aunque la distancia y el tiempo puedan haberte separado, las palabras que se escriben a mano tienen el poder de cruzar cualquier barrera.

 

 

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