Se trata del Sahelanthropus tchadensis, un simio bípedo que poseía un cerebro del tamaño de un chimpancé y probablemente pasaba una parte importante de su tiempo en los árboles, buscando alimento y refugio.
A pesar de ello, estaba adaptado a una postura bípeda y a moverse en el suelo, explicó uno de los autores, Scott Williams, antropólogo de la Universidad de Nueva York, en un nuevo estudio publicado en Science Advances.
A comienzos de los años 2000, arqueólogos descubrieron en el desierto de Djurab, en Chad, los restos óseos de un antepasado humano que vivió hace unos siete millones de años.
Mientras que investigaciones anteriores se centraron principalmente en el cráneo, el nuevo trabajo analizó el cúbito (antebrazo) y el fémur, mediante técnicas avanzadas y comparaciones con otras especies, como el Australopithecus, conocido por el hallazgo del esqueleto de Lucy, un fósil de entre 4 y 2 millones de años descubierto en Etiopía en 1974.
El estudio identificó un punto de unión del ligamento iliofemoral, que conecta la pelvis con el fémur, una característica propia de los homínidos y esencial para caminar erguido.
También se detectó una torsión femoral específica de los homínidos, que orienta las piernas hacia delante y facilita la marcha, así como músculos glúteos similares a los de los primeros homínidos, responsables de estabilizar las caderas y permitir mantenerse de pie, caminar y correr.
Además, S. tchadensis tenía un fémur relativamente largo en comparación con el cúbito, otro indicio a favor del bipedismo.
Explican los científicos que los simios presentan brazos largos y piernas cortas, mientras que los homínidos tienen piernas relativamente más largas.
Aunque las piernas de S. tchadensis eran mucho más cortas que las de los humanos modernos, diferían de las de los simios y se acercaban más a las de Lucy en proporción, lo que refuerza la hipótesis del bipedismo.
Estamos ante pruebas contundentes de que S. tchadensis podía caminar sobre dos piernas, lo que demuestra que el bipedismo evolucionó tempranamente en nuestro linaje y a partir de un antepasado muy similar a los chimpancés y bonobos actuales, agrega Williams.

