La historia del deporte está llena de agresiones, algunas verdaderamente increíbles. Han sido célebres mordidas, cabezazos, golpes y otros actos violentos, que llenan una larga lista.
Como si no bastara, hace unas semanas, exactamente el 14 de marzo, se sumó a la retahíla un nuevo tipo de agresión: el pellizco en los testículos.
Sí, ese día en el estadio Metropolitano de Madrid, Abdel Abqar, defensa marroquí del Getafe, pellizcó la región genital de Alexander Sorloth, delantero noruego del Atlético, un acto que provocó la intervención del VAR y la consiguiente expulsión del defensor.
Repasemos hoy otros actos que no debieron ocurrir.
El cabezazo de Zidane
Muchos vimos aquel cabezazo por televisión, en la final del Mundial de 2006, en Berlín, y nos preguntamos: qué habrá pasado. Sucede que el genio francés Zinedine Zidane, molesto por una ofensa inadmisible, derribó al italiano Marco Materazzi después de incrustarle la cabeza en el pecho y vio la tarjeta roja.
“Lo que pasó fue que él me ofreció su camiseta y yo le dije que prefería a su hermana”, contaría después el de la Azzurra. Lo cierto es que esa agresión, en el tiempo de alargue, con la sangre caliente, ayudó a que Italia se coronara por encima de Francia en la tanda de penales.
Las mordidas de Luis Suárez
El delantero uruguayo Luis Suárez se hizo famoso no solo por sus goles, sino también por el empleo agresivo de sus dientes. Que se sepa, tres veces mordió en partidos de fútbol: en noviembre de 2010, cuando jugaba con el Ajax, a Otman Bakkal, de Países Bajos; en marzo de 2013, cuando militaba en el Liverpool, al serbio Branislav Ivanovic; y en junio de 2014 al italiano Giorgio Chiellini. Esta fue la dentellada más famosa, porque tuvo lugar en el juego de octavos de final entre Italia y Uruguay del mundial Brasil 2014. Los charrúas terminaron ganando, pero La FIFA suspendió a Suárez por cuatro meses.
“Me arrepiento profundamente; pido perdón a Giorgio Chiellini y a toda la familia del fútbol; me comprometo públicamente a que nunca volverá a ocurrir un incidente como este con mi intervención”, escribió el delantero en las redes sociales. Al parecer cumplió su palabra.
Mike Tyson: comerse una oreja
Antes de la mordida de Suárez, hubo otra que marcó una era. Fue el 28 de junio de 1997 en Las Vegas, en la pelea de boxeo de peso pesado por el mundial de la WBA.
En el tercer asalto, el estadounidense Mike Tyson, furioso por los cabezazos no sancionados de su coterráneo Evander Holyfield, le arrancó de un mordisco un trozo de oreja a su rival (nada menos que ocho centímetros) y lo escupió en la lona.
Holyfield saltó de dolor, sangrando profusamente. Tyson fue descalificado y multado por tres millones de dólares.
Lo más grave es que no pareció arrepentido de su actitud. “A veces pienso ‘no, nunca más lo haría’, pero en realidad podría hacerlo de nuevo”, dijo.
El puñetazo casi mortal de Kermit Washington
El 9 de diciembre de 1977, en un partido de baloncesto de la NBA, Rudy Tomjanovich, integrante de los Rockets de Houston, corrió a separar una pelea entre los jugadores de su equipo y los de Los Angeles Lakers.
Kermit Washington pensó que iba a agredirlo y le asestó un golpe tan violento que casi lo mata. Le causó lesiones cerebrales y en la columna vertebral, además de desfigurarle el rostro. De modo que aunque Tomjanovich volvió a la temporada siguiente, jamás volvió a ser el mismo atleta.
En cambio, fue un entrenador exitoso, al punto de conducir a Estados Unidos al título olímpico en Sídney 2000.
En cuanto a Washington, criticado al máximo por los aficionados y la prensa, suspendido durante 60 días, fue presa de la depresión y tampoco tuvo el rendimiento anterior al grave incidente.
Mónica Seles: a punto de morir acuchillada
Uno de los sucesos más antideportivos, fanáticos y desproporcionados en la historia del deporte ocurrió el 30 de abril de 1993, en una cancha de tenis, en Hamburgo, Alemania.
La serbia Mónica Seles, número uno del mundo y quien apenas tenía 19 años, estaba sentada hidratándose durante uno de los descansos reglamentarios del duelo contra la búlgara Magdalena Maleeva, cuando un hombre saltó la valla y la apuñaló por la espalda con un cuchillo de 23 centímetros. El arma del atacante, hendida en el omóplato, estuvo a milímetros de afectar la médula espinal, algo que hubiera significado una tragedia muchísimo mayor.
El agresor, Günter Parche, era un alemán de 38 años, tornero desempleado y fanático extremo de su compatriota Steffi Graf, a quien quería ver de nuevo en el número uno del ranking universal de tenis.
Se ha contado que este admirador excesivo tenía numerosos afiches y videos de Steffi y hasta le había hecho cartas anónimas de fascinación. “Caminaría sobre el fuego por ella”, llegó a decir para referirse a Graf.
Seles pasó más de dos años sin jugar. Vivió varios episodios de depresión y no volvió a tener el mismo brillo. Ganó el Abierto de Australia en 1996 sin ser la indiscutible número uno. Entre sus medallas posteriores puede contarse el bronce de Sídney 2000, olimpiada en la que, ya nacionalizada, compitió por Estados Unidos.
Parche fue condenado a dos años de libertad condicional y remitido para un tratamiento psiquiátrico, pero nunca fue enviado a prisión, un hecho que provocó la indignación de Seles.
El batazo de Juan Marichal
El 22 de agosto de 1965, en el Candlestick Park de San Francisco, los Gigantes recibían a los Dodgers de Los Ángeles en candente partido de béisbol de la MLB.
El dominicano Juan Marichal, luego miembro del Salón de la Fama, estaba en el plato como bateador. Ya el juego vivía calenturas, originadas por varios pelotazos, incluyendo alguno del propio Marichal, abridor de los Gigantes.
En ese turno del dominicano, el receptor de los Dodgers, John Roseboro, lanzó la pelota de vuelta al pitcher demasiado cerca de la cara de Marichal.
Este levantó el bate y le asestó dos golpes en la cabeza a Roseboro, quien cayó al suelo, sangrando. Entonces se armó una trifulca de 14 minutos. En el forcejeo, la policía estuvo a poco de arrestar a Marichal.
La liga lo suspendió por nueve juegos y lo multó con 1750 dólares. Roseboro lo demandó por 500,000 dólares ante los tribunales, pero llegaron a un acuerdo “por fuera”. La imagen del jugador estrellando el bate contra la cabeza del catcher sigue siendo una de las manchas más oscuras en la historia del béisbol .
La bronca de la NBA
El 19 de noviembre de 2004, en un partido de baloncesto en The Palace of Auburn Hills, casa de los Pistons de Detroit, a 45 segundos del final, los Pacers de Indiana ganaban 97-82, cuando el alero Ron Artest cometió una dura falta sobre Ben Wallace y este reaccionó con un fuerte empujón, desatando una trifulca entre varios jugadores.
Artest decidió tumbarse sobre la mesa de anotación, ni se sabe por qué. Fue entonces cuando un aficionado llamado John Green le lanzó un vaso con refresco desde la grada (algunos dijeron que era cerveza).
Inmediatamente Artest se abalanzó sobre la multitud, seguido por su compañero Stephen Jackson, y comenzó una batalla campal entre jugadores y aficionados. Jermaine O’Neal también se unió a la pelea. El balance de daños incluyó nueve espectadores heridos, incluyendo un locutor local, a quien Artest le fracturó cinco vertebras.
Además, dejó una sanción histórica: el alero fue suspendido por 86 partidos (el resto de la temporada), Jackson por 30 y O’Neal por 25, reducidos a 15. En total, nueve jugadores sumaron más de 140 partidos de suspensión, y las multas conjuntas alcanzaron los más de 10 millones de dólares .
El dedo en el ojo de Mourinho
En uno de los intensos duelos futbolísticos entre Real Madrid y Barcelona, el portugués José Mourinho, entrenador de los Merengues, se acercó por la espalda al español Tito Vilanova, ayudante culé, y le introdujo un dedo en un ojo. La imagen del dio la vuelta al mundo. Fue el 17 de agosto de 2011, durante la Supercopa de España. Mourinho fue sancionado con dos partidos y una multa de 600 euros.
“Yo fui el que falló, no debería haber hecho lo que hice. Claro que no, la imagen negativa se queda para siempre. Tito no tuvo nada que ver con eso. Lo siento por él”, afirmó arrepentido Mou 10 años más tarde.
De todos modos ese gesto quedó grabado para siempre como uno de los más mezquinos de la historia de los Clásicos.
La grave “caricia” de Pablo Alfaro
En la Liga española de fútbol, tras un saque de esquina, el defensa del Sevilla, Pablo Alfaro, metió la mano en el trasero del canterano del Atlético de Madrid, Joé Verdú, conocido como Toché.
El incidente entre los dos españoles ocurrió el 28 de enero de 2004, en los cuartos de final de la Copa del Rey en el estadio Vicente Calderón.
La imagen de Alfaro introduciendo su mano en la zona íntima del jugador rojiblanco mientras esperaban el centro se hizo viral años después. Alfaro dijo, con una sonrisa cínica, que solo tenía la intención de distraerle.
“Fue una caricia, es un día que te marca porque tienes 17 años y es como darle la bienvenida al fútbol profesional. Pero bueno, se lo hubiera hecho igual a un veterano, créame”, añadió.
Por desdicha, en junio de 2015, en la Copa América, el defensor chileno Gonzalo Jara le hizo algo similar al uruguayo Edison Cavani, quien respondió un manotazo y lamentablemente resultó expulsado.
Hay más
En el deporte cubano también han ocurrido agresiones tremendas como la de Demis Valdés a Freddy Asiel Álvarez, en un partido de béisbol. Pero eso queda para un próximo trabajo periodístico.
(Tomado de zonadestrike)
