
La Empresa Porcina en Granma (Porceg) retomó la venta de cerdo en banda para asar con motivo de las ferias de fin de año, aunque solo en Bayamo y Manzanillo. Que esta comercialización no se extienda al resto de los municipios deja en evidencia la compleja batalla económica que aún libra el sector, cuya oferta, colapsada, ha llevado los precios del mercado a niveles que la mayoría de los ciudadanos no puede pagar (750-1 000 cup/libra).
Cuba pasó de producir más de 200 000 toneladas de carne porcina en 2018 a apenas 9 300 en 2024, según datos del Ministerio de la Agricultura.
A pesar de un contexto general complejo, la provincia de Granma cerró 2025 con indicadores positivos. La Empresa Porcina local reporta utilidades económicas, una recuperación progresiva de su masa ganadera y el cumplimiento de sus objetivos genéticos, aunque persiste una brecha respecto a los rendimientos de años pasados.
«La empresa superó su meta de reproductoras raciales puras (208 frente a 200 planificadas) y alcanzó 106 reproductoras de capa oscura de cien previstas, y la fábrica de pienso operó al 105 % de su capacidad. Estos indicadores son la base para un 2026 con mayores aspiraciones de crecimiento», expone Olemnis Tamayo Milán, directora de Porceg.
La estrategia que sustenta estos números ha sido un giro práctico. La empresa estatal ha transitado de ser productora directa a gestora y facilitadora. Hoy, el 95 % de la carne, que cumple su plan anual (382 toneladas, del cual solo se ejecuta un 60 %), proviene de convenios con productores privados insertados al programa.
Lideran el programa unos 50 productores de los municipios de Niquero, Guisa, Bartolomé Masó y Bayamo. Aquí los criadores asumen el riesgo y costo de la ceba, mientras la empresa aporta genética y asistencia técnica. En el colectivo La Bota, de Niquero, por ejemplo, los productores aportan el 50 % del pienso, reduciendo costos y creando un modelo de mayor sostenibilidad local. «No hay dinero de por medio, sino carne entregada», resume la titular de la empresa.
En el otro extremo del sistema, el Multiplicador Valenzuela, ubicado en Buey Arriba, es clave en la reproducción genética, pues garantiza el reemplazo de cochinatas (animal que se prepara para ser una futura madre) hacia el resto de las unidades, un eslabón vital para que el repoblamiento se expenda a productores insertados en el esquema empresarial.
Hasta el cierre de noviembre de 2025, cerca de 500 animales entre la raza racial y criolla han sido transferidos con indicadores de excelencia a las unidades de crías del territorio.
SOLUCIONES LOCALES
La UEB Integral Pedregales es una unidad productiva con un ciclo completo (reproducción, maternidad, preceba y ceba) que actualmente destina su producción a la venta de precebas liberadas o por convenio.
El sistema de cría se basa en dos líneas: el semental de la raza cc-21 y la hembra reproductora Yordan, que es un híbrido f1 obtenido del cruce entre las razas York y Landrace.
El producto final, que es el que se comercializa, resulta del cruce de la reproductora Yordan con el semental cc-21. Este animal es apreciado por la calidad de su carne.
La unidad cuenta con un inventario de 190 reproductoras, 253 crías, cien precebas, y cinco berracos. Según el director Alejandro
Marcos Borges Briñones, el principal obstáculo para recuperar la capacidad histórica de 8 000 cabezas es la alimentación.
«Para enfrentar esta limitante, se ha implementado un plan de producción ajustado al suministro disponible, incorporando alternativas alimenticias como boniato, yuca, calabaza.
«Además, se ha mejorado la nutrición mediante la preparación de harina de pescado en ensilaje y la incorporación de pienso de inicio para crías y precebas, lo que ha mejorado la conversión alimentaria», describe.
Los resultados productivos reflejan esta mejora: el plan de nacimientos es de 9,5 crías por parto, pero oscila entre 9,8 y 10, con una media de 9,7. La mortalidad, que debería ser del 21 %, se ha reducido a un 15 %, con siente cabezas menos de muertes en cría y 20 menos en preceba, en comparación con el 40 % de mortalidad registrado hace dos años.
EL CÍRCULO VICIOSO DEL PIENSO Y EL AGUA
Sin embargo, estos avances productivos se levantan sobre cimientos de barro. El consenso entre directivos y especialistas es unánime: el talón de Aquiles absoluto es la alimentación animal. El pienso constituye entre el 70 % y el 80 % del costo total de producción, y el país sigue atrapado en la dependencia de las importaciones.
La fábrica provincial opera con un malabarismo constante de materias primas volátiles: maíz nacional, polvo de arroz, harina de pescado. No existe un programa agrícola obligatorio que garantice cultivos proteicos o energéticos dedicados al sector.
Esto crea un círculo vicioso de divisas: Los escasos dólares obtenidos, por ejemplo, de vender el 30 % de la producción a empresas como AgroCuba, deben destinarse de inmediato a importar el pienso iniciador sin el cual la cadena se rompe. Se produce carne para obtener divisas para comprar alimento para producir carne. Una carrera agotadora en la que difícilmente se gana terreno.
Frente a esto florece la inventiva como mecanismo de supervivencia. En Pedregales procesan su propia harina de pescado; en Valenzuela el mango y la yuca. Son esfuerzos admirables, pero técnicamente insuficientes. Estos suplementos no pueden reemplazar la proteína de alta calidad que requiere un ciclo reproductivo eficiente.
Ante la pregunta de cuándo volverán a su capacidad total, la respuesta de Alejandro Marcos Borges Briñones, director de Pedregales, fue: «Lo que más nos limita es la alimentación».
Según declaración de Mariela Parra Céspedes, jefa de producción en el multiplicador Valenzuela, el rendimiento productivo se encuentra por debajo del plan anual, con 418 cochinatas transferidas frente a un plan de 706. El principal factor limitante que explica este incumplimiento es una conjunción de problemas relacionados con la alimentación y el agua.
«A inicio de año, la falta de agua afectó directamente la producción, un problema que, aunque parcialmente resuelto, aún demanda una solución definitiva. Actualmente, el suministro se asegura bombeando agua del río con una turbina petrolera propia y distribuyéndola manualmente con carretillas, lo que implica una logística operativa compleja y limitante», precisa Parra Céspedes.
Este problema hídrico está intrínsecamente ligado a la alimentación, ya que la disponibilidad y calidad del agua impactan directamente en la salud, el consumo de piensos y el desarrollo de los animales.
CONSIDERACIONES
La producción porcina en Granma ha resucitado de su punto más crítico. Hay indicadores verdes, salarios estimulantes y un compromiso humano admirable.
No obstante, diagnosticar esto como una «recuperación sostenible» sería un error. La disminución del capital genético nacional –con una pérdida estimada del 73 % de las reproductoras entre 2020 y 2024– es un lastre que tomará años superar.
El precio del cerdo en el mercado se erige como el indicador más crudo de esta crisis.
Mientras la producción no logre recuperarse de la profunda dependencia del alimento importado y el deterioro infraestructural, ese costo, equivalente a una fracción exorbitante del salario medio, seguirá siendo la barrera que convierta un alimento, otrora básico, prácticamente en un lujo.
