En la misa del Domingo de Ramos, el 29 de marzo, el pontífice aseveró que a quienes provocan esos conflictos que enlutan el planeta, Jesús desde la cruz les pide que “¡Tengan misericordia! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!”.
El Santo Padre hizo un llamado a la paz en Medio Oriente, que “sufre las consecuencias de un conflicto atroz” como consecuencia del enfrentamiento bélico iniciado el pasado 28 de febrero por Israel y Estados Unidos contra Irán, el cual incendió a esa región.
En su homilía, que abrió esa conmemoración cristiana enmarcada este año en un convulso período histórico, el Obispo de Roma expresó que “nuestro Dios: Jesús, rey de paz” es “un Dios que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificarla, que no escucha las oraciones de los que la libran”.
En esa mañana dominical el papa dirigió sus pensamientos a quienes no pueden celebrar esos ritos, como sucede en Tierra Santa, dado el clima de violencia y las restricciones impuestas a causa del conflicto en Medio Oriente.
“Mientras la Iglesia contempla el misterio de la Pasión del Señor, no podemos olvidar a quienes hoy participan verdaderamente de su sufrimiento”, expresó León XIV, y pidió que “elevemos nuestra oración” por “los pueblos heridos por la guerra” para que “se abran caminos concretos de reconciliación y paz”.
Antes, el domingo 1 de marzo, a menos de 24 horas del inicio de los ataques norteamericanos e israelíes contra Teherán, expresó su consternación por esa agresión, y alertó sobre las graves consecuencias que podía acarrear la misma.
“Sigo con profunda preocupación lo que está sucediendo en Medio Oriente e Irán en estos momentos dramáticos”, reconoció entonces, y lanzó “un ferviente llamamiento a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia, antes de que se convierta en un abismo irreparable”.
El papa alertó sobre “la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones” y apuntó que “la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable”.
Pocos días después, el 4 de marzo, el secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Parolin, se refirió al peligro de las denominadas guerras preventivas, y manifestó que, si se reconociera a los Estados el derecho a desatarlas, el mundo entero correría el riesgo de ser incendiado”.
El cardenal expresó la preocupación de la Iglesia católica ante el hecho de que “la justicia ha sido sustituida por la fuerza” con esa guerra en curso en Medio Oriente, donde “la primacía del poder y el egocentrismo se está imponiendo peligrosamente”, lo que agudiza el declive del derecho internacional y del multilateralismo.
“Creo que la paz y la seguridad deben cultivarse y buscarse a través de las posibilidades que ofrece la diplomacia, especialmente la que se ejerce en los organismos multilaterales, donde los Estados tienen la capacidad de resolver los conflictos de forma incruenta y más justa”, aseveró.
“La Santa Sede prefiere enfatizar la necesidad de utilizar todas las herramientas que ofrece la diplomacia para resolver las disputas entre Estados”, pues “el uso de la fuerza debe considerarse solo como último y más serio recurso, tras haber utilizado todos los instrumentos del diálogo político y diplomático”, añadió.
“La justicia ha sido sustituida por la fuerza”, manifestó, y condenó la creencia de que “la paz solo puede nacer tras la aniquilación del enemigo”.
El 5 de marzo el papa León XIV abogó nuevamente por el fin de la carrera armamentista, de las guerras, y por lograr la construcción de un mundo nuevo, de paz.
“Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia”, indicó, y consideró que “la verdadera seguridad no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos”.
El Santo Padre pidió a los líderes de las naciones que “tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte, de detener la carrera armamentista”, y los instó a “poner en el centro la vida de los más vulnerables”.
El 8 de marzo manifestó preocupación por una extensión del conflicto en Medio Oriente y lamentó que “además de los episodios de violencia y devastación, y del clima generalizado de odio y miedo, existe el temor de que el conflicto se extienda y que otros países de la región, incluido el querido Líbano, vuelvan a hundirse en la inestabilidad”.
Tres días más tarde León XIV pidió a los fieles en todo el mundo que “sigamos orando por la paz en Irán y en todo Medio Oriente, especialmente por las numerosas víctimas civiles, entre ellas tantos niños inocentes”, y que “nuestras oraciones sean un consuelo para quienes sufren y una semilla de esperanza para el futuro”.
Al mediodía del 15 de marzo, tras el rezo del Ángelus, hizo referencia en particular a la situación en el Líbano, bajo agresión de Tel Aviv, y manifestó que “espero se encuentren vías de diálogo que puedan apoyar a las autoridades del país en la implementación de soluciones duraderas a la grave crisis actual”.
El 19 de marzo, Parolin demandó el cese inmediato de la guerra estadounidense e israelí contra Irán y los ataques sionistas contra el Líbano, y declaró a la prensa que si se encontrara cara a cara con el presidente estadounidense, Donald Trump, le pediría “que termine esto cuanto antes porque el peligro real de escalada es inminente”.
Además “yo diría que dejen en paz al Líbano”, añadió el cardenal e instó a los israelíes para que intenten de verdad “resolver los problemas que puedan existir, o que crean que existen, por los medios pacíficos de la diplomacia y el diálogo”.
El 22 de marzo, el papa instó a no permanecer en silencio ante el sufrimiento que padecen víctimas indefensas, como consecuencia de los conflictos bélicos y enfatizó que “la muerte y dolor causados por las guerras son un escándalo para la humanidad”.
En la audiencia general del domingo siguiente reafirmó su llamado a las autoridades mundiales, para que eleven el trabajo a favor de la paz, ante un agravamiento de los conflictos en Medio Oriente y otras zonas del planeta pues “el odio aumenta, la violencia se agrava”.
“Alto el fuego” y “a trabajar por la paz, pero no con armas”, sino “con diálogo, buscando verdaderamente una solución para todos”, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz, basados en el diálogo sincero y el respeto a la dignidad de cada persona, pidió.
La Semana Santa, que tiene lugar este año del 29 de marzo al 5 de abril, recuerda la entrada de Jesús de Nazaret a Jerusalén, la última cena, el vía crucis, así como su muerte y resurrección.
Como parte del denominado Triduo Pascual el 2 de abril, Jueves Santo, el papa León XIV celebrará la Misa Crismal en la Basílica de San Pedro, mientras que en la tarde del Viernes Santo presidirá a las 17:00 hora local la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, y a las 21:15 participará en el Vía Crucis, en el Coliseo.
A las 19:30 del siguiente día, Sábado Santo, tendrá lugar la Vigilia Pascual y finalmente, el 5 de abril, el pontífice presidirá en la plaza vaticana las ceremonias del Domingo de Pascua, donde a las 10:00 celebrará la misa, y al mediodía pronunciará el mensaje Urbi et Orbi desde la logia central de la basílica.
El 26 de marzo, cuando faltaban apenas tres días para el inicio de esas conmemoraciones, el secretario de Estado del Vaticano pidió que, en medio del conflicto que afecta al Medio Oriente, en Jerusalén “al menos en el interior de lugares sagrados, como la Iglesia del Santo Sepulcro, se puedan celebrar los ritos”.
Sin embargo, en el Domingo de Ramos la policía israelí impidió al patriarca latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa, y al custodio de Tierra Santa, padre Francesco Ielpo, el acceso a la Basílica del Santo Sepulcro, cuando se dirigían a celebrar la tradicional misa, acto que provocó una amplia repulsa mundial.

Ciudad del Vaticano (Prensa Latina) “Cristo rechaza las oraciones de los guerreristas diciendo que, aunque multipliquen sus súplicas, no las escucharé; sus manos están llenas de sangre”, expresó el papa León XIV al inicio de la Semana Santa.