El rey de las escapadas

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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 7 enero, 2026 |
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Ambrosio Teodosio Macrobio, un nombre que puede sonar más a fórmula mágica que un escritor romano de finales del siglo IV, dejó su huella en la literatura de la Antigüedad Tardía no solo como autor prolífico, sino también por su talento especial para capturar historias fabulosas contadas a lo largo de los siglos.

A este personaje se le atribuye una de las anécdotas más versionadas del mundo.

Cuentan que un provinciano llegó a Roma con una actitud tan desbordante como su peinado. Este joven llamó la atención por llevar colgado del hombro un dispositivo bluetooth inalámbrico a todo volumen. ¿Se imagina? ¡El fenómeno del momento!

Los romanos, siempre ávidos de entretenimiento y chismes, no podían evitar girar la cabeza ante el increíble parecido del recién llegado con Augusto, el emperador que había consolidado el Imperio romano. Era como si hubiera salido directamente de un cartel publicitario con nuevo producto de una shopping romana, para compras especiales.

Al enterarse del revuelo que había generado este “doble”, Augusto, curioso como un gato persiguiendo al ratoncito Pérez que cayó en la olla por la golosina de la cebolla, decidió investigar. No estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de conocer a su gemelo perdido.

Con la vestimenta que solo un emperador puede tener, salió en busca del joven. La comitiva incluía un par de nobles preocupados por el protocolo, dos fotógrafos, una comunicadora social y un periodista de la época, listos para inmortalizar el momento.

Durante el recorrido, alguien alertó que el provinciano había llegado al palacio. Allá partieron todos y el joven fue presentado ante el emperador.

La tensión cobró mayor fuerza, como en un concurso de talentos. Augusto, con su mirada aguda y su porte majestuoso, lo observó detenidamente, buscando en cada rasgo, en cada arruga del rostro del joven, algún vestigio de su propia personalidad.

-Dígame, joven-preguntó Augusto, como si estuviera a punto de hacer una gran revelación -¿su madre vino a Roma en algún momento?

El joven, al escuchar la inesperada pregunta, sintió que el mundo se le venía encima. Con la cabeza gacha y un tono de voz tan bajo que podría haberse confundido con un susurro de medianoche, respondió:

-Ella nunca lo hizo, mi madre jamás salió de su casa. Pero mi padre, mujeriego al fin, visitaba Roma con mucha frecuencia.

-¡Ahí está la razón del parecido! Fueron aquellos viajecitos de tu padre para conocer a las damas romanas el motivo de nuestros parecidos. Todos sabemos que las escapadas a Roma siempre estuvieron llenas de aventuras… y de hijos inesperados -dijo, algo apenado, el gobernador.

Y cuentan los chismosos del reinado que el provinciano, con su respuesta astuta, evitó cualquier malentendido, mientras Macrobio asegura que dejó al emperador pensando si debería cambiar el título de “Fundador del Imperio” por el de “Rey de las escapadas”.

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