
Después de años llevando las riendas del buque insignia del deporte cubano, Rolando Acebal asume una nueva etapa en su trayectoria laboral. No se retira del ring, simplemente cambia su ángulo de ataque y fungirá como metodólogo de la Comisión Nacional de Boxeo.
En esta transición hacia nuevas funciones dentro del equipo nacional, el prestigioso estratega reflexiona sobre los éxitos, los momentos de dolor personal en medio del triunfo olímpico y la salud actual de una disciplina que es patrimonio de la Isla.
–Después de tanto tiempo como la figura principal del cuerpo técnico, ¿cómo asume este nuevo rol que le han asignado?
–Es un sentimiento complejo, lógicamente. Durante mucho tiempo llevé sobre mi espalda una responsabilidad enorme que ahora ya no recae directamente sobre mí de la misma forma. Sin embargo, sigo y seguiré vinculado al boxeo. Mi meta ahora es aportar desde otra posición para que nuestro deporte continúe cosechando triunfos. Mi función principal será ayudar a superar los resultados del ciclo anterior.
–¿Qué factores influyeron en el decrecimiento del pasado ciclo y cómo cree usted que se puede revertir esa tendencia a corto plazo?
–Sin duda se puede revertir. El problema principal fue que el equipo se debilitó en la mitad del ciclo. Entre 2022 y 2023, perdimos a la mayoría de los atletas que debían aportar los dividendos más importantes. Quienes asumieron esa responsabilidad lo hicieron en un momento difícil, pero ya están ahí. Este debe ser su ciclo, ahora tienen la madurez necesaria y estoy convencido de que los resultados van a ser muy diferentes.
–Repasando su trayectoria al frente de la escuadra nacional, ¿cuál es ese momento que guardará con más celo en su memoria?
–Tokio. Definitivamente, Tokio. De las siete medallas de oro que Cuba conquistó en esos Juegos Olímpicos, el boxeo aportó cuatro. Fue una proeza, pero para mí agridulce, una contradicción emocional muy fuerte: mientras celebrábamos ese primer lugar por países en el boxeo, yo sufría pérdidas familiares muy importantes en Cuba, parece que el destino compensó aquel dolor personal con las cuatro medallas de oro. Fue un momento que me marcó para siempre.
–Si tuviera que mencionar a esos alumnos que dejaron una huella especial en usted, ¿qué nombres le vienen a la mente?
–He tenido la suerte de trabajar con grandes boxeadores. En lo particular, mencionaría a Roniel Iglesias y ahora a Erislandy Álvarez. Pero si hablamos del equipo de forma integral, es imposible no mencionar a Julio César La Cruz, nuestro gran capitán.
–Sobre su cambio de funciones, ¿fue una decisión colegiada? ¿Cómo son las relaciones entre la Federación y la Comisión Nacional?
–Puedo decir que la familia del boxeo cubano goza de buena salud. Existe un trabajo muy unido y con mucha comunicación entre la Federación y la Comisión Nacional. Todo cambio genera nuevos métodos y formas organizativas, y nosotros simplemente estamos envueltos en esa mecánica. Fue una decisión de trabajo y yo voy a seguir pegado ahí, colaborando, porque este es un proceso que ya viene caminando y debe dar sus frutos ahora. El boxeo queda en buenas manos.
–¿Qué mensaje le envía al pueblo de Cuba, que siempre está pendiente de lo que sucede entre las cuerdas?
–Primero, dar las gracias por haber compartido cada alegría con nosotros. Les digo que pueden seguir contando con Acebal; vamos a seguir luchando para brindarles nuevas satisfacciones y, sobre todo, para retomar la senda victoriosa del buque insignia del deporte cubano.
