Serenos, pero listos

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Por Eugenio Pérez Almarales | 9 enero, 2026 |
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IMAGEN/ Vecteezy

Alrededor de las 2:00 de la madrugada del viernes 3 de enero de 2026, luego de enviar el periódico a la imprenta, quise, como de costumbre, echar un vistazo a la situación internacional.
Encontré, en vivo, como un reality show, el ataque a Caracas por el Ejército de los Estados Unidos. Helicópteros, detonaciones, resplandor de explosiones, anunciaban que se había abierto un infierno.

No descarto que fueran imágenes generadas por inteligencia artificial (IA), por su parecido con videojuegos; como parte de la manipulación de la guerra híbrida, que incluye ciberataques, desinformación y operaciones psicológicas.

Lo reafirmé al conocer la diversidad de supuestas fotografías de Nicolás Maduro, creadas con IA, algunas publicadas por el propio Trump; por eso el jefe de Estado venezolano aparecía vestido de distintas maneras, bailando, pidiendo ayuda por teléfono…

También porque las afirmaciones del inmoral “emperador”, de que su Ejército no había sufrido daño alguno, fueron desmentidas luego por altos funcionarios, quienes reconocieron que varios de sus soldados resultaron heridos por los cubanos que cayeron defendiendo a Maduro, y no se descarta que hayan sufrido también bajas mortales, además de la sabida inutilización de un helicóptero estadounidense.

Asimismo, está demostrado que usaron videos de otros lugares y fechas, como actos vandálicos y gritos de aprobación en las calles “caraqueñas” tras el secuestro, pero en realidad fueron grabados en Santiago de Chile y en Argentina, hace años.

Difundieron, igualmente, un vídeo donde se observan proyectiles impactando sobre edificios de una ciudad, como si fuera en el Fuerte Tiuna, en Caracas; pero corresponden a sucesos en Israel en junio de 2025.

Todo, para convencer a los públicos de la superioridad militar de los EE.UU., para erosionar la confianza de los venezolanos en sus dirigentes y para fomentar la división en las filas de los revolucionarios.

No obstante, hay realidades incuestionables: el orangután naranja habló telefónicamente días antes con Maduro, de manera “agradable”; y luego, EE.UU. agredió militarmente a Venezuela, secuestró al Presidente constitucional de la nación, lo llevó para ser juzgado por un tribunal de Nueva York y pretende convertir a la patria de Chávez en una colonia.

Los hechos envalentonan al payaso de la Casa Blanca, quien amenaza a México, Colombia, Irán y Cuba; cerca a Venezuela y aborda un barco de bandera rusa.

Entonces, el momento es de serenidad, pero, al mismo tiempo, de preparación en todos los órdenes, sobre todo ideológico y militar. Es de no ser ingenuos. Es de observar con responsabilidad a los propagandistas de símbolos enemigos. Es de rescatar para nuestras calles las banderas cubanas, las insignias revolucionarias, los uniformes de color azul y verde olivo.

Para recordar que “ante el imperialismo no se puede ceder, pero ni tantito así”, que Fidel habló para todos los tiempos; que su doctrina de la Guerra de todo el pueblo, es el principal motivo disuasorio para aquellos que quieren apoderarse de Cuba y aplastar su ejemplo.

Y esa concepción subraya que Cuba siempre ha luchado con sus propias fuerzas, frente a enemigos superiores, en guerras irregulares, con amplia participación del pueblo, como en 1868, en 1895, y de 1956 hasta el triunfo de 1959.

Ya en noviembre de 1959, Fidel expresó: “Y cuando cada casa sea una fortaleza, cuando cada calle, cada árbol, tenga un hombre que lo defienda y los obreros sepan combatir y cuando al lado de esa fuerza, esté la fuerza de los campesinos, en cada cooperativa, en cada pedazo de tierra, ¿quién podrá vencer esta Revolución?”

Por eso la doctrina señala que ante una agresión, cada cubano debe tener un medio, un lugar y una forma de combatir, integrándose en un sistema defensivo territorial, que incluye fuerzas armadas, milicias, defensa civil y organizaciones de masas.

Entre los principios que la sustentan, destacan conceptos fidelistas, como el de ser revolucionario significa no claudicar jamás; que la orden de combatir está dada siempre; que la palabra rendición y derrota están borradas de nuestra terminología militar.

Asimismo, que cada cubano, en el lugar donde se encuentre, es su propio comandante en jefe; que vale más morir que caer prisionero y regresar al pasado.

En fin, el momento es de engrasar mecanismos y de poner el arma bajo la almohada, como me contaba mi padre de su experiencia durante la Crisis de Octubre. Serenos, pero siempre listos.

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