Una batalla que no termina

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Por Ismara Pérez Orosco | 21 febrero, 2026 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

Se levanta temprano cada sábado, organiza todo y se marcha.  Deja a su hijo al cuidado de la abuela. No es militar, pero ella sabe que de su aporte también depende la continuidad de lo que ama.

La defensa de la Patria fue y será, un pilar en la identidad nacional. Desde los primeros gritos de independencia, el pueblo ha demostrado que su fuerza mayor reside en la unidad y en la participación colectiva.

Sin embargo, en estos tiempos enfrentamos un desafío sin precedentes: el recrudecimiento de las medidas coercitivas y unilaterales impuestas por Estados Unidos. Sanciones que no solo limitan el acceso a recursos esenciales, también pretenden desestabilizar la economía y socavar la soberanía.

El impacto del bloqueo es palpable en nuestra vida diaria.  Incluso la escasez de alimentos y medicinas, se considera una violación del derecho a la autodeterminación y a la dignidad humana.

En este contexto, la defensa de la Patria se convierte en una responsabilidad compartida. Cada cubano, independientemente de su edad o condición, desempeña un papel; en tanto, la educación, la preparación física y el apoyo comunitario son herramientas esenciales en esta batalla.

Las jornadas de defensa en los consejos populares, deberían ser más que encuentros; urge convertirlas en espacios de formación, fortalecimiento y preparación colectiva.

Es imperativo unirse en torno a la salvaguardia de nuestras conquistas, que tanta sangre costó.  La lucha por la independencia no se limita a acciones militares, también abarca la preservación de la verdad histórica y la promoción de una conciencia crítica.

José Martí entendió en la Guerra Necesaria de 1895, que la revolución era un acto moral y popular;  idea que reafirmamos.  Bajo la impronta del Comandante en Jefe Fidel Castro también quedó demostrado que la alianza del pueblo puede vencer cualquier fuerza externa.

Desde el inicio de las luchas en 1868, proteger la nación ha sido una causa colectiva y profundamente revolucionaria, deseo común que ha trascendido de generación en generación.

Ahí radica la verdadera fortaleza, en la participación popular que se traduce hoy en la guerra de todo el pueblo, concepción estratégica encabezada por Fidel, a partir de los primeros años de la Revolución, y reforzada en la Constitución de 2019.

A pesar de las adversidades, el pueblo ha demostrado su infinita capacidad de resistencia y valor, y la defensa de la Patria sigue siendo para cada cubano más que un deber, un compromiso.

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