Una moneda con dos caras

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Por Rodrigo Motas Tamayo | 28 febrero, 2026 |
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En un mundo con cambios radicales y constantes en su cotidianidad, acercarse a lo moderno no es un lujo, más bien una necesidad. En Cuba, prima la preocupación de ofrecer a la sociedad el acceso “sin trabas” a los servicios bancarios, como parte de un proceso de inclusión financiera, denominado bancarización.

Los antecedentes de esa tendencia se remontan a la década de los años 90 del pasado siglo, principalmente en el sector turístico, cuando pagar con dinero en efectivo resultaba desconocido para muchos de nosotros.

No obstante, esas pretensiones enfrentan obstáculos como la pobre infraestructura tecnológica o el desconocimiento en algunos sectores poblacionales, con mayor incidencia en el rural.

Por diversas razones, todavía algunos se resisten a utilizar ese tipo de servicio, aunque no puede negarse que sigue siendo una moneda con dos caras.

Mientras se consolidan preceptos desde la institucionalidad, otras aristas propician recelos y malestar, especialmente, en quienes para percibir sus salarios enfrentan una odisea todos los meses. Demasiado engorroso se ha tornado recibir el efectivo en las sucursales bancarias y, peor aún, mediante los cajeros automáticos.

En Campechuela, sufrimos largas colas (muchas veces, desde la tarde del día anterior) para conseguir lo que ganamos con tanto sacrificio y, en no pocas ocasiones, solo se adquiere una parte. Al menos, así sucede en el costero municipio.

Y en el peor de los casos, se pierde tiempo y dinero, cuando muchas personas llegan a esos lugares desde localidades alejadas y no pueden realizar ninguna operación por la falta de electricidad (no existe un cronograma de apagones).

Eso sin contar los atrasos, causados por la endeble infraestructura tecnológica y otros factores, generando inconformidades e indignación.

Súmele a ello que la opción de la Caja Extra no es una vía permanente, y no todos tienen teléfono o el transfermóvil. Para colmo, a veces, urge esperar el cierre de operaciones, incluyendo los depósitos.

Asimismo, los campechueleros no disponen de cajeros automáticos y para acceder a estos, hay que trasladarse a Media Luna o Manzanillo, los territorios más cercanos. ¡Vaya, que cuando no es Juan, es Pedro!

Tampoco debiera obviarse que los pagos con tarjetas magnéticas (transferencias o Pago en Línea) siguen limitados, obstaculizando la adquisición de algunos productos básicos, tanto de alimentación como de aseo personal.

Y qué decir de muchos actores privados (TCP o mypimes), alegando que enfrentan similar situación al comprar, lo que se extiende, además, a productores independientes, campesinos y entidades agropecuarias estatales, entre otros.

Bancarización va más allá de una pretensión, medida o búsqueda de horizontes comprometidos con la sociedad que se construye, surge como una necesidad. Por eso apremia encontrar soluciones a los inconvenientes que la enturbian, con ello, también se erradicarían muchas molestias, en medio de los tiempos tan convulsos que vivimos los cubanos.

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