Bayamo asaltado por barbudos

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Por Yelandi Milanés Guardia | 2 enero, 2021 |
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Fidel en Bayamo, acompañado de la madre del combatiente y expedicionario Jimmy Hirzel.

Venían de Santiago de Cuba con una alegría contagiosa que no les cabía en el pecho, derivada del tan anhelado Triunfo Revolucionario. Llegaban a Bayamo el 2 de enero de 1959 los barbudos de la Sierra Maestra, esos que escribieron numerosas páginas de heroísmo y valentía en las montañas del Oriente cubano.

En su trayecto, encontraban personas que salían a la carretera para saludar a los protagonistas de la liberación definitiva de Cuba.

Fidel, al frente de la Caravana de la Libertad, habla con la gente en cada parada. Con la voz apagada, ronca, después aclarada, expresa palabras sentidas en un diálogo de futuro, progreso y transformaciones.

Los guerrilleros y jefes del Ejército Rebelde se detienen en Cautillo y allí efectúan la reunión con los oficiales de la dictadura, los cuales inclinan las banderas del belicismo y entregan las armas.

Quienes observaron en esa fecha al Comandante en Jefe distinguieron cómo en la medida que se aproximaba a la gloriosa urbe, evocaba con intensidad a los jóvenes de la Generación del Centenario que bajo su dirección atacaron, el 26 de julio de 1953, la plaza militar bayamesa.

Los uniformados de verde olivo entraron con la misma gallardía que lo hicieron los mambises en octubre de 1868, cuando liberaron por vez primera a Bayamo.

La operación se realiza con sumo cuidado, pues aquí quedaba la mayor guarnición del ejército batistiano en Oriente, sin rendirse todavía, con alrededor de 2 mil 500 soldados, además de tanques y artillería.

Al llegar al costado del parque, la melodiosa Marcha del 26 de Julio es ejecutada por la banda de música, la cual interpreta la primera versión para ese formato instrumental de esa composición memorable.

Entre los objetivos del líder rebelde estaba im­pedir -con la llegada a la Ciudad Monumento Nacional- que las fuerzas del régimen establecidas en Holguín y Manzanillo se trasladaran a Santiago de Cuba.

Aquí debían tomarse el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, la estación de policía, la emisora de radio, además de asegurar la protección de los bancos, la destrucción de puentes y pasos a nivel.

Avanzada la noche, desde el ayuntamiento, Fi­del les habla a los bayameses sobre los nuevos retos. Al día siguiente penetró en el puesto de mando y dialogó con los soldados y oficiales, a quienes pidió defender la causa de la Revolución y marchar junto al pueblo en favor de la igualdad y la justicia social.

Los nativos, llenos de júbilo y fervor patriótico, despidieron al ídolo de Birán y sus hombres, quienes dejaban tras de sí a otro pueblo liberado, pero no era cualquier territorio, era el Bayamo incendiario, el lugar místico y heroico donde por primera vez en Cuba se escucharon las notas sublimes de la libertad.

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