El mejor aficionado

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Por Leonardo Leyva Paneque | 14 agosto, 2021 |
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Lo recuerdo aplaudiendo cada victoria de los atletas cubanos, una carrera de Juantorena, un golpe de Stevenson al mentón de su rival, un remate de Mireya Luis o un jonrón de Linares.

Lo recuerdo, también, sufriendo con cada derrota, aunque nunca se sintió derrotado. Al menos, eso fue lo que mostró al mundo, luego de aquel bautismo de fuego en Alegría de Pío, con su naciente Ejército Rebelde.

Lo recuerdo como principal precursor de esta obra, la que convirtió en inmensa y aglutinadora, al desterrar –de una vez y por todas- el profesionalismo y promover el deporte como derecho del pueblo, o cuando hizo hasta lo imposible por la celebración de los Juegos Panamericanos (JP) de 1991, a pesar de un duro período especial, porque no podía faltar al compromiso.

Lo recuerdo siempre al lado de los suyos, aún en las más difíciles batallas, como en el duelo con la muerte que sostenía una Tormenta (Ana Fidelia Quirot); en el acto de retiro de Félix Savón y Mireya Luis, y en el regreso a la Patria del equipo de béisbol, al término del I Clásico mundial.

Lo recuerdo, además, en el intento de extender la práctica del ajedrez por todos los rincones del archipiélago y por su incesante labor de levantar el Laboratorio antidoping de La Habana.

Y a sus 95 años, también lo imagino reflexionando sabia y oportunamente sobre la convincente demostración de nuestros atletas, en los recién concluidos Juegos Olímpicos de Tokio, desde un Gigante convertido en leyenda (Mijaín López), con su cuarta corona consecutiva, hasta el histórico oro de los canoítas y los cuatro títulos del boxeo.

Por eso y mucho más recuerdo a Fidel: el mejor y más fiel de los aficionados del deporte cubano.

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