Músico, constructor y patriota

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Por Diana Iglesias Aguilar | 1 enero, 2021 |
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El primero de enero de 1813 nace en Bayamo Manuel Muñoz Cedeño, un niño larguirucho y moreno que ambicionará la música y ella lo coronará con dones de interpretación y composición que lo harán célebre por siglos.

 

De origen humilde, familia de pardos libres con reputación por su honestidad y educación, sus padres Calixto Muñoz y Francisca Antonia Cedeño, le inocularon el respeto y deseos de ser un hombre de bien, por eso aprendió además de tocar instrumentos, la albañilería y también fue maestro de obras, que viene siendo como un ingeniero jefe, notable será su participación en la reconstrucción de Bayamo las primeras dos décadas que sucedieron a la quema patriótica de 1869, sobretodo la preservación de lugares vinculados a figuras y hechos relacionados con la revolución de 1868, porque él era quien dictaminaba que se podía o no demoler y efectuar otra construcción. No pocos enfrentamientos debió tener con las autoridades españolas por esta actitud.
Es Manuel Muñoz reconocido en la Historia de Cuba como el orquestador de la marcha guerrera La Bayamesa, compuesta por Perucho Figueredo en agosto de 1867, e interpretada por la orquesta el 11 de junio de 1868, tocada por vez primera en el Te Deum y Procesión del Corpus Christi y en presencia de las autoridades españolas, en la Parroquial Mayor de Bayamo, pero Muñoz fue e hizo mucho más por el Arte y la Patria.
Funda en Bayamo la primera orquesta de la ciudad, de música culta, sacra y popular que se convirtió en la más importante de la ciudad natal. Como director de este colectivo destaca su participación animando espacios y tertulias artísticas. Es notable compositor poético y musical entre sus obras figuran: Tema con variaciones, para clarinete; Homenaje, marcha fúnebre; Ave María y las canciones Elvira, A la luna, Hermosa rubia, entre otras.
Sacaba acordes a varios instrumentos: flauta, piano, guitarra, violoncelo, aunque fue el violín su preferido.
Fue maestro de capilla de la Iglesia San Salvador de Bayamo y a su mando como director coral La Bayamesa de Perucho fue cantada por primera vez por un coro, compuesto por doce muchachas en este sitio religioso el 8 de noviembre de 1868
Abrazó las ideas independentistas y libertarias, fue uno de los más fervientes conspiradores. Al ser tomada la ciudad de Bayamo por las tropas cubanas e instaurarse el gobierno, fue designado Regidor del Primer Ayuntamiento Libre de Cuba.
No poco se jugó Muñoz Cedeño con la guerra, en la que participó como uno más. En la manigua funda una banda de música mambisa que enardese los ánimos de los cubanos e intimida a los españoles. Pero enferma de disentería y lo retornan en muy malas condiciones a Bayamo desde donde sigue luchando en contra del colonialismo español.
En junio de 1876, durante los festejos por el Sagrado Corazón de Jesús, Cedeño tocó el himno de Perucho y el público, enardecido, lo aplaudió. De inmediato fue conducido a Manzanillo donde permaneció tres meses incomunicado y juzgado; conociendo los españoles su participación en el gobierno revolucionario, aunque se le pidió pena de muerte por fusilamiento.
Un astuto abogado consiguió su absolución alegando, entre otras atenuantes, la acción de bebidas alcohólicas, consiguió milagrosamente que fuera absuelto, y el músico volvió a su orquesta, con la cual amenizó celebraciones diversas en la ciudad.
Para Carlos Manuel de Céspedes, Manuel Muñoz Cedeño fue un aliado valiosísimo. Por diversas razones permaneció en Bayamo al retorno de los españoles y se convirtió en los ojos y oidos del Primer Presidente, pionero de la contrainteligencia pudieramos decir, a riesgo de su vida, daba informes a los mambises de los movimientos y noticias que circulan en Bayamo.
Años antes, como ejecutor y maestro de obras tuvo el mérito de desarrollar una labor encomiable al frente de la reconstrucción que se efectuó al Cementerio San Juan durante la primera mitad del siglo XIX; donde descansarían a partir de 1895 sus restos y quizás todavía están ahí.
Como hombre de su tiempo, enamorado y trabajador, en una época en que las mujeres apenas salen de casa, se le contabilizan 17 hijos cuatro con su esposa Juana Jerez; seis con Concepción Ginarte; cuatro con Manuela Rivero; uno con Manuela Cabrera Martínez (Rafael Cabrera Martínez) heredero de la música de su padre y dos con Encarnación Olave.
Muere en el mismo hogar 82 años después ( 14 de diciembre de 1895)dejando una obra artística trascendente de su época.
En Bayamo llevan el glorioso nombre del Patriota, el Museo Provincial edificado donde fuera la casa natal de Muñoz y la Escuela Profesional de Arte, donde estudian centenares de niños y jóvenes la música y las artes.

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