Partido Comunista de Cuba, unidad y continuidad revolucionaria

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 2 octubre, 2017 |
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Era la noche del tres de octubre de 1965 y en el entonces Teatro Chaplin, hoy Carlos Marx, en La Habana, se constituyó el  primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba y quedó fundado su órgano oficial, el periódico Granma, como culminación  de una etapa  determinante  de la  consolidación de la Revolución. 
En los primeros seis años después del  triunfo, el proceso cubano derrotó la agresión militar directa del imperialismo estadounidense durante la invasión mercenaria de Playa Girón, resistió  su guerra económica y destruyó a las bandas terroristas en el campo y  la ciudad, que actuaban  junto con las  redes de la CIA.

Esas batallas  se pudieron librar gracias al pensamiento estratégico del líder revolucionario Fidel Castro quien, además de liderar esas victorias,  forjó  en ellas la unidad entre las fuerzas revolucionarias  que habían derrotado a la dictadura, lo cual sería  imprescindible  para afrontar y resistir  los terribles peligros que desde el principio acecharon al proceso social cubano.

La idea de la unidad revolucionaria que presidió toda la vida del  Comandante en Jefe tuvo sus bases en el  pensamiento de José Martí, quien supo superar las divisiones internas de los patriotas cubanos de su época y fundar el Partido Revolucionario Cubano que hizo posible la Guerra Necesaria de 1895.

Pero también Fidel fue un estudioso del fracaso de ese proyecto tras la caída en combate de José Martí primero y luego de Antonio Maceo, circunstancias  que abrieron las puertas a la intervención estadounidense de 1898 y a su política de dividir  las fuerzas mambisas y liquidar sus instituciones  para  establecer la neocolonia de 1902.

Por ello, desde el inicio de los preparativos de los asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo en 1953, el máximo líder se convirtió en el  ”bordador de la unidad”  a la que atribuye    “(…) ha sido una labor del pueblo”,  como explicó  en un encuentro por el   aniversario 50 de la creación del M-26-7, en el 2005.

Aunque el líder revolucionario no solo se dedicó  a instrumentar esa política y “durante años hilvanó amorosa, lúcida y apretadamente, el tejido de la unidad de los cubanos. Lo consiguió a fuerza de ir a la vanguardia persistentemente, con su poderoso y legendario ejemplo, una honestidad a toda prueba y mucho sacrificio“,  según expresó  su biógrafa Katiuska Blanco.

Esos principios garantizaron para siempre el sensible y no exento de dificultades,  proceso de integración  de las fuerzas revolucionarias esenciales de la lucha contra la dictadura,  el Movimiento 26 de Julio, el Partido Socialista Popular y el  Directorio Revolucionario 13 de Marzo, que más tarde devinieron en las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) en 1961, del Partido Unido, de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) 1963 y  finalmente en la  fundación del Partido Comunista de Cuba (PCC) el tres de octubre de 1965.

Ese día Fidel, seguro del momento en que se encontraba, dijo: “…y puesto que es necesario que el nombre de nuestro Partido diga no lo que fuimos ayer, sino lo que somos hoy y lo que seremos mañana..”,  le preguntó al plenario: “¿Cuál es, a juicio de ustedes, el nombre que debe tener nuestro Partido?”. Los asistentes exclamaron —desde aquí y por allá: ¡Comunista!”.

Aunque otro hecho marcaría para la historia la velada del tres de octubre de 1965 cuando  esa noche el  Comandante en Jefe dio lectura a la histórica carta de despedida que le dirigió Ernesto Che Guevara, en la que renunciaba a todos los cargos  y a su grado de Comandante para ir a luchar a otras tierras del mundo.

Ante el silencio absoluto del auditorio se oían las más imperceptibles modulaciones de la voz de Fidel al leer:  “Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento, será para este pueblo y especialmente para ti. Que te doy las gracias por tus enseñanzas y tu ejemplo y que trataré de ser fiel hasta las últimas consecuencias de mis actos. (…)”.

Así transcurrió el nacimiento  del Partido Comunista de Cuba hace 52 años,  como el  heredero  y continuador de más de un siglo de tradiciones revolucionarias y comprometido  de forma indisoluble con los principios del internacionalismo proletario.

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