Pervive el ejemplo de Agramonte, aquel diamante con alma de beso

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Por Luis Morales Blanco | 8 junio, 2018 |
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Monumento erigido a la memoria de Ignacio Agramonte, en Camagüey

Tan solo 32 años bastaron a  Ignacio Agramonte y Loynaz  para argumentar  la  frase martiana que lo definió como “diamante con alma de beso”, pues el insigne  patriota camagüeyano brilló en todas las facetas de su vida  sin que su fulgor inquebrantable opacara a otros, simplemente iluminaba con luz clara y pura.

Se distinguió Agramonte por sus grandes amores: Cuba,  sus hijos, Amalia Simoni  y Argilagos, la idolatrada novia y después esposa a quien solo el amor por Cuba y su libertad podía disputarle los afectos compartidos por su pasión por la verdad y la justicia.

El 11 de noviembre de 1868,   un mes después  de la proclamación de Independencia o Muerte, con la cual Carlos Manuel de Céspedes dio inicio a la lucha, Agramonte se sumó a los patriotas que desde la manigua se prepararon para arrojar de nuestro suelo, mediante la lucha armada, al poder colonial español.

Su valor a toda prueba se puso de manifiesto en múltiples ocasiones, en especial durante el rescate del brigadier Julio Sanguily y que el mismo define así: “Salí con ellos logrando alcanzar al enemigo en la finca de Antonio Torres, cargué por la retaguardia el arma blanca y los nuestros sin vacilar ante el número ni ante la persistencia del enemigo, se arrojaron impetuosamente sobre él, lo derrotaron y recuperamos al Brigadier Sanguily y cinco prisioneros más. Nuestra persecución le siguió a larga distancia hasta dispersarle por completo. El enemigo dejó once cadáveres. (…) Mis soldados no pelearon como hombres: ¡Lucharon como fieras!”

El poeta y patriota Rubén Martínez Villena refleja el hecho con gran carga lírica y épica: Marchaba lento el escuadrón riflero:/ciento veinte soldados de la España/que llevaban, cual prueba de su saña,/a Sanguily, baldado y prisionero./Y en un grupo forjado por Hornero,/treinta y cinco elegidos de la hazaña,/alumbraron el valle y la montaña/al resplandor fulmíneo del acero./Alzóse un yaguarama reluciente,/se oyó un grito de mando prepotente/y un semidiós, formado en el combate/ordenando una carga de locura,/marchó con sus leones al rescate/y se llevó al cautivo en la montura!

El día 11 de mayo de1873, muy temprano en la mañana, Ignacio Agramonte preparó a sus hombres para el combate; este día fue su último combate, en medio del fragor fue abatido por balas enemigas y cayó inerte de su caballo.

¡Una pérdida irreparable!

Este  8 de junio los juristas cubanos celebran su día,  en honor de Agramonte pues un día como hoy hace  153  años defiende su tesis para recibirse como abogado en un ejercicio académico, en varios momentos de su intervención aludió al régimen español, la falta de libertades, de derechos y de justicia, indicando en su parte final la necesidad “de un cambio revolucionario de la sociedad en Cuba”. Esta disertación es considerada un discurso revolucionario.

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