Precios topados, ¿solo en pizarras?

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Por Andy Zamora Zamora | 17 abril, 2018 |
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FOTO Rafael Martínez Arias

Tomaaaate, lechuuuga, berenjeeeena, gritaba a todas voces el carretillero, como a quien apremia el dinero y en toda la mañana no ha recibido respuesta a su pregón. ¿Cuánto cuestan?- le pregunto – Bueno eso depende. ¿A qué se refiere? – A la calidad y… -En la tablilla hay un solo valor – Si pero…

Los precios variables en dependencia del producto y de quién comercializa, preocupa a no pocos cuando se disponen a adquirir algunas de las ofertas, principalmente del sector no estatal.

Joaquín, por ejemplo, decidió salir a comprar vegetales para complacer a su familia en una cena. Como de costumbre recorrió las calles hasta llegar a uno de los sitios donde los cuentapropistas ofrecen la hortaliza fresca, pero para su sorpresa, el monto no estaba en correspondencia con el establecido en la pizarra.

Igual ocurrió a Elianis, una joven presta a elaborar un dulce de piña y al pedir una, escuchó la explicación del vendedor cuando aseguraba que  costaba 15 pesos y la fruta solo alcanzaba poco más de medio kilogramo.

Tales casos suscitan debates en diversos lugares de Granma, donde, amén de los esfuerzos de los máximos dirigentes, las ofertas estatales aún están por debajo de las propuestas de los gestores del sector privado, que benefician más el consumo de quienes poseen mayor recaudo financiero.

Por acuerdo número 633 del Consejo de Administración Provincial del Poder Popular en este oriental territorio cubano, a partir del 30 de diciembre  de 2016, comenzaron a regir  regulaciones de precios para la comercialización de productos agropecuarios y bebidas, en mercados de oferta y demanda (concurrentes) y carretilleros.

Desde entonces, la vigilancia de autoridades e  inspectores, frecuentes multas, decomisos y retirada de licencias, no han podido frenar definitivamente la especulación, que sea válido aclarar, resulta un fenómeno inducido no por todos, pues otros trabajadores acogidos al nuevo modelo económico mantienen como bandera la honestidad.

Convoco a la reflexión en primera instancia a los malintencionados, los cuales dejan de lado los valores éticos para robustecer sus bolsillos, sin vacilar ante las normas, donde constan cifras topadas para cada productoi.

Los inspectores estatales cumplen sus funciones, pero al marcharse, los vendedores engañan al pueblo, mientras muestran los bienes con los valores aprobados y luego triplican el número para evadir las multas y por ende, el fisco.

Una labor colectiva puede constituir la clave del éxito en una relación social donde prevalecen los mercantes con opciones a veces de gran aceptación, pero incompatibles con los salarios medios alcanzados por los clientes en zonas poco productoras.

Los intercambios mercantiles en el sistema socialista incluyen un perfeccionamiento constante, para el cual, además de las regulaciones, es preciso promover la cultura del respeto al derecho de los usuarios.

Los cuentapropistas ganan el mérito de ofrecer alimentos variados y de preferencia para los consumidores, pero ante las violaciones a la ley lo más oportuno para todos será cerrar las puertas a los anunciantes de opciones donde cuesta más la mecha que el candil, como refiere el conocido refrán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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