Una masacre a balazos

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 20 abril, 2020 |
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FOTO/ Autor desconocido

Los días que sucedieron al frustrado ataque del 13 de marzo de 1957 al Palacio Presidencial en La Habana fueron aprovechados por la tiranía para intensificar la persecución a los sobrevivientes de aquella acción.

Después de estos sucesos, el 24 de marzo de 1957 hubo una reunión  para reestructurar la dirección  del Directorio Revolucionario, recayendo la Secretaría General de la organización, así como la Presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria en Fructuoso Rodríguez, y como miembros del ejecutivo, Faure Chomón, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado ( Machadito ), Joe Westbrook y Enrique Rodríguez Loeches.

Jóvenes revolucionarios que encontraron apoyo y refugio en el pueblo. Jóvenes que eran como hermanos. Algunos de ellos se veían obligados a moverse constantemente de un lugar a otro.

Carbó tenía dos disparos de balas que había recibido durante el asalto al Palacio Presidencial.  Por su parte Machadito, en esa misma acción recibió una herida de bala en una de sus piernas.  Fructuoso y Joe habían acompañado al líder de la Federación Estudiantil Universitaria  en el asalto a la cabina de Radio Reloj.

José Machado Rodríguez, “Machadito”, Juan Pedro Carbó Serviá y Fructuoso Rodríguez Pérez eran destacados dirigentes del movimiento estudiantil revolucionario, al que se habían incorporado desde el mismo día del golpe militar dado por Fulgencio Batista en 1952.

Llegan el 19 de abril al apartamento 201 del edificio situado en la calle Humbolt 7 en La Habana, sitio conseguido por otro apasionado en hacer justicia: Joe Westbrook Rosales.

Ese mismo día, para mal de todos visitó el local Marcos Rodríguez, “Marquito”, quien no gozaba de la confianza de ellos.

Marquito se retira y rápidamente entra en contacto con el sicario Esteban Ventura Novo, quien integraba las fuerzas de la policía desde la década del 30. Además ocupó la jefatura de la Quinta Estación de Policía de La Habana, y el cargo de coronel durante la dictadura batistiana.

La delación fue evidente. En horas de la tarde del 20 de abril los jóvenes son asaltados por los esbirros al servicio de la dictadura de Batista.

Vecinos que vivían en los alrededores declararon: que la policía  y sus secuaces empezaron a romper violentamente con las culatas de sus armas la puerta del apartamento donde estaban los jóvenes revolucionarios.

Sobre este hecho Rodríguez Loeches participante en el asalto a Radio Reloj, declaró:

Joe llegó al apartamento de abajo y pidió a la inquilina que lo dejara estar en la sala como si fuera una visita. Poco después tocaron a la puerta y él abrió. Fue reconocido por los sicarios y aunque ella suplicó por la vida del joven, este apenas caminó unos pasos, cuando una ráfaga de ametralladora segó su vida, tenía poco más de veinte años

Con respecto a Juan Pedro Carbó Serviá, dijo:

Cuando Carbó se dirigió al elevador, fue interceptado poco antes de llegar y ametrallado a boca de jarro de forma inmisericorde. Todo su rostro y su cuerpo quedaron acribillados a balazos

Por su parte Machadito y Fructuoso se lanzaron por una ventana hacia la planta baja. Cayeron en un pasadizo tan largo y estrecho que pertenecía a una agencia de automóviles. Al final había una verja con un candado que les impedía la salida. Como el lugar desde el que cayeron era demasiado alto, Fructuoso yacía inconsciente en el suelo, mientras Machadito hacia esfuerzos supremos por levantarse sin lograrlo, pues se había fracturado los dos tobillos. Los sicarios introdujeron una ametralladora entre los barrotes y ambos fueron rematados a balazos.

Conscientes del momento que vivían tratan de escapar, mas todo fue imposible.

Los cuatros fueron masacrados a balazos. Los enemigos saciaron su sed de venganza arrastrando sus cadáveres por la acera en señal de escarmiento para quienes protestaban indignados ante el crimen.

Estos jóvenes se convirtieron en mártires y ejemplo para quienes lucharon hasta alcanzar la victoria el Primero de enero de 1959. Hoy nuestro pueblo los recuerda con el respeto y la admiración que ellos merecen pues ofrendaron sus vidas en pos de una causa justa.

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