El 21 de septiembre de 1958, hace 68 años, se desarrolló en Soledad de Mayarí Arriba, ubicado en el Segundo Frente Oriental Frank País, de Santiago de Cuba, el Primer Congreso Campesino en Armas, presidido por el entonces Comandante Raúl Castro Ruz.
Se convertía este poblado en escenario de un extraordinario evento con la asistencia de 160 delegados y 500 invitados de la zona de Guantánamo, Baracoa, Alto Songo, Yateras y Mayarí.
Desde que se fundó el Segundo Frente Oriental Frank País, se crearon numerosos Comités de campesinos, más tarde se estableció el Buró Agrario; todo ello con el fin de prestar atención a los problemas del campesino y vincularlo con el Ejército Rebelde.
La celebración del Congreso tenía como objetivos aplicar leyes agrarias de carácter revolucionario en las áreas liberadas, afianzar las relaciones entre el Ejército Rebelde y los campesinos y organizar vías eficientes para dar a conocer el programa de la Revolución, así como el papel del campesino en la lucha que se desarrollaba en las montañas de la Sierra Maestra.
El Congreso Campesino en Armas tuvo como antecedente histórico más inmediato la reunión de cosecheros de café efectuada el día 25 de mayo de 1958 en las Vegas de Jibacoa, Sierra Maestra, convocada por el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, Fidel Castro Ruz.
Recorriendo distantes caminos, desafiando las inclemencias del tiempo y eludiendo la persecución y asedio del enemigo, hombres y mujeres llegaron para participar en el Congreso Campesino en Armas.
Raúl Castro al intervenir expresó: “El principal objetivo de los campesinos debe ser en este momento, forjar y mantener la unidad. He aquí lo principal si queremos lograr el triunfo y conquistar nuestras demandas. Las fuerzas reaccionarias que se mueven contra la unidad, pueden ser derrotadas si nos mantenemos unidos y vigilantes.
“El Ejército de la dictadura es el enemigo del pueblo, y el Ejército Rebelde es el ejército del pueblo, de ustedes, de los campesinos. Por eso debe mantenerse esa estrecha alianza que existe entre ambos.
“Hay otra clase explotada (…) humillada, perseguida, oprimida, que es poderosa y grande, y hace esfuerzos por unirse también en la clandestinidad, y es la clase obrera. Obreros y campesinos tienen el mismo destino, deben unirse para luchar.”
Entre los acuerdos que se adoptaron en el Congreso estuvieron la creación de una ley de Reforma Agraria que favoreciera al campesino desposeído, la creación del Comité Regional campesino que trabajaría junto al Buro Agrario del Ejército para buscar solución a los problemas de los caficultores, aseguramiento y extensión de los servicios educacionales y el fomento de comisiones juveniles y femeninas.
Días después de concluido el Congreso Fidel Castro promulgó la ley número 3 del Ejército Rebelde denominada Primera Ley Revolucionaria Agraria, que concedía la propiedad de la tierra que cultivaban los poseedores de las tierras del Estado, así como de los arrendatarios , subarrendatarios, aparceros, colonos, subcolonos y precaristas que ocupen lotes de cinco o menos caballerías de tierra.
El Congreso Campesino en Armas constituyó una victoria política del movimiento revolucionario y contribuyó a fortalecer los lazos entre las fuerzas rebeldes y el campesinado.
Fue además un paso significativo en el camino que forjó la alianza obrero y campesina, cimiento sobre el cual se levantaría a la postre el Estado Cubano.
El Congreso fue presidido por el Comandante Raúl Castro Ruz, como jefe del II Frente, y por Pepe Ramírez Cruz, presidente del Comité Regional Agrario. Presentes también el Capitán Jorge Serguera Riverí, como Jefe del Buró Agrario, y Vilma Espín Guillois, Delegada del Movimiento 26 de julio (M-26-7) en el II Frente.
Junto a ellos estuvieron el Comandante Carlos Iglesias Fonseca y los capitanes Reinerio Jiménez Lage, Augusto Martínez Sánchez, Demetrio Montseny Villa, Lester Rodríguez Pérez, Antonio Pérez Herrero, y otros jefes.
Constituyó el Congreso uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia porque fue una acción firme con la idea de sumar a las masas a la lucha armada y luego a las tareas revolucionarias después del triunfo del primero de enero de 1959.
