Desde muy pequeña, Marlen Milady Sánchez Pérez se sentía atraída por los bomberos. “Siempre me llamaron mucho la atención, pero no me veía reflejada en ese oficio”, reconoce.
Natural de Buey Arriba, expresa que en su municipio no existía comando de bomberos y, además, desconocía que las mujeres pudieran desarrollar esa labor. Hoy, con 24 años, es jefa de carro de un pelotón en el Cuerpo de Bomberos Provincial de Bayamo, y una de las pocas mujeres que lidera un equipo de extinción en Cuba.
De la biología a las llamas
Marlen terminó satisfactoriamente el preuniversitario y comenzó a estudiar la Licenciatura en Educación en la especialidad de Biología, pero no se sintió a gusto, por lo que decidió explorar lo que le fascinaba desde niña.
“No me gustaba. Tras unos meses, decidí incorporarme al Servicio Militar Voluntario y, por la Orden 18, cambiar el rumbo de mi vida profesional.
“Entonces, me propusieron pasar el ejército en el Comando de Bomberos provincial. Estaba súper contenta”, subraya.
Al llegar, su oficio inicial fue telefonista en el puesto de mando provincial. “Estar sentada detrás de un manófono me sentía inactiva, a pesar que sabía lo importante del trabajo. Fue entonces que le dije al jefe que quería entrar en acción, sentir la adrenalina del fuego”, recuerda.
Una lección que no se olvida
Su oportunidad llegó un día de práctica con unos alumnos de la Escuela Nacional del Bombero; fue entonces que el Teniente Coronel Orestes López Álvarez, jefe del Cuerpo de Bomberos en Granma, le ofreció participar.
“Me puse unos medios de protección que me prestaron, y aunque me quedaban grandes, no impidió ganar la competencia. Ese día gané lo que había anhelado toda mi vida, por lo que me propusieron pasar a la Escuela Nacional”, relata con una sonrisa.
Aunque sus padres se resistieron al inicio por lo peligroso que resulta el oficio, están orgullos hoy de tener una hija valiente.
“Mi padre soñaba con que fuera estomatóloga. Me decía que se iba a arreglar la boca conmigo… todavía está esperando. Aun así, me apoyaron”, revela, y sonríe.
Sánchez Pérez trabajó luego en el comando del Mariel y fue trasladada a Bayamo, donde lleva seis años como bombera activa.
El primer incendio
“Fue en una casa, en una comunidad de La Habana. El incendio se propagó a una vivienda de madera y guano, y el dueño solo pudo sacar una bicicleta 28 y una hormiguita. Ese momento me partió el alma.
“Cada vez que llegamos a un nuevo encuentro con las llamas, es doloroso ver fallecida una persona, o un animal; de igual manera, cuando compartimos la tristeza de quienes pierden su hogar o bienes materiales, y aunque aparentamos ser fuertes, nos duele y nos afecta sentimentalmente”, afirma con la voz quebrantada.
Rutina exigente
Marlen describe el día a día como una rutina exigente, pero de importancia para la preparación: “Por la mañana, después del aseo personal y la formación, realizamos acciones prácticas de simulación de incendios, salvamento y rescate, así como de despliegues combativos.
“También ejercicios de resistencia en la pista, plancha, abdominales, trabajo con escaleras y mangueras, y por la tarde, repetimos los entrenamientos con el objetivo de lograr habilidad en el terreno.
“Aprendemos de física, química, táctica ante el fuego, seguridad y protección contra incendios, y las normas de prevención. Lo importante es la superación diaria para llegar mejores preparados”, explica.
Agrega que estar frente a un pelotón es un estrés constante, porque hay que lidiar con varias situaciones a la vez, en un escenario real.
“Entreno a los soldados de mi pelotón que pasan el servicio militar. Ellos tienen que saber la técnica, lo que puede suceder por un descuido o un error; ser capaces con serenidad de realizar una exploración rápida en el terreno para proceder al despliegue de los medios”, argumenta.
Romper estereotipos
“Hay personas que no creen que una mujer puede ser bombera. Siempre va a existir quien te apoya, aplauda y admire, pero hay otras que te critican. Dicen que nosotras no tenemos fuerza en los brazos, pero mi concepto es que la fortaleza está en el corazón, en la voluntad y el empeño.
“El miedo es real. Siempre se siente temor y, aunque no somos superhéroes, sí transformamos el miedo en valor por el gesto humanista que entraña ser bombero.
“Cuando salgo a un incendio, me concentro en lo que tengo que hacer. Me olvido de todo: de mi mamá, de mi papá, de mis amigos; solo pienso en socorrer y apagar la voraz llama”, expresa.
La campana suena
El protocolo es claro: “El telefonista de guardia recoge los datos donde se da el hecho, dirección y ubicación del lugar y las características del incendio. Luego, suenan la campana y la alarma, y salimos a la velocidad de la luz. Aquí cada segundo cuenta.
“Los operadores de los carros calientan los motores, mientras los bomberos nos ponemos los medios de protección: overol, capa, casco, cubre pantalón, botas y guantes. Y dependiendo del tipo de incendio, decidimos la técnica a utilizar.
“Para los bomberos la prioridad es salvar las vidas humanas. Si hay víctimas atrapadas y fuego en expansión, primero protegemos las personas, por tanto el honor, la disciplina y la valentía son nuestra consigna, junto a la lealtad”, manifiesta.
Procesar el trauma
“Los incendios dejan huellas, cicatrices en el alma. Cada vez que salimos a enfrentar las llamas me preparo psicológicamente porque nunca se sabe lo que nos tiene reparado el destino.
“Ves partir vidas, se pierden recursos materiales y viviendas, por eso trato de enfocarme en mis objetivos para superar el trauma”, asegura.
Marlen se siente orgullosa de no haber desistido de la especialidad de bombera. Ahora estudia Ingeniería en Seguridad y Protección contra Incendios y otras Emergencias por encuentros en La Habana. Sus aspiraciones son seguir preparándose.
“Ya estoy en quinto año. Esta carrera abre las puertas a la dirección técnica del Cuerpo de Bomberos.
“El bombero lo es de corazón, porque se está jugando la vida y tiene que estar dispuesto a morir por salvar las víctimas del fuego, o la de un compañero.
“Los bomberos dejamos huellas en el terreno por las pisadas entre lo mojado y calcinado, y también en el alma de las personas, víctimas de las llamas”, significa.
