“Nada tengo mientras no tenga Patria”, sentenció Francisco Vicente Aguilera

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 22 febrero, 2026 |
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Un día como hoy 22 de febrero de 1877 fallecía en Nueva York, víctima de un cáncer en la laringe uno de los tantos cubanos que anhelaban la independencia de Cuba del yugo colonial español: Francisco Vicente Aguilera.

Perdía Cuba un hombre poderosamente rico, dueño de varias fincas dedicadas a la ganadería, producción de caña, ingenios azucareros, tiendas y almacenes en la zona de Jiguaní, Manzanillo, Bayamo y Las Tunas. Aunque sus riquezas eran grandes, mayor era su deseo de independencia.

Quien alcanzó los grados de Mayor general, abogado y político cubano desde fecha muy temprana se enrola en la conspiración de Joaquín Agüero, en el Camagüey, protagonista del primer movimiento anticolonialista en Cuba. No lo secundó porque su madre se hallaba en un estado muy delicado de salud y no tuvo el valor de abandonarla.

Encabezó el primer Comité Revolucionario Cubano, fundado en Bayamo con la participación de Pedro Figueredo y Francisco Maceo Osorio, quienes promovieron entre muchos cubanos de la región y de otros departamentos de la Isla, la idea de iniciar los preparativos de una guerra con España. Además presidió la Junta Revolucionaria de Oriente.

“Nada tengo mientras no tenga Patria”, fue el pensamiento que lo impulsó a secundar el movimiento revolucionario que encabezaba Carlos Manuel de Céspedes en 1868 para retar el colonialismo español.

Incontables fueron las jornadas de gloria y sacrificio que vivió el notable bayamés para dar muestras de su desinteresada abnegación por la patria agredida. Con fervor patrio llamó a los que convocaban a la desunión… “Acatemos a Céspedes si queremos que la Revolución no fracase”.

Manuel Sanguily, otro prócer destacado de las primeras campañas por la independencia, escribió sobre él: “No sé qué haya una vida superior a la suya, ni hombre alguno que haya depositado en los cimientos de su país más energía moral, más sustancia propia, más privaciones a su familia adorada, ni más afanes ni tormentos del alma”.

Céspedes lo nombra General y luego fue lugarteniente del Estado de Oriente y Secretario de la Guerra. Después la Cámara de Representantes lo nombró Vicepresidente de la República.

En 1871 fue elegido por Céspedes Agente General en los Estados Unidos, en un esfuerzo por neutralizar a quesadistas y aldamistas que se combatían en la emigración, quienes con la disputa no aportaban recursos a la guerra. El intento fracasó. Los dos bandos abandonaron al insigne bayamés.

En enero de 1872 Céspedes le escribe a Aguilera pidiéndole regrese a Cuba, en vistas de que no llegaba ningún armamento a la Isla y teniendo en cuenta que en su condición de Vicepresidente de la República, no es conveniente una estancia prolongada en el exterior.

Aguilera  quiere volver con una gran expedición cargada de armamentos y en tal sentido agota todas las posibilidades. Se marcha a Europa con la esperanza de encontrar otra reacción entre los cubanos residentes allá.

De su frustrada idea dijo “(…) los ricos cubanos que se hallan en Europa, fueron educados por el gobierno español para esclavos, disipan sus rentas en los placeres de París; pero, no ayudan a la Revolución.”

A partir de 1874 no descansará en su gestión de regresar a Cuba al mando de una gran expedición. Viaja de un lugar a otro uniendo blancos y negros; pero su deseo es un fracaso.

Entonces escribe a   Miguel Aldama: (…) mis deseos de ir a Cuba no son para ocupar la Presidencia, (…) es para cumplir un deber sagrado; fui un iniciador de la Revolución (…) he lanzado a ella muchos hombres (…) voy a compartir con el Ejército los sinsabores de la guerra o a morir.

Duras pruebas vivió Aguilera, primero en la contienda y luego en la emigración. En medio de evidente pobreza, solo y decepcionado con el anhelo de ver su Patria libre murió hace 149 años aquel hombre al que José Martí calificó como “el millonario heroico, el caballero intachable, el padre de la República”.

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