La Coubre: dolor desgarrante que lacera

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 4 marzo, 2026 |
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El 4 de marzo de 1960, hace 66 años la CIA ordena hacer estallar el buque francés La Coubre en el puerto de La Habana, uno de los más deplorables y devastadores actos terroristas llevados a cabo contra la Revolución Cubana.

Dos detonaciones desgarraron la tranquilidad que había en el muelle habanero. El lugar se ensombreció. La muerte y el dolor ocuparon aquel espacio.

Era su segundo viaje a la isla caribeña procedente de los puertos europeos de Hamburgo, Amberes y Le Havre.

El día transcurría tranquilo y los trabajadores designados para esa labor eran los habituales. Disimiles medidas de seguridad se pusieron en práctica para proteger la operación, restringir el acceso al lugar y prevenir incendios y accidentes.

Un centenar de muertos, incluyendo 34 desaparecidos, alrededor de 400 heridos o lesionados, decenas de ellos incapacitados de por vida, y como consecuencia, varias mujeres viudas y más de 80 huérfanos.

Una enorme columna de humo se apoderó del cielo.

Este acto de sabotaje estuvo a cargo de William Alexander Morgan, actuando bajo órdenes de la CIA.

Miembros de la Policía Nacional Revolucionaria, jefes, oficiales y combatientes del Ejército Rebelde, bomberos y personal de la Cruz Roja, acudieron al muelle y de manera espontánea y solidaria también se presentaron vecinos y trabajadores para socorrer a las víctimas.

Una manifestación popular de rechazo a la política de los Estados Unidos contra el naciente proceso revolucionario, constituyó el sepelio de los caídos ese día en cumplimiento de su deber.

El 5 de marzo de 1960 en el sepelio de las víctimas de la nave La Coubre, el Comandante en Jefe Fidel Castro en su discurso en el acto póstumo a los fallecidos en el sabotaje, pronuncia por primera vez la frase Patria o Muerte. En esa ocasión dijo: “Ahora libertad quiere decir algo más todavía. Libertad quiere decir Patria, y la disyuntiva nuestra será ¡Patria o Muerte!”

Un primer viaje lo había realizado en octubre de 1959, transportando desde Bélgica un cargamento de armas hacia Cuba sin ningún contratiempo en cumplimiento del acuerdo firmado con la industria bélica de ese país, el cónsul y otros diplomáticos estadounidenses ante el Ministerio de Relaciones Exteriores belga y la fábrica productora de los modernos Fusiles Automáticos Ligeros.

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