
“Cada periodista debe ser un gladiador contra las cosas que a su juicio marchan incorrectamente. Cada periodista es también un luchador porque las cosas marchen bien, un creador de la nueva sociedad”, expresó el Líder Histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, en el discurso del V Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, en el Palacio de las Convenciones, en octubre de 1986.
Atemperado a nuestra realidad, el Comandante, en ese encuentro con la prensa cubana, señaló que el periodista debe analizar, criticar, orientar, educar (….) tiene que estar alerta contra lo que perturbe la marcha en lo económico, en lo social y lo que contribuya a corromper.
La prensa cubana vive hoy una tensión evidente en una sociedad en crisis, marcada por una economía de guerra, constantes bombardeos mediáticos y de cambio permanente, que impacta de manera directa en cómo la ciudadanía comprende su realidad y participa en ella.
En este contexto, a propósito del 14 de Marzo, Día la prensa cubana, urge actuar en un modelo de prensa pública que represente la agenda popular, fiscalice la gestión y participe en las corrientes de opinión de la sociedad, y no en un periodismo de calco y repetición que favorecen el triunfalismo, la omisión del conflicto y una relación demasiado complaciente con las instituciones.
Nuestra sociedad reclama una prensa que acompañe los giros de la realidad con la misión de defender la verdad, pero también de problematizar, de incomodar cuando sea necesario, y de abrir caminos de reflexión.
En ese sentido, la Ley de Comunicación Social reconoce a la prensa como un mecanismo de control social, de rendición de cuentas y de información como bien público, no como mercancía que se prostituye al mejor comprador.
La Cuba de hoy no es la de hace algunos años, se ha vuelto más tensa y vulnerable a las campañas de manipulación y odio libradas, sobre todo, en las redes sociales, tanto desde el propio país como de los enemigos del exterior.
Una prensa, en ese complejo escenario, que solo repita consignas o esconda los problemas, deja enormes vacíos que otros llenan con desinformación, face news, narrativas interesadas en hacer creer que el socialismo en Cuba es un sistema fallido y otras lecturas abiertamente hostiles, en contra de la nación caribeña.
La propia noción de prensa pública, defendida por estudiosos del gremio, como el Doctor Julio García Luis, subraya que los medios son de la sociedad organizada y no de grupos de poder.
El relevante periodista, Premio Nacional de Periodismo José Martí, Por la Obra de la Vida en 2011, señaló además que la prensa no sea utilizada como un apéndice divulgativo o un aparato de propaganda, visión instrumental y errónea que ha erosionado la esencia del ejercicio periodístico.
Transformar este panorama exige algo más que un buen artículo aislado, requiere cambiar el diseño editorial, la gestión y la cultura profesional de los medios.
En lo editorial, apremia producir contenidos específicos para multiplataformas, con lenguaje y formatos propios de la comunicación contemporánea, sin renunciar al rigor ni al análisis profundo que permitan desmontar mentiras y explicar complejidades.
En cuanto a la gestión, los medios necesitan autonomía real que no se reduzca a criterios económicos, sino que se traduzca en capacidad para investigar, preguntar y señalar los errores sin que las estructuras administrativas se conviertan en censores de prensa.
El cambio, también transita por los periodistas: formarse mejor, sacudirse las inercias del triunfalismo, entender la crítica como parte del compromiso revolucionario, y asumir que su responsabilidad principal es con el pueblo, sin apartarse de su misión: defender los valores, la identidad cubana, nuestro Partido y Gobierno, pero -sobre todo- la Revolución.
Si el marco jurídico actual define a la prensa como mecanismo de control popular y si el modelo proclamado es el de una prensa pública para el socialismo, toca al gremio, a sus organizaciones y directivos convertir esa letra en práctica cotidiana; de lo contrario, otros seguirán conquistando el lugar simbólico que la prensa cubana nunca debió ceder.
