Hoy concluye en Manzanillo la 54 edición de la Jornada Nacional de Homenaje a Manuel Navarro Luna, dedicada al 60 aniversario de su fallecimiento, el centenario de José Manuel Poveda, el natalicio del centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y los 15 años de la muerte de Julio Sánchez Chang, escritor manzanillero y presidente de la Uneac hasta su fallecimiento.
Manuel Navarro Luna, falleció el 15 de junio de 1966, a la edad de 72 años. Desde muy joven evidenció sus cualidades como poeta con una formación autodidacta.
En 1915 se da a conocer en el mundo poético cuando publica sus primeros versos en las revistas manzanilleras Penachos y Orto. Navarro Luna fue director de La Defensa y de La Montaña. Además fundó una filial de la Asociación de la Prensa y la Biblioteca Pública José Martí. En 1919 publica su primer libro titulado Ritmos Dolientes.
Le sigue Corazón Adentro en 1922 que lo llevo a la fama al recibir elogios de figuras tan prominentes como Bonifacio Byrne, Fernando Ortiz y Enrique José Varona.
Entre 1925 y 1927 se publicaron otros títulos como Siluetas Aldeanas, y Refugio, un poemario de amor. En 1928 al editarse el libro Surco, fue llamado a la capital por la intelectualidad de vanguardia, entre ellos Rubén Martínez Villena y Pablo de la Torriente Brau, para convertirse en uno de ellos.
A pesar de la fama alcanzada no dejó de ser fiel a su origen y escribió otros muchos libros de versos de temas populares y políticos y fue quizás uno de los bardos más leídos de su tiempo por la juventud. En 1936 su libro La Tierra Herida le volvió a ganar el respeto de la crítica especializada.
Se relaciona con la actividad revolucionaria cuando participa en un acto organizado por Agustín Martín Veloz, en Manzanillo para recordar el Día Internacional de los Trabajadores.
Allí leyó el soneto titulado Socialismo poema donde reflejaba cuál era su verdadera vocación revolucionaria.
Vano es luchar: La podredumbre suma
todo lo invade y lo corrompe todo.
Si el mar no forma en la ribera espuma
es porque la ribera tiene lodo.
Impera la estulticia de tal modo
que a su presencia la verdad se esfuma.
El que lucha se queda en un recodo
del camino, tendido entre la bruma.
Mientras la humanidad no se renueve,
mientras al hambre por demás aleve
el hombre tema como a un negro abismo,
no alzará su bandera victoriosa,
su bermeja bandera esplendorosa,
el Supremo Ideal del Socialismo.
En 1930 se une al Partido Comunista de Cuba y participa en actividades contra la dictadura de Gerardo Machado y la amenaza nazi-fascista que hostigaba al mundo por esos tiempos.
Trabaja en la primera alcaldía comunista de Cuba encabezada por Paquito Rosales, donde realiza una destacada labor. Luego del triunfo revolucionario de 1959, integró las milicias nacionales y participa en la limpia del Escambray y en la victoria de Playa Girón.
Aporta sus conocimientos en numerosas publicaciones nacionales como: Revista de Avance Letras, Social, Renacimiento, Unión, Bohemia, La Gaceta de Cuba, Verde Olivo y Hoy.
Uno de sus más significativos poemas es el titulado “El General Antonio”. Le siguieron otros como: Corazón Abierto (1922), Refugio (1927), Surco (1928), Siluetas Aldeanas (1929), Cartas de la Ciénaga (1932) Pulso y Onda (1936) La Tierra Herida (1943)
Aun quebrantada su salud que requiere de cuidados especiales Manuel Navarro Luna continuó ofreciendo charlas, conferencias, recitales y se mantuvo colaborando en distintas publicaciones cubanas hasta que se produjo su muerte, en la ciudad de La Habana.
Cada año se realiza una peregrinación hasta el lugar donde reposan sus restos y se entrega el premio Manuel Navarro Luna a los poemarios inéditos mejor logrados en la Isla.
