
Aunque el movimiento atlético de Cuba conservó el tercer puesto por países en la edición XXV de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, vio trunca su aspiración de acercarse al desempeño de San Salvador 2023.
La versión que acaba de concluir en Santo Domingo es otra muestra del descenso de nuestro deporte en el concierto internacional, durante los últimos años, a la par de la progresión en el área y de su nivel competitivo.
El decrecimiento en número de preseas fue notable (196 a 155), incluyendo las de oro en más de 20 (74 a 51), a pesar de inscribir una delegación similar en cantidad de atletas a la de hace tres años.
La embajada tampoco pudo evitar alejarse del segundo lugar ocupado por Colombia, que elevó de 87 a 91 el total de premios dorados. Mientras, Venezuela (de 32 a 49) y República Dominicana (de 25 a 46) recortaron diferencias desde el cuarto y quinto escaño, respectivamente.
Las causas de ese declive son más que conocidas, desde la constante salida de deportistas por diversos motivos, hasta las carencias y dificultades que enfrentan en el entrenamiento diario quienes deciden quedarse, además de las que sufren como cubanos.
Pero el Inder, antes del inicio de los Juegos, ratificó las intenciones que llevaban los casi 500 competidores a la urbe dominicana: conseguir alrededor de 62 coronas, lo que terminó siendo una quimera.
Tal vez faltó objetividad en los análisis. Incluso una huida numerosa de canoistas que intervenían días antes en una parada de la Copa mundial, en Montreal (Canadá), que luego acogió el Campeonato Panamericano, pudo haber influido, pero no fue la razón fundamental.
Algunos deportes aportaron menos de lo que se esperaba, pero el boxeo resultó la gran decepción, al quedar demasiado lejos de lo alcanzado en la versión anterior, con ¡un solo título!, y el béisbol, que salió sin medallas, luego de ofrecer su peor demostración del torneo, al caer (1×9) en la disputa del bronce ante Puerto Rico.
En cambio, la lucha sí respondió a los pronósticos, aferrándose a la cima por países con una decena de metales dorados y el liderazgo del estilo grecorromano y de la libre femenina.
Igual de importante resultó la contribución del judo, con seis monarcas, para imitar a los luchadores en la batalla por selecciones; en esa porfía el atletismo cedió ante los locales, a pesar de los 10 campeones que emergieron del estadio Félix Sánchez.
El canotaje (5), el remo (4) y el taekwondo (3) también contribuyeron; y entre las disciplinas colectivas, sobresalían el balonmano y el hockey sobre césped, que dominaron en uno y otro sexo.
Aunque haya perdido la hegemonía que mantuvo por muchos años y, poco a poco, haya dejado de ser potencia mundial, el deporte cubano intenta salir a flote en las condiciones actuales.
Para muchos seguidores, tanto dentro como fuera de la Mayor de las Antillas, Santo Domingo 2026 fue un naufragio; en cambio, para los más optimistas una lección de perseverancia porque aquí seguirán surgiendo campeones.
