“Juan Manuel Márquez Rodríguez”, hombre digno, periodista y martiano

Share Button
Por Gislania Tamayo Cedeño | 3 julio, 2026 |
0

El 3 de julio de 1915 nació en la playa de Santa Fe, Juan Manuel Márquez. Hijo de Juana María Rodríguez, mujer patriota, era una excelente maestra que ejerció influencia positiva sobre su hijo.

Pasó su niñez por las escuelas del pueblo de Punta Brava, y más tarde, de Marianao en 1928.

El Instituto de La Habana lo contó entre sus alumnos, y mucho después, con un paréntesis de luchas y de cárceles, continuó el Bachillerato en el Instituto de Marianao.

Tenía 13 años cuando su padre, Julián Márquez, un torcedor de tabaco salió a buscarlo por las fincas de Marianao. Era tan sólo un niño cuando siguió a un grupo de jóvenes por el sendero de la insurrección contra el régimen de Gerardo Machado.

Participó en la organización del Sector Radical Estudiantil, organismo fundado en Marianao para luchar contra la tiranía machadista. El 8 de abril de 1932 era el preso político más joven del Presidio de Isla de Pinos. Se pronunció contra la mediación de Sumer Welles, que aceptaron los políticos de entonces.

Después del derrocamiento de Machado, en noviembre de 1933, Juan Manuel editó el periódico local Catapulta dejando traslucir su pensamiento político. En esta actividad continuó, vinculándola a la política y a sus labores revolucionarias hasta el fin de su vida.

La pluma de Juan Manuel Márquez, encuentra una fuerte trinchera en el semanario “El Sol”. El 14 de abril de 1934, escribe un artículo, titulado “Banderas a media asta”, donde expone que Cuba dejó de ser colonia española para convertirse en una factoría del imperialismo yanqui y denuncia la posición del gobernante de turno.

Una muestra de ese pensamiento radical lo declara en el artículo que publica, el 6 de octubre de 1934, en el semanario El Sol:

“En esta época de confusionismo revolucionario donde es difícil delinear el campo ideológico de los hombres que en algún sentido se enrolan en esta encrespada ola de las pasiones políticas y donde el antecedente histórico de los individuos que tuvieron una actuación inmaculada y se enfrentaron contra aquel régimen que se manifestaba antagónico con respecto a los más elementales principios de la civilización y el derecho constituye una pieza de convicción y es prueba fehaciente para decidir sobre la suerte y vida de los hombres”.

El 15 de mayo de 1936 volvió al Presidio de Isla de Pinos con una condena de ocho años.

En diciembre de 1937, salió de la cárcel por una Ley de Amnistía Política, y hablando de su encierro, escribió: “Mis ojos saben cómo aburre la vida la presencia del brigada que manda, de la piedra afilada de mármol que corta, de los días sin cartas del recuerdo de la madre buena, de la juventud que se escapa en la tarea estéril del prisionero, sin un sueño bello, sin una ilusión fuerte, porque allí el más noble de los proyectos no logra traspasar la pequeña celda de paredes frías y gruesos barrotes”.

Después del 10 de marzo de 1952 Juan Manuel se enfrenta de nuevo a Batista. Sus actividades revolucionarias lo llevan con frecuencia al Buró de Investigaciones. Comiendo una naranja estaba en la acera del Teatro Principal de Marianao, cuando un cabo de la policía lo arrestó. De allí fue trasladado a la Casa de Socorros para recibir atención médica por los golpes que le asestaron, y después puesto en libertad, tuvo que recluirse para su curación en la Clínica Santa Emilia.

Fidel Castro lo visitó en la clínica. Allí quedó concertada una entrevista.  Desde ese momento, los planes de los dos revolucionarios tomaron un mismo destino. Ya no los separaría ni la bala de calibre 45 alojada en el cráneo de Juan Manuel, ni aquel hueco de tierra.

A partir del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, se hace más encarnizada la persecución a Juan Manuel Márquez, a pesar de que este no estuvo entre los asaltantes. Su casa es allanada muchas veces, sin que esto limitara sus actividades conspirativas porque para él, “la revolución era ya la única alternativa para conquistar la libertad”.

Juan Manuel sale de Cuba en el verano de 1955. Su trabajo agotador en la constitución de Los Clubes 26 de Julio en distintas ciudades de Estados Unidos y México, abarca todo su tiempo. Recauda fondos para el Movimiento, participa de reuniones y levanta la fe y el fervor patrio.

Fidel y Juan Manuel rechazan desde allí las elecciones parciales convocadas por la dictadura, y a fines de noviembre se efectuó la reunión del Teatro Flager, donde dijo: “Hablamos hoy para poder partir mañana en el barco de la guerra”.

De un lugar a otro se traslada haciendo gestiones para recaudar dinero y comprar las armas.

Estando en Nueva York un día de las madres escribió unos versos, que enviara con Ramón a la mujer que lo acunó de niño: “Madre: Yo que sólo soy poeta para ti, que sólo para ti puedo hacer versos, en el amanecer de este domingo, te mando en verso, mis besos”.

El 2 de diciembre de 1956, el Granma toca suelo cubano. Los 82 expedicionarios, exhaustos por la larga travesía y el mal tiempo, tienen ante sí las dificultades del desembarco en una zona de pantanos y manglares.

Resulta muy difícil la marcha para llegar a la tierra firme.

Sin saber a dónde ir, Juan Manuel Márquez Rodríguez deambuló sólo durante algunos días por la zona, hasta ser capturado y asesinado por el ejército el 15 de diciembre de 1956.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *