Entre los profesores, “El Químico” siempre fue una figura destacada dentro de la Enseñanza Media y Superior, reconocido por su vasto conocimiento y valiosos aportes académicos.
Sin embargo, en los últimos años, el referido término ha adquirido un significado muy distinto en la vida social del espectro juvenil cubano. Ya no se refiere a un experto en ciencias, sino a una droga sintética barata que desnuda una parte de nuestra sociedad.
Lo que durante décadas parecía un problema ajeno o externo a la realidad nacional, hoy se ha convertido en una preocupación urgente para familias, médicos y autoridades, por ser un compuesto altamente tóxico ,con efectos devastadores sobre el cuerpo y la mente.
Se trata de una mezcla peligrosa de hierbas impregnadas con compuestos sintéticos, desde cannabinoides hasta medicamentos psiquiátricos y tóxicos, capaces de provocar efectos devastadores: euforia pasajera, desorientación, convulsiones, psicosis y pérdida de conciencia.
Entre las consecuencias más recurrentes destacan: Alucinaciones intensas y agresividad, pérdida del juicio y episodios psicóticos, alteraciones del ritmo cardíaco y presión arterial, conductas violentas o suicidas, dependencia severa desde los primeros consumos, entre otros.
Lo más alarmante es la edad de inicio en los consumidores: adolescentes de apenas 13 a 17 años de edad, aparecen en reportes oficiales como consumidores frecuentes, un dato que refleja el derrumbe de barreras sociales y familiares.
Este fenómeno no está confinado a barrios marginales ni a sectores específicos; atraviesa distintas clases sociales y extendido prácticamente por todo el país.
En medio de un escenario internacional complejo, relacionado con el aumento del consumo de estupefacientes, Cuba reafirma su política de tolerancia cero y apuesta por la rigurosa preparación de sus fuerzas para combatir este desafío que afecta la salud pública.
Pero más allá de las políticas y los esfuerzos institucionales, es imprescindible reflexionar sobre las raíces profundas de la actual problemática.
Esta droga barata, llamada “El Químico”, no solo intoxica cuerpos, sino que envenena futuros, sueños e ilusiones.
Si no enfrentamos esta crisis con la conciencia colectiva y la acción integrada de toda la sociedad, el precio será la pérdida irreversible de generaciones enteras. ¡Mejor, no empezar!
