
Durante años su figura estuvo olvidada, relegada. Una absurda ley no escrita había privado a Yunexis Castillo Rivero de la evocación después de haberse ido de este mundo por voluntad propia, como si el hecho de haberse quitado la vida borrara también sus méritos, como si la olímpica de Punta Brava no hubiera existido.
Desde su despedida, aquel 7 de julio de 2007, a 13 días del cumpleaños 28, su nombre apenas se pronunció oficialmente en los terrenos de Jiguaní, donde ella había aprendido a soñar. Fue absurdo, injusto, pero ocurrió.
De golpe se había borrado la historia aquella niña rubia que corría entre espinas y tallos chinos, amante a la pelota, y que luego llegaría a la academia manzanillera Alfredo Uset, donde el gran Indalecio Alejandrez la convirtió en jugadora de cuadro y la estimuló, junto a otros brillantes entrenadores, a llegar al equipo Granma y más tarde a la selección nacional.
Menos mal que en este caluroso julio, el apasionado Yoel Rosales Wert, conocido en las redes sociales como Yoel al Strike, tuvo la idea de rescatar su figura del olvido.
Este 20 de julio, coincidiendo con el aniversario 47 de Yunexis, comenzó la primera edición de la copa de softbol “Yuneisis Castillo In Memoriam”. Un minuto de silencio abrió el evento, con el primer lanzamiento de Noemí Galardi , bateado por Joaquín Castillo, su hermano.
No es un torneo cualquiera. Es un acto de justicia, de reparación. Es devolverle a Yunexis (siempre le gustó escribir su nombre así aunque en los papeles oficiales apareciera Yuneisis) el lugar que nunca debió perder. Es recordar que fue olímpica en Sídney 2000, que resultó campeona de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Maracaibo 1998, que ganó medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1999, que varias veces alzó el título nacional junto a sus talentosas compañeras, que ella figura entre las mejores torpederas en la historia del softbol cubano.
Es un certamen, también, para decirle que algunos no olvidamos sus batazos decisivos, como aquel jonrón dentro del cuadro que, en marzo de 2001, le dio el oro a Granma en el campeonato nacional de softbol, un hecho que la hizo sumamente feliz.
Es una copa para expresarle, desde la sinceridad, aunque sea un poco tarde, que su nombre, a pesar del silencio que le lanzaron otros, jamás cupo en el olvido. Que Punta Brava sigue siendo su tierra, que el ruido del pilón de su abuela todavía se escucha en cada amanecer.
Porque Yunexis fue mucho más que una deportista. Fue la niña que lloraba cuando no la dejaban jugar pelota, la muchacha que entró como emergente en Sídney y con un swing como una ráfaga empató un partido olímpico. Fue la que, al retornar a Jiguaní, encontró la muerte de su abuela y cargó con ese pesar durante años, la que nunca renegó de sus orígenes campesinos, de los cuales hablaba con orgullo.
Por fortuna hoy, 19 años después, Yunexis Castillo Rivero está de vuelta a los terrenos. Y esta vez, para quedarse.
(Tomado de zonadestrike.net)
