
Antonio Bachiller y Morales nació un día como hoy hace 214 años en La Habana. Cursó estudios en el Seminario de San Carlos, y a partir de 1828 estudió Lógica, Metafísica y Moral en la Real y Pontificia Universidad de esta ciudad, donde obtuvo el título de bachiller en Leyes en 1832.
Nació en un hogar con solvencia económica que le permitió cultivar su intelecto y graduarse en los estudios medios y superiores, en 1837, en Leyes y más tarde en Cánones, y vencer la Licenciatura en Derecho Canónico, un año después, en la Real Audiencia de Puerto Príncipe, en la que recibió el título de abogado.
A partir de ese instante, Bachiller y Morales puso todo su esfuerzo e inteligencia en bregar por la cultura insular en diversos campos del conocimiento en los que trabajó con tesón.
Fue un americanista profundo y en tal propósito estudió a fondo las culturas precolombinas. Su obra intelectual, docente y práctica trascendió su tiempo y fue fuente de estímulo para incontables continuadores en escenarios más propensos a la cultura y las ciencias.
Bachiller publicó textos sobre agricultura, leyes y educación, temas que sabía eran muy necesarios para el desarrollo de la sociedad cubana.
Su intensa actividad en la Sociedad Económica Amigos del País y de Síndico en el Ayuntamiento de La Habana le fue creando espacio y prestigio social.
En 1842 participó activamente en la reforma universitaria y poco después fue designado catedrático de Derecho Natural y de Fundamentos de la Religión en la Universidad de La Habana.
Hizo valiosos aportes en la investigación de la Historia de América precolombina, como muestra en sus obras Antigüedades Americanas y Cuba Primitiva.
Ejerció la docencia como catedrático de Religión y Derecho Natural en el Seminario de San Carlos, desde 1836.
Catedrático de Economía Política del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Habana.
Los sucesos del Teatro Villanueva, lo convierte en persona sospechosa y emigra a Estados Unidos.
Entre los años de 1869 y 1878 vive en los Estados Unidos y allí se dedica a escribir cartas al periódico mexicano El Siglo XIX, en las cuales relataba aspectos de la Guerra de los Diez Años en Cuba.
Su obra Apuntes para la historia de las Letras y de la instrucción Pública en la Isla de Cuba, publicada entre 1859 y 1861, resulta una de las contribuciones más importantes al estudio de la bibliografía hispanoamericana y al análisis de los progresos alcanzados por la educación en Cuba.
A raíz de estos aportes póstumamente se le considera, como el padre de nuestra bibliografía.
Durante su vida recibió numerosas distinciones científicas, entre las que se destacaron el haber sido nominado en dos ocasiones como socio de mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País, así como socio de honor, posteriormente.
Admirado y respetado por José Martí, después de su muerte lo calificó de:
“Caballero cubano, americano apasionado, cronista ejemplar, filólogo experto, arqueólogo famoso, filósofo asiduo, maestro amable, abogado justo, literato diligente y orgullo de Cuba”.
Falleció en La Habana el 10 de enero de 1889.
