La batalla del Jigüe, hace 68 años, demostró al mundo la acertada conducción del Jefe del Ejército Rebelde, comandante Fidel Castro Ruz, al cambiar con sus contundentes resultados el curso de la guerra de liberación nacional.
En el mes de mayo de 1958, el ejército de la dictadura había desplegado en la zona de la Sierra Maestra 14 batallones con unos 10 mil soldados, con apoyo de la artillería, la aviación y por mar, como parte de una ofensiva denominada en clave FF (Fase Final o Fin de Fidel).
Del 11 al 21 de julio de 1958, comienza en el mayor macizo montañoso de la región oriental de Cuba la que fuera la victoria decisiva del Ejército Rebelde: La Batalla del Jigüe.
El encuentro de este día entre una patrulla del Ejército Rebelde y fuerzas del Batallón número 18 de infantería de la dictadura de Fulgencio Batista, bajo el mando de José Quevedo fue el detonante para que empezara a desmoronarse el plan operacional “FF” Fase Final o Fin de Fidel puesto en práctica por el régimen batistiano.
Es este el momento en que Fidel decide pasar a la contraofensiva con alrededor de 120 hombres para rendir el “18” y dispone que fuerzas rebeldes ocupen posiciones claves para cercar y cortarle la única entrada y salida al mar de manera que no pudieran recibir refuerzos y hostigarlos para rendirlos por hambre y desgastes.
Fidel, guía de la tropa comenta que el mismo día 11 el enemigo intenta romper el cerco cuando “…dos pelotones enemigos (…) partieron en dirección a la playa conduciendo heridos y un arria de mulos en busca de alimentos. A la media hora chocaban con fuerzas (nuestras) apostadas en el camino que los obligaron a retroceder, dejando 5 muertos, 1 prisionero (…) y diversos tipos de armas.
El 19 fue el combate más encarnizado al enfrentarse a un batallón de refuerzo enviado por el enemigo apoyado con fuego de artillería y de mar y la aviación que avanzó desde la playa. Veinticuatro horas duró el enfrentamiento; pero los rebeldes contraatacaron e hicieron retroceder a los contrarios.
Tres valerosos compañeros perdieron la vida; pero en poder de los insurrectos quedaron 249 armas. El enemigo tuvo 41 muertos, y más de 200 prisioneros.
Los días que duraron los enfrentamientos estuvieron caracterizados por el derroche de valores patrióticos, valentía, fidelidad, amor a la patria, y responsabilidad a la causa de la Revolución.
La rendición del batallón 18 demostró a la dictadura batistiana que existían fuerzas mayores capaces de enfrentarlos y derrotarlos.
En su libro La victoria estratégica, el Comandante en Jefe señaló: “El resultado fue que a los pocos minutos de combate –el cual escuchamos desde el Alto de Cahuara– el personal rebelde ya había logrado hacer varias bajas a la vanguardia, entre ellas, cinco muertos y dos prisioneros […]. “Como medida de reforzamiento de nuestra posición en la falda de Cahuara –continuo Fidel– ese misma mañana le había pedido al Che que, […] me enviara una escuadra de 11 hombres de la gente de Camilo que había combatido junto a él en Meriño. El Che además me había informado que Coroneaux estaba camino a Jigüe con su ametralladora calibre 50 tal como yo había solicitado”.
Esta batalla, junto a tantas otras, fue el incentivo para que la Comandancia del Ejército Rebelde decidiera extender la guerra hacia el Occidente de la Isla. Cercana estaba la derrota de la tiranía.
En el combate de El Jigüe, las tropas batistianas tuvieron 41 bajas y fueron hechos prisioneros más de 200 hombres, 30 de ellos heridos, les fueron ocupadas 249 armas y una numerosa cantidad de parque.
Al decir de Fidel: ““Terminaba así una de las acciones decisivas de toda la guerra. A partir de Jigüe, ya no me quedaba duda alguna del desenlace de la ofensiva enemiga e, incluso, de la derrota relativamente cercana de la dictadura”.
