Canarios en sus orígenes y cubanos por destino

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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 7 noviembre, 2026 |
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La emigración canaria hacia Cuba fue mucho más que un desplazamiento de personas entre dos archipiélagos. Durante los siglos XVIII, XIX y XX, miles de isleños cruzaron el Atlántico en busca de oportunidades y terminaron dejando una huella profunda en la economía, la cultura y la identidad de la mayor de las Antillas.

De esta forma, campesinos, comerciantes, propietarios y trabajadores llegaron con sus familias, tradiciones y una extraordinaria capacidad de trabajo. Muchos se asentaron en La Habana, Sancti Spiritus, Camagüey; otros llegaron hasta las nuevas zonas azucareras del oriente cubano enclavadas, particularmente en los alrededores de San Luis y Manzanillo, donde la expansión de la industria requería tierras cultivadas y una mano de obra estable.

La burguesía criolla favoreció entonces el arribo de familias procedentes de Gran Canaria, cuyos primeros colonos no solo trabajarían la tierra: algunos se convirtieron en propietarios de parcelas, negocios e ingenios y, al mismo tiempo, actuaron como intermediarios de nuevos flujos migratorios.

Aquellos campesinos podían recibir terrenos y pagarlos mediante rentas, en especie o en dinero. Así surgieron los primeros asentamientos canarios, que pronto se transformaron en redes de parentesco, vecindad y cooperación. Las castas ya establecidas financiaban el viaje de sus paisanos y los incorporaban a sus actividades económicas.

Se configuró así una verdadera economía étnica, basada en el autoempleo, la ayuda mutua y la confianza entre personas procedentes de los  pueblos de Gran Canaria, quienes contribuyeron especialmente al desarrollo de la agricultura, la ganadería y la producción de tabaco, leche y azúcar.

La mayor parte de los isleños se emplearon como campesinos o artesanos .Otros asumieron diversos oficios: herreros, constructores de canales, fabricantes de tejas, carpinteros…Sólo algunos lograron incorporarse a la élite económica como comerciantes o a los círculos intelectuales.

Tierra fértil y expansión azucarera

Manzanillo ofrecía condiciones naturales excepcionales para la agricultura. Sus llanuras fértiles, ricas en materia orgánica y favorecidas por las lluvias de la Sierra Maestra, atrajeron desde el siglo XIX a numerosos plantadores de caña.

La ciudad funcionaba como centro urbano y comercial de toda la zona. Desde allí se exportaba el azúcar y ofrecían servicios bancarios, jurídicos, técnicos y agrícolas a las áreas dedicadas también al arroz y a la ganadería. Contaba, además, con una burguesía comercial de predominio español, organizada en instituciones como el Casino Hispano, punto de encuentro de inmigrantes de clase media y de la alta burguesía.

Con el tiempo, muchos de aquellos “guanches”, gentilicio empleado de manera general para referirse a los canarios,  dejaron de ser simples trabajadores asalariados y se transformaron en propietarios y empresarios con intereses a ambos lados del Atlántico.

Sus vidas económicas, vínculos familiares y parte de su identidad se desarrollaban entre las islas de origen y Cuba. La emigración canaria fue tan numerosa y constante que modificó la composición social y cultural de nuestro país y  terminaron integrándose plenamente a la sociedad cubana hasta convertirse, como suele decirse, en cubanos de pura cepa.

Los canarios también se unieron a las filas mambisas  por la independencia nacional.

Dos islas, una memoria cultural

La insularidad, condición compartida por ambas regiones, facilitó no solo los desplazamientos generacionales, sino también la identificación entre sus habitantes. El legado canario no constituyó un aporte secundario,  es uno de los componentes esenciales de la formación de la nacionalidad cubana, cuya presencia está latente en la vida y  obra de figuras como Leonor Pérez Cabrera, madre de José Martí; la poetisa Luisa Pérez de Zambrana; el pianista y compositor Ernesto Lecuona, y el pintor Mariano Rodríguez.

También resultó visible en la cocina. Preparaciones en los caldos, el arroz con vegetales, casabe con mojo y el gofio con leche encontraron espacio en la mesa cubana, junto al consumo de dulces después de las comidas, prácticas que luego se mezclaron con ingredientes, sabores y hábitos locales.

La comunidad canaria dejó, además, una huella significativa en la arquitectura colonial, en las fiestas patronales y en las expresiones de religiosidad popular. La devoción a la Purísima Concepción, la construcción de templos, ciertas prácticas espiritistas, como las reuniones de mesa, los centros de cordón y diversas formas de celebración comunitaria forman parte de esa herencia.

En el ámbito de la música y la poesía, el influjo isleño se relaciona con la improvisación campesina, el punto guajiro, el repentismo y la décima. También contribuyó a consolidar el arquetipo cultural del campesino cubano, asociado a la vida rural, el trabajo de la tierra y la oralidad.

La lengua conserva igualmente algunas huellas de aquel intercambio; palabras como: topar, fisco, fandango y guataca, entre otras, pasaron a formar parte del español hablado en Cuba o reforzaron usos ya existentes en el ámbito popular. 

El tejido en frivolité, otro aporte canario a la cultura tradicional comumtaria.

Herencia que permanece

La historia de los canarios en Cuba no puede reducirse a cifras migratorias, ni a nombres de ingenios. Está presente en los campos cultivados, en los bateyes, en las familias, en las fiestas, en las recetas culinarias, en la música y en las palabras que todavía empleamos.

Aquí trabajaron, fundaron hogares y levantaron negocios. Fueron canarios en sus orígenes y cubanos por destino, quienes conservaron durante generaciones: apellidos, costumbres, la memoria natal… y terminaron incorporándose de manera definitiva a la identidad cubana.

Más que hablar de dos comunidades separadas, se trata de  una historia compartida. Cuba recibió a los canarios y ellos ayudaron a forjar nuestra identidad. Entre ambas orillas del Atlántico y el Caribe, quedó tendida la huella de trabajo y cultura que el tiempo no ha podido borrar.

Fotos tomadas de Internet

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